
Los resultados de PISA 2022 han alimentado el debate sobre las causas del deterioro educativo en Euskadi. Se habla de pantallas, comprensión lectora, modelos lingüísticos, cambios sociales o métodos pedagógicos. Todos pueden formar parte del problema. Pero existe una cuestión estructural que no debería quedar fuera del análisis: el progresivo debilitamiento de la escuela pública vasca como columna vertebral del sistema educativo.

Hablar de abandono no significa afirmar que el Gobierno Vasco haya dejado de gastar dinero en la pública. Existen presupuestos, profesorado, infraestructuras y programas. Euskadi, además, figura entre las comunidades con mayor gasto educativo por alumno.
Consiste en haber renunciado durante décadas a construir una red pública fuerte, mayoritaria y territorialmente completa, mientras se consolidaba y financiaba una enorme red privada concertada.
El resultado está a la vista. En este curso 2026-2027, el 50,7% del alumnado vasco está escolarizado en centros públicos y el 49,3% en la concertada. Prácticamente mitad y mitad. No es una situación coyuntural, sino una característica estructural del sistema educativo vasco.

Mantener dos grandes redes exige decisiones políticas y presupuestarias. Para el curso 2023-2024, el Gobierno Vasco aprobó más de 816 millones de euros para financiar los conciertos educativos.
El problema no es la existencia de centros concertados ni la profesionalidad de quienes trabajan en ellos. La cuestión es que durante décadas se ha convertido la concertada en una segunda red de dimensiones similares a la pública, sostenida en gran medida con dinero público, mientras la enseñanza pública encuentra dificultades para crecer, completar itinerarios y responder a determinadas necesidades territoriales.
El abandono no tiene no adoptar la forma de un recorte: se mantiene lo existente, pero se dificulta su expansión.

Un estudio del propio Departamento de Educación mostró una diferencia significativa en la escolarización del alumnado de origen extranjero. En Primaria representaba el 22,8% del alumnado de la red pública frente al 9,6% de la concertada; en ESO, el 18% frente al 11,6%. La pública asume en mayor medida incorporación tardía, diversidad lingüística y social y alumnado que necesita apoyos específicos.
En esas condiciones, disponer formalmente de recursos no significa necesariamente contar con medios suficientes. Una red que escolariza proporcionalmente a más alumnado con mayores necesidades requiere también proporcionalmente más recursos, personal y capacidad de actuación.
De lo contrario puede desarrollarse un círculo difícil de romper: determinados centros públicos concentran mayor complejidad; sus resultados medios se resienten; algunas familias buscan otras alternativas; aumenta la segregación y esos mismos centros vuelven a concentrar una proporción todavía mayor del alumnado que necesita apoyo.

Asturias ofrece un contraste interesante. Más del 70% de su alumnado está escolarizado en la red pública y sus resultados en PISA 2022 fueron claramente superiores a los de Euskadi.
La escuela pública vasca no ha sido abandonada porque haya desaparecido de los presupuestos. Se financia su funcionamiento, pero no se le permite crecer como corresponde a una red pública. Mientras tanto, una parte muy importante del esfuerzo público sostiene una segunda red que compite con ella por alumnado y que no soporta en la misma proporción la complejidad social del sistema.
Y vayamos a un caso concreto: el barrio de Aiete cuenta con una escuela pública, Aiete Ikastetxea, que se ha ganado un sólido prestigio y cuya creciente demanda ha desbordado las instalaciones de Infantil y Primaria. Sin embargo, sus niñas y niños no pueden continuar la Secundaria pública en su propio barrio. Al terminar Primaria, el itinerario educativo público se interrumpe. Es una ruptura injustificable, una grave carencia del sistema educativo público.

La reivindicación de un instituto público en Aiete no pretende crear una oferta innecesaria ni artificial. Aspira a algo mucho más elemental: garantizar la continuidad de la enseñanza pública allí donde existe una comunidad educativa consolidada, una demanda real y un barrio que reclama ese derecho.
El Pleno del Ayuntamiento de Donostia respaldó por unanimidad, el pasado 30 de abril, la continuidad educativa pública en Aiete hasta Secundaria. Existe, por tanto, un respaldo institucional unánime en Donostia
Por ahora el Gobierno Vasco parece no seguir el trazo marcado por el Ayuntamiento y la comunidad escolar del barrio

Algunos argumentos que se encadenan como el de la caída de la natalidad no se sostiene en Aiete. En el barrio viven cerca de 3.000 personas menores de 19 años, una población infantil y juvenil con un peso demográfico considerable. La generación que llenaba las aulas de Infantil y Primaria hace diez o quince años ha crecido y está llegando a Secundaria, pero el barrio sigue sin disponer de continuidad educativa pública. Además, la población infantil y juvenil representa aproximadamente el 20 % del vecindario, el porcentaje más alto de Donostia.
El segundo argumento de carácter técnico interno, ‘se necesitan dos aulas por curso para instalar la secundaria’, encierra una contradicción. Las instalaciones actuales de Aiete Ikastetxea están saturadas y no permiten ampliar la escolarización -existes dos aulas en los ocho niveles, menos en dos porque ‘no se cabe’. Se utiliza así la insuficiencia de una infraestructura como argumento para negar su ampliación. Con espacio suficiente se cumpliría el requisito técnico

Tercer argumento. Justificar la ausencia de oferta pública -Secundaria- por una demanda insuficiente, cuando es precisamente la ausencia de oferta la que impide que esa demanda se manifieste es la falacia de la demanda inexistente. Al no ofrecer Secundaria pública en Aiete, se obliga a las familias a buscarla en otros barrios; después, esa falta de matrícula se utiliza para justificar que no se construya el instituto. La ausencia de instituto se convierte así un argumento circular para seguir regándolo.
El cuarto argumento es la supuesta falta de suelo disponible. Desde el colectivo hemos venido examinando e identificando posibles parcelas y edificios, entre ellos los terrenos del antiguo colegio de Jesuitinas.

La cuestión no es, por tanto, la ausencia de alumnado, de demanda o de alternativas urbanísticas, sino la voluntad política de dar continuidad y hacer crecer la enseñanza pública en Aiete, como parte integrante del sistema educativo vasco. Una enseñanza pública que debe crecer al mismo ritmo que lo han hecho las niñas y los niños del barrio.

Felix Pérez Carrasco


