Katxola, un sábado tras otro

“Es necesario que Katxola sea un organismo vivo, que respire la cultura material de Euskal Herria, la cultura de la sidra,” ese fue el mensaje de Manu Izagirre (qepd), cuando por primera vez vino al baserri.

Y nos pusimos a ello: Antes de que la máquina derribara Munto, su corazón fue trasladado a Katxola. [Eskerrik asko, Joakina, Juani]. Desde entonces, Katxola late con las entrañas del caserío sidrero más evocado en la ciudad

Katxola, sus dos plantas, el sótano, [el desván, durante años refugio de aves que entraban y no podían salir del lugar], ha sido abrigo de todo tipo de actividades: una fuerza que protege y, a la vez, proyecta la vida del baserri hacia su entorno. Los ciclos de literatura y cine motivaron el viaje; el mosto, el txotx y la ‘sagar festa’, rememoran su historia; las romerías y los conciertos han abierto de par en par sus puertas, convocando a la vecindad; escuelas, ikastolas leen en su historia y en su presencia secular; Katxola es una guía para el Bosque de Miramon


Y así vuelve a ser, un sábado tras otro.


Este 21, a las cinco de la tarde, bajo la dirección de Iñaki Cárcamo, el coro Goiko Galtzara pondrá voz a canciones como Bihotz bat, Nabucco o María la Portuguesa.


El siguiente sábado, día 28, 12:00, dentro de la Korrika Kultural de Aiete, tendrá lugar una degustación de variedades de sidra junto a productos locales.


Cada evento es como el globo que se eleva sobre el tejado: una burbuja de sentido, memoria y comunidad que se alza en el caserío, dándole visibilidad y futuro.
La cultura popular es el motor del baserri, y Katxola, un sujeto activo que convoca a la gente y se proyecta sobre el barrio y la ciudad

La polivalencia de Katxola: de plató de ‘Vaya Semanita’ a clase de 6º de Primaria – Aieteko Bizilagunen Elkartea

Musikaren Etxea. En Katxola se hace desde sidra hasta música coral, bellísimo encaje – Aieteko Bizilagunen Elkartea

2 comentarios en “Katxola, un sábado tras otro”

  1. Si alguna institución nos va a legar esta tercera década del siglo, será la cola de espera. Esta semana se han hecho virales los vídeos de gente ocupando las aceras frente a los establecimientos hosteleros que sirven los diez mejores pintxos de tortilla. Si no fuera un fenómeno universal, la imagen invitaría a preguntarse qué clase de oferta de ocio tiene Donostia, como para que quienes han disfrutan de una breve estancia, inviertan su vida en esperar a que les atiendan en un bar. Pero las cosas no funcionan así. En tiempos de ansiedad y del «lo quiero ya», la cola es el gimnasio de la paciencia. Y esperar, la criptomoneda de «el tiempo es oro».
    No hay actividad que no pase por hacer cola y su longitud cotiza en el mercado de las horas. Harás cola si llamas al ambulatorio, si visitas un museo, si compras entradas para un concierto, si haces reserva en un restaurante, si esperas mesa en una terraza, si pides un taxi o si pretendes contactar con la administración. Qué decir de los aeropuertos, el menú degustación de las colas, con sus controles de acceso, de equipajes, de pasaportes y de billetes.
    Por el contrario, si quieres comer un pintxo y te atienden en la barra sin demoras, acabas preguntándote qué birria es todo esto y si estás realmente viviendo «una experiencia». o te están engañando. También puede ser que seas el primero: lo difícil de las colas es comenzarlas, luego sus dimensiones confirman que todo esto vale la pena.
    Se impone un nuevo ‘carpe diem’: olvida las filas que hiciste en el pasado, ignora las que te aguardan en el futuro: si ves una cola, súmate. Nunca sabes cuándo tendrás otra oportunidad, ni cuál será la última que hagas. Ahí, y no los domingos por la tarde, es donde se forja el carácter.
    Precisamente es cuando la panadería de Galparsoro está cerrada

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