«El que no lleva mascarilla no es el más valiente, es el que menos respeta a los demás»

Margarita del Val, viróloga del CSIC, señala a la población tras el incremento de los brotes. «No mantenemos las medidas cuando nos quitan la obligatoriedad».

Margarita del Val, viróloga del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), se ha pronunciado sobre los numerosos, y algunos preocupantes, brotes de coronavirus que han ido surgiendo en Ordizia, Lugo, Lérida y por otras zonas del pais, tras la llegada de la nueva normalidad.

La viróloga española ha señalado a la «sociedad como conjunto» como responsable de estos brotes. «No mantenemos las medidas cuando nos quitan la obligatoriedad, es por culpa de nosotros que están surgiendo los brotes».

Para la doctora Del Val, «es grave porque no sabemos cuál de los brotes puede acabar descontrolado del todo». Sin embargo, lo que más preocupa a la experta son las imágenes que se repiten de gente sin portar la mascarilla. «El que no lleva la mascarilla no es el más valiente, sino el que menos respeta a sus congéneres, a los sanitarios, a los mayores y sus familiares que pueden tener enfermedades crónicas».

Sobre las elecciones que se celebran este fin de semana manifiesta que la salud tiene que estar por encima del interés partidista, los gobiernos deberían saber que estamos en una situación excepcional. Nos preocupa a todos que les esté cegando el oportunismo político.

Basado en un artículo de Raúl Izquierdo

4 comentarios en “«El que no lleva mascarilla no es el más valiente, es el que menos respeta a los demás»

  1. Pautas para un correcto uso de las mascarillas

    (Colegio de Farmacéuticos de Gipuzkoa)
    Introducción
    ¿Todas sirven para protegernos del virus? ¿Cómo se desinfectan? ¿Se pueden reutilizar?

    Con la mascarilla quirúrgica no estamos del todo protegidos. Este tipo de careta sirve, no tanto para evitar contagiarnos, sino para evitar contagiar a los demás en el caso de que nosotros estuviéramos infectados, por eso resulta tan importante que la llevemos todos

    Diferentes tipos de mascarillas
    1. higiénica, «la más simple» FFP1
    2. quirúrgica «la más habitual, que es azul o verde» FFP2
    3. autofiltrantes, FFP3

    1. higiénica
    Tienen un uso continuado de entre 4 y 6 horas aunque si está húmeda hay que desecharla.
    2. Quirúrgica
    que son EPIs, protegen más y también evitan que se contagie la persona que la lleva. El tiempo de uso sería de 8 horas y pueden ser reutilizables o no, hay que fijarse si pone una R o una NR. Para realizar la desinfección, se puede utilizar alcohol de 70º o sumergirlas en lejía diluida (1:50).
    3. Autofiltrantes, las que tienen válvula
    facilita la respiración y lo que hace es expulsar al exterior cualquier virus que puedas tener, por lo que en una situación de pandemia como esta no son muy aconsejables
    4. Las de tela
    se pueden lavar en la lavadora –a 60/90º– hacen un poco de barrera, sería como llevar un pañuelo, pero recomendamos mejor una quirúrgica

    Errores comunes
    a) Llevar las mascarillas colgadas del codo o en el cuello
    b) si nos la vamos a quitar, se debe guardar en una bolsa de plástico limpia y de cierre fácil, no directamente en los bolsillos o en el bolso.
    c) si estamos en casa, la podemos colgar en alguna zona que no sea de mucho paso, donde no se pueda diseminar la contaminación, y durante 3-4 días hasta que el virus se inactive.

    otros errores habituales
    a) Usar la mascarilla sin cubrir la nariz, que eso es como no llevar nada,
    b) portarla en la mano, plegada, hecha un rollito…
    c) una vez puesta, no se toca y para retirarla, hay que hacerlo de las gomas o cintas.
    d) Siempre hay que usarla del mismo lado, no se debe meter el dedo por dentro y no se retira para hablar o toser
    e) limpieza de manos antes de manipularla

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  2. Leire Gorrotxategi

    El uso prolongado de la mascarilla puede provocar la aparición de problemas cutáneos como alergias, eccemas, irritaciones, erosiones, xerosis cutánea (piel seca), heridas o marcas por el roce que pueden pigmentarse si no las tratamos a tiempo. Está claro que provoca el envejecimiento de la piel, por tanto, al igual que hemos extremado el cuidado de manos durante toda esta situación, debemos extremar el cuidado de nuestra piel limpiándola, hidratándola y protegiéndola aún más.

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  3. Jose Zamora

    Pixkanaka, maskarak gure egunerokotasunaren parte bilakatu dira. Kirurgikoak, FP2ak edota telazkoak badira, denak etxeratzen dira gurekin. Atetik sartu, zapatak kendu eta aldi berean, ahotik maskara kentzeko une preziatua iristen zaigu; baina, zer da maskararekin egiten duguna?

    Kirurgikoa bada eta lau orduz baino gehiago jantzita eraman badugu, egokiena botatzea litzateke; FP2ekin, 48 ordutara egin beharko genuke hori, eta telazkoekin, erabilera instrukzioen arabera garbitu ala filtroa aldatu. Baina zer egin oraindik erabilgarriak badira; gehien-gehienok, etxeko sarreran uzten ditugu, zintzilik ala mahaiaren gainean, kalera irtengo garen unera arte zain.

    Praktika zuzena ote da hori? Maskara non uzten dugunaren arabera; adibidez, giltzekin batera eskegita ala berokiaren poltsikoan sartuta uzten badugu, alperrik ari gara kontuz ibiltzen kalean; maskarak ez luke beste elementuekin kontaktua izan behar (gogoratu kanpoko aldean koronabirus partikulak eskegita egon daitezkeela; horregatik ere, ez genuke sekula kanpoko aldea ukitu behar, eta ala egiten badugu, eskuak garbitu beharko genituzke segidan).

    Maskarak etxeko sarreran zintzilikatuko baditugu, onena espazio propioa eskaintzea da, eta noski, maskaren artean distantzia mantenduta, etxeko bakoitzak berea ondo identifikatuta eta bereizita izan dezan. Gainera, jartzerakoan eta kentzerakoan soilik alboko sokak ukitzea litzateke zuzenena. Eta zuek, nola gordetzen dituzue maskarak?

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  4. Jose Luis Lopez

    Me lo cuenta en la puerta del Super del barrio. Él acaba de comprar el pan y yo llevo en la bolsa los pomelos y los yogures. «Ahora estoy mejor, pero los días que pasé en la UCI le vi las barbas de San Pedro. Las jornadas que estuve sedado no me enteraba, claro, pero lo peor fueron los días que estaba consciente. Hubo ratos que estuve más allá que acá». Impresiona. Tiene sesenta y pocos años, salud de hierro hasta que apareció el virus y es bien conocido en Aiete por su papel en las fiestas populares y en el deporte. «A todos los chavales, y no tan chavales, que andan por ahí pensando que esto del Covid es asunto menor, les daba una vuelta por la UCI», añade. Sigue de baja, pero con ganas de normalidad. «No aprecias el valor de lo cotidiano hasta que lo echas en falta», se despide.
    Ya. Son ideas y frases que se repiten estos meses, y que vistas en un spot parecerían lugares comunes. Pero esta cura de realismo en plena compra del mediodía, en el súper de la esquina, es una demostración de cómo el relato en primera persona de lo extraordinario (estar en la UCI encadenado a varias máquinas) irrumpe en lo cotidiano. Es como en ‘Annie Hall’, la película de Woody Allen, cuando un pedante perora en la cola del cine sobre las tesis de McLuhan y el cineasta saca al propio profesor de una esquina para que rebata al listillo. Aquí el testimonio del enfermo de Covid aparece junto al carro de la compra para ponernos en nuestro sitio. Al lado de estos relatos parece secundario saber si en la cena de Nochebuena seremos seis o sesenta.
    Vuelvo a casa rumiando la frase que acabo de escuchar. «He visto las barbas a San Pedro». Es una mezcla de humor negro y sabiduría popular, entre Jardiel Poncela y Mercero. Los lectores más jóvenes quizás ni siquiera pueden descifrar esa metáfora de estar en las puertas del cielo, en trance de cruzar al otro barrio, peregrinando a Villa Quieta. O como diría Broncano, a punto de amochar.
    Aquí seguimos, entre las ganas de que vuelvan a abrir los bares y la preocupación de que no colapsen los hospitales. No es que una parte de la sociedad quiera lo primero y otra lo segundo: lo curioso es que somos los mismos los que pensamos las dos cosas. Ya éramos contradictorios y este virus nos han vuelto contradictorios al cuadrado.
    El guipuzcoano vive pendiente de dos clasificaciones, la de Liga y la del Covid, y no acaba de creerse nunguna. La Real nos da alegrías, animada por un virus feliz y por la vacuna de Imanol, que de momento tiene más fiabilidad que la de Moderna, y cada mañana vemos el ‘parte’ de Osakidetza con los datos de contagios y hospitalizaciones. ¿Cómo es posible que Bizkaia vaya mejor? Ya somos expertos en los niveles. Si las tabernas estuvieran abiertas apostaríamos sobre la fecha en que el índice de afectados bajará de 500.
    Leo en Twitter al periodista Javier Albisu que Melchor, Gaspar y Baltasar se llaman este año Pfizer, Moderna y AstraZeneca. Y escucho en la radio que en este momento de la pandemia y de la historia no queremos problemas de competencias entre instituciones, sino instituciones con competentes. Ahora que al final del túnel empiezan a verse luces no hagan descarrilar el tren.
    Todo es cuestión de perspectiva. A una pareja que celebraba sus Bodas de Oro de casados les preguntaron cómo habían vivido todo ese tiempo. «Fíjate, medio siglo y todavía no acabo de cogerle el aire», decía uno de los consortes. «Pues a mí esto se me está haciendo larguísimo», resumía el otro. Así estamos: no le hemos cogido el aire a la nueva anormalidad, pero esto se nos está haciendo larguísimo.
    Brindemos por celebrar multitudinariamente la Navidad, pero no ésta, sino la del 2021. O al menos, por celebrarla todos. Los anuncios de este año son tan solidarios y entrañables que hasta echamos de menos a las muñecas de Famosa que se dirigen al portal.
    Cuídense. Las barbas de San Pedro pueden esperar.

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