
Esta mañana del 24 de agosto, nos ha llegado una noticia que no esperábamos: Marisa ha muerto, nos dice el WhatsApp, Hermes de nuestros días. Y el golpe se añade al viento sur que azota Donostia casi desde las primeras horas, nos envuelve, nos ahoga. Enseguida hablamos con amigas comunes. Marisa era mujer de muchas amigas, cultivaba la amistad, sabía hacerla crecer, dedicando a los que la rodeaban su tiempo y su cariño. Esa fue una de las cosas que aprendimos de ella, igual lo más importante.

Marisa Galarraga Milicua era vizcaína, de Durango. Allí nació hace casi un siglo en una familia que, según nos contaba, sufrió la tragedia de perder al padre en la Guerra Civil. Tras esta pérdida irreparable, fue la madre, auténtica madre coraje, la que se ocupó de sacar adelante sola a sus hijos e hijas.

La fuerza era también uno de los rasgos de Marisa. Logró estudiar en tiempos en los que la mujer no lo tenía fácil completando sus estudios de Magisterio para entregarse con pasión a la educación de niñas y niños. Su trabajo de maestra la trajo a Donostia donde se afincó y donde ha vivido hasta el final. Todavía recuerdo nítidamente su imagen con la mochila, saliendo al monte con algún grupo de adolescentes o cantando en aquel autobús que nos llevó juntas a Sevilla hace treinta y siete años, envueltas y rodeadas de alegría y griterío.

Cuando dejó de desempeñar el papel de maestra, se convirtió en alumna aventajada. Clases de arte, clubs de lectura, conciertos… y viajes. Eran sus pasiones, lo han sido hasta el final. Durante todo este tiempo ha participado en los ‘Encuentros de Literatura y Cine’ de Aiete Kultur Etxea.

En el 2009, se incorporó al primer viaje largo organizado por Lantxabe, un tramo de la Vía Francigena, de Siena a la Abadia Sacra de San Michele en Turín. Y siguió con nosotros en los siguientes: Champaña y Borgoña, Nápoles y Pompeya, Montauban (Homenaje a Azaña), sur de Inglaterra, De Milán a Estrasburgo, Croacia, Sur de Alemania, Paises Bálticos y Noreste de Italia, en el 2017. Este fue su último viaje con Lantxabe, pero su pasión visitadora continuó, recorriendo sendas más suaves, más a la medida de sus fuerzas.

Y hoy nos ha dejado. Lo ha hecho rodeada de su extensa familia de sobrinos/as y resobrinos/as, como ella decía. Ellos nos han hecho llegar la noticia que venía acompañada de unos versos de San Juan de la Cruz que Marisa nos dejó y que quiero compartir con vosotros ahora:
Mil gracias derramando
pasó por estos sotos con presura,
y yéndolos mirando
con sola su figura
vestidos los dejó de su hermosura.
Lola Arrieta 24-8-2026


Mil gracias Lola, por el reconocimiento que le hacéis.. yo estos días tengo mucha pena de ya no tenerla…la razón de lo sucedido, más que razonable y natural, se me ha quedado oculto. Nos queríamos mucho, durante muchos años…
Un abrazo grande