5 comentarios en “Un pulso titánico contra las llamas (y) (de) la corrupción”

  1. Prioridades y tragedias

    Fumar en interiores jamás causó tantos destrozos como la bengala marinera de Pasaia, lanzada -cuando no celebrada- a la vista de todos; ningún cigarrillo electrónico provocará un daño de semejantes magnitudes y duración; no hay intoxicación etílica que despoje de su hogar a terceros, ni abuso de sustancias estupefacientes que deje con lo puesto a los ocupantes de todo un bloque de viviendas. Nadie que viaje en moto sin casco provocará una catástrofe similar a la vivida en Txintxerpe, ni ningún ocupante de vehículo que circule sin el cinturón de seguridad tendrá tanta capacidad de devastación. Dos bomberos estuvieron a punto de achicharrarse en la tareas de extinción del fuego, pero es harto improbable que el irresponsable de todo esto sea perseguido y castigado. Es duro reconocerlo, pero hay que asumir que el 31 de diciembre estaba más penalizado miccionar contra la pared de los bloques 5 y 7 de Euskadi Etorbidea que bombardearlos con artefactos de pólvora. La prueba de que el margen de permisividad se dilata hasta lo infinito es que el aparatoso incendio en ningún momento detuvo el lanzamiento del inagotable material pirotécnico, a la vista de todos: curiosos, vecinos afectados, bomberos y representantes de la autoridad competente.

    Precisamente, son las autoridades quienes establecen su propia lista de prioridades en materia de prohibiciones y los demás las acatamos sin rechistar en el nombre de la seguridad. Es por nuestro propio bien, reza el primer misterio de esta absurda confesión, como todas, basada en la fe ciega. El ruido es un sustitutivo de la alegría real y el inseparable compañero de la impostada. Las detonaciones comienzan justo ahí donde ya no se tiene nada que decir. Si la gente supiera mantener una acalorada discusión en condiciones se reduciría notablemente la irrefrenable pulsión por el pim-pam-pum. Se podría levantar un detallado listín de la desdicha urbana en función de los hogares que más cohetes vomitan por el balcón durante la Nochevieja. Digamos que la culpa de todo la tiene la tristeza interior, que se multiplica hasta lo insoportable en entornos de celebración colectiva. Durante el desaforado lanzamiento de Año Nuevo, los únicos que avisaron de lo que podía pasar fueron los coches estacionados en las calles con el ulular de sus alarmas anti-robo. Y en efecto, se ha demostrado que tenían razón: nos estaban robando.
    AM

  2. Gracias Jon, a tu dolida reflexión añado que cuando los bomberos conectaron las mangueras, salía un hilito de sus bocanas, imagínate el desaliento de todos.

  3. Leire Etxeberria

    El ruido lo hacen (o se hace para) los que no tienen nada que decir. Tirar petardos y cohetes, la música a tope en los bares, el Sálvame de la tele, etc. Como también se busca con la ropa o con ayuda del bisturí evitar mostrarse tal y como una es en realidad.
    Una no sabe si es un problema de impunidad, de falta de autoridad, de educación, de respeto a los demás, de responsabilidad cívica, o de todas las cosas juntas.
    Por casualidad fui una espectadora más en el lugar durante la tragedia y una siente mucha mucha rabia. La dimensión del incendio era realmente impresionante y muchísimo más la consternación de la gente.

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