
De la belleza del entorno al abandono de sus accesos
Las imágenes muestran un ejemplo admirable de la nueva tendencia en gestión del espacio público: la renaturalización por abandono. La escalera de acceso al caserío Katxola ha dejado de ser una simple infraestructura peatonal para convertirse en un emocionante recorrido de aventura donde cada peldaño es una incógnita y cada hierbajo una sorpresa botánica.

El propio caserío, por su parte, parece haber optado por la discreción. Oculto tras una exuberante cortina vegetal, se integra tan bien en el paisaje que encontrarlo constituye ya una actividad cultural y deportiva. Quizá pronto pueda incluirse en las rutas locales bajo el nombre de “Buscando a Katxola”.
Mientras algunas administraciones gastan recursos en jardines verticales y proyectos paisajísticos, aquí se ha apostado por una solución más económica: dejar que la naturaleza haga el trabajo. El resultado es un espacio donde peatones, zarzas y maleza conviven en igualdad de condiciones, aunque no siempre con las mismas posibilidades de paso. Un ejemplo singular de cómo la invisibilidad puede llegar a convertirse en política de mantenimiento.
Epílogo civilizatorio: Nota al pie… de perro

La imagen adjunta muestra una situación que se repite con demasiada frecuencia en los caminos y alrededores del caserío: excrementos caninos abandonados por personas que pasean a sus perros y no recogen sus deposiciones. Además de generar una evidente falta de higiene y deteriorar el entorno, esta conducta supone una falta de respeto hacia quienes utilizan estos espacios para pasear, hacer deporte o disfrutar de la naturaleza. Mantener limpio el entorno es una responsabilidad compartida y una obligación de quienes tienen animales de compañía.
Como contraste, gracias a la exuberante naturaleza, tenemos, al frente del caserío, en la fachada sur, el robledal que protege y embellece la casa

El roble americano de Katxola
Homenaje libre a partir de Gerardo Diego
Erguido manantial de verde y sueño,
que abrazas a Katxola con tu rama.
Copa que al cielo lentamente llama,
tejida sobre el aire en dulce empeño.
Árbol de vecindad, prodigio isleño,
raíz de fe, memoria que nos ama.
Hoy llegó hasta tu sombra, viva llama,
peregrina del barrio, alma sin dueño.
Cuando te vi sereno, ancho y firme,
qué deseos sentí de confundirme
con tu rumor de hojas estivales.
Como tú, roble americano de Katxola,
ejemplo de raíces fraternales,
mudo guardián bajo la luz que inmola.
