En busca de la sonata de Vintueil

A principios del siglo XX, Marcel Proust escribió una de las más grandes obras literarias de la historia: “En busca del tiempo perdido”, una obra maestra inabarcable

A lo largo de 7 volúmenes, Proust desarrolló el universo de su vida interior y de la vida mundana de su época, recreando un mundo lleno de personajes, sentimientos y episodios inolvidables.

Proust-Sonata

Cuando el pianista acabó de tocar, Swann estuvo con él más amable que con nadie, debido a lo siguiente: El año antes había oído en una reunión una obra para piano y violín. Primeramente sólo saboreó la calidad material de los sonidos segregados por los instrumentos. Le gustó ya mucho ver cómo de pronto, por bajo la línea del violín, delgada, resistente, densa y directriz, se elevaba, como en líquido tumulto, la masa de la parte del piano, multiforme, indivisa, plana y entrecortada, igual que la parda agitación de las olas, hechizada y bemolada por la luz de la luna. Pero en un momento dado, sin poder distinguir claramente un contorno, ni dar un nombre a lo que le agradaba, seducido de golpe, quiso coger una frase o una armonía. No sabía exactamente lo que era lo que, al pasar, le ensanchó el alma, lo mismo que algunos perfumes de rosa que rondan por la húmeda atmósfera de la noche tienen la virtud de dilatarnos la nariz. Quizá por no saber música le fue posible sentir una impresión tan confusa, una impresión de esas que acaso son las únicas puramente musicales, concentradas, absolutamente originales e irreductibles a otro orden cualquiera de impresiones.”

pág 251, “Unos amores de Swann”, Alianza Editorial

En busca del tiempo perdido es una obra extraída de la vida del autor, pero no es exactamente su vida, ni su autobiografía. Los personajes que viven en sus páginas tienen su correspondiente referente en la vida real, y ya en la época de su primera publicación, varias personas públicas se reconocieron en la novela y se quejaron amargamente del retrato que de ellos se había hecho, aunque a menudo Proust tomaba de personas distintas detalles particulares para sus personajes. Pero ¿cuánto hay de extraído del recuerdo veraz y cuanto creado por la imaginación?

Y así, apenas expiró la deliciosa sensación de Swann, su memoria le ofreció, acto continuo, una trascripción sumaria y provisional de la frase, pero en la que tuvo los ojos clavados mientras que seguía desarrollándose la música, de tal modo, que cuando aquella impresión retornó ya no era inaprensible. Se representaba su extensión, los grupos simétricos, su grafía y su valor expresivo; y lo que tenía ante los ojos no era ya música pura: era dibujo, arquitectura, pensamiento, todo lo que hace posible que nos acordemos de la música. Aquella vez distinguió claramente una frase que se elevó unos momentos por encima de las ondas sonoras. Y en seguida la frase esa le brindó voluptuosidades especiales, que nunca se le ocurrieron antes de haberla oído, que sólo ella podía inspirarle, y sintió hacia ella un amor nuevo.”

pág 252

Así, en la obra se habla de un escritor admirado, Bergotte, que se suele asociar con el autor francés Anatole France, o un pintor, Elstir, que bien podría ser Paul César Helleu. Y con ellos como herramienta, Proust expresa sus ideas sobre el arte y las emociones que le provocan las obras que lee o contempla. Pero también aparece un músico, Vinteuil, y es probablemente el personaje artista más importante y recurrente de la novela, de tal modo que él o sus obras se convierten en iconos, en símbolos de algunos de los acontecimientos que suceden en ella. La sonata de Vintueil sería el himno, la banda sonora, quizás la metáfora de una de las más grandes historias de amor jamás escritas (y de desamor), la protagonizada entre Swann y Odette en “Por el camino de Swann”, donde, la “pequeña frase”, de tan profundo impacto en el protagonista, se repetirá más adelante en los últimos volúmenes, inscrita en una obra musical mayor “el Septeto de Vinteuil”.

Pero cuando volvió a casa sintió que la necesitaba, como un hombre que, al ver pasar a una mujer entrevista un momento en la calle, siente que se le entra en la vida la imagen de una nueva belleza, que da a su sensibilidad un valor aun más grande, sin saber siquiera ni cómo se llama la desconocida ni si la volverá a ver nunca.

Aquel amor por la frase musical pareció por un instante que prendía en la vida de Swann una posibilidad de rejuvenecimiento…”

pág 253

Seguramente sea Marcel Proust uno de los más certeros narradores de los procesos sensoriales, espirituales, que las obras artísticas crean en nosotros y, si no hubiera sido por “En busca del tiempo perdido”, su faceta de crítico de arte habría sido mejor incluso que la de novelista. Y el párrafo anterior no es más que una pequeña muestra de su facilidad para narrar la emoción del arte.

En cierta ocasión Marcel Proust acudió a escuchar unas interpretaciones de los cuartetos de Beethoven, que se habían puesto de moda en Paris, y al finalizar, el escritor sorprendió a los componentes de sus intérpretes, el Cuarteto Capet, al expresar, con sutil simplicidad, las emociones que le había provocado. Años después, Capet diría que jamás había oído una explicación tan profunda del genio de Beethoven y de la interpretación de los músicos como la dada por Proust.

La frase despertaba en él la sed de una ilusión desconocida; pero no le daba nada para saciarla. De modo que aquellas partes del alma de Swann en donde la frasecita iba borrando la preocupación por los intereses materiales, por las consideraciones humanas y corrientes, se quedaban vacías, en blanco, y Swann podía inscribir en ellas el nombre de Odette. Además, la frase infundía su misteriosa esencia en aquello que podía tener de falaz y de pobre el afecto de Odette. Y al mirar el rostro que ponía Swann, cuando la oía, hubiérase dicho que estaba absorbiendo un anestésico que le ensanchaba la respiración. Y, en efecto, el placer que le proporcionaba la música, y que pronto sería en él verdadera necesidad, se parecía en aquellos momentos al placer que habría sentido respirando perfumes, entrando en contacto con un mundo que no está hecho para nosotros, que nos parece informe porque no lo ven nuestros ojos, y sin significación porque escapa a nuestra inteligencia y sólo lo percibimos por un sentido único.”

Cesar Franck

El propio Proust reveló los últimos orígenes del Septeto cuando dijo “El Cuarteto de César Franck aparecerá en uno de los últimos volúmenes de mi obra“. No del todo, porque también tenemos este otro escrito del autor: “es la frase encantadora, pero finalmente mediocre, de una sonata para violín y piano de Saint-Saëns, músico que no me gusta”.

Empezaba a darse cuenta de todo el dolor, quizá de toda la secreta inquietud, que había en el fondo de la dulzura de la frase, pero no sufría. ¿Qué importaba que la frase fuera a decirle que el amor es frágil, si el suyo era muy fuerte? Y jugaba con la tristeza que difundían los sonidos, sentía que le rozaba, pero como una caricia, que aun profundizaba y endulzaba más la sensación que tenía Swann de su felicidad. Pedía a Odette que la tocara diez, veinte veces, exigiendo al mismo tiempo que no dejara de besarlo.”

2 comentarios en “En busca de la sonata de Vintueil

  1. Celine Modiano

    Proust était passionné de musique, grand admirateur de Fauré, Franck, Wagner, et tant d’autres…
    Avec infiniment de délicatesse, il a inventé, décrit, composé une sonate parfaitement virtuelle, exactement comme si elle existait bel et bien. Pour cela, il a pensé à la première sonate pour violon et piano de Saint-Saëns, à l’Enchantement du Vendredi-saint (du Parsifal de Wagner), mais aussi à la Ballade Op 19 de Fauré et la Sonate pour piano et violon de Franck.

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  2. Bolinaga

    Estoy leyendo a Proust y el otro día, en el Antiguo, en la cola del paro, haciendo tiempo, seguía con la lectura, cuando vi que alguien estaba tomando fotos, y me asaltó un temor: ¿y si esa foto sale mañana en un periódico con el siguiente epígrafe: “En el País Vasco el estado del bienestar es tan evidente que hasta nuestros parados, que, por cierto, cada vez son menos, disfrutan de Proust”. Lo que me faltaba. Cerré el libro inmediatamente antes de servir de coartada para los de siempre

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