El baserri dispone de una acogedora sala, un espacio de singular belleza y sobresaliente acústica. De allí tenemos amplias resonancias históricas,… y “un marco privilegiado para la música”, -dicen todos los maestros que dirigen allí sus conciertos-. Katxola volvió a demostrar que la música encuentra su mejor refugio en los espacios cercanos, aquellos en los que intérpretes y público se funden en la interpretación instrumental y coral, como fue en la velada de este viernes.

Más de setenta de personas ocuparon todas las sillas disponibles para asistir a una reunión musical que quedará en la memoria de quienes tuvieron la fortuna de vivirla.
El concierto, organizado por la Escuela de Música de Donostia, con la colaboración de Lantxabe y la generosidad de Juan Carlos, estuvo dedicado, en la primera parte, a la obra del compositor irlandés Turlough O’Carolan y reunió sobre el escenario al Gitarra Talde dirigido por Igor Intxausti. El grupo llevó al auditorio ocho composiciones del irlandés (ver adjunto) acercando al público a una tradición que forma parte del patrimonio cultural de aquél pais.
El Gitarra Taldea, innovando su repertorio, repite en el caserío; constituye un magnífico ejemplo de trabajo colectivo, sensibilidad artística y excelencia musical,
con un Igor Insausti, apasionado, incansable, entusiasta.
Igor es el alma del Talde, con él, la agrupación ha alcanzado una sobresaliente calidad artística; Intxausti, director y maestro, su labor fomenta el aprendizaje, la convivencia y el amor por la guitarra.
Igor glosó la figura y trayectoria de Turlough O’Carolan (1670 – 1738 ) arpista ambulante, considerado el mayor compositor de música folclórica irlandesa y su último bardo

La segunda parte fue para las flautas y el contrabajo. Fue entre ambas secciones cuando se dio uno de los momentos más entrañables de la tarde, lo protagonizaron dos jóvenes alumnos de los primeros cursos de la Escuela de Música, Leia Imazares ofreció ‘Bransle’ de Claude Gervaise (1525-1583) y ‘Txori txiki bat’ (Herri doinua) e Imanol Etxabe, recreó Sehaskan de Johannes Brahms y ‘Ama begira ezazu’ (Herri doinua) [con arreglos del propio Juantxo Vega que acompañó a ambos jóvenes con la flauta].
La ilusión y los nervios de Leia e Imanol emocionaron al público. Al contrabajo Xabier Etxabe (Aita de Imanol), dos generaciones unidas por la música, resumía a la perfección el espíritu de la tarde: cercanía, aprendizaje compartido y afecto. El baserri, como ningún otro contenedor en la ciudad, puede encarnar experiencias como esta.

La segunda parte del concierto fue protagonizada por la ‘Flauta eztiko’, y en algunas de las cinco obras se unieron la los dos grupos, ‘Flauta eztiko’y ‘Gitarra taldea’
Dejaron para el final la J.I. Iztueta eta Pedro Albenizen bilduma (1827), con arreglos, una vez más, a cargo de Juantxo Vega
La colección de Iztueta y Pedro Albéniz es una de las obras fundamentales para conocer la música y las danzas tradicionales vascas de comienzos del siglo XIX.
Pedro Albéniz (1795-1855), pianista y compositor donostiarra, transcribió y armonizó muchas de esas melodías en notación musical para que pudieran conservarse y difundirse y constituye uno de los primeros cancioneros vascos
Como las ‘Playford dances’, -de ahí la inteligencia de los organizadores- son bailes sociales en grupo, con figuras coreográficas relativamente sencillas y elegantes, muy populares en los círculos de danza histórica y folk. Muchas de estas melodías se conservaron gracias a que fueron puestas por escrito, una fuente excepcional para conocer cómo eran los “soñus zaharrak” (aires antiguos) y las danzas tradicionales que todavía se interpretaban en Gipuzkoa a comienzos del siglo XIX.
Esta colección suele considerarse para la música tradicional vasca algo parecido a lo que las Playford Dances representan para la tradición inglesa: una recopilación temprana que permitió conservar y transmitir un repertorio popular que, sin ese trabajo, se habría perdido en gran parte.
En esta última parte -para un concierto que duró una hora- en el baserri se compartieron ‘Neskatxen esku dantza’ (Herri doinua); Alpargatak urratuta (Herri doinua), el público formó un coro con la canción; ‘Ezkonberriak lotaratzeko soinua’ (Herri doinua) y Txakolin (Herri doinua) cuya letra también fue cantada por los asistentes (ver primer video)
La emoción fue creciendo hasta el final, cuando Juantxo Vega recordó a nuestra gran Ana Etxeberria, cuya foto, preside la sala, y Juan Carlos compartió unas palabras de despedida del propio Juantxo (se jubila) como maestro de la escuela de música, pero todos volverán, Juantxo, Gitarra Talde y Flauta eztiko, en la próxima primavera (también en el video de arriba)

No fueron grandes discursos ni gestos solemnes. Bastó la música, las miradas de complicidad y el prolongado aplauso de quienes recordaban a Ana y se reconocían en lo vivido con ella durante estos años..

Juantxo Vega tocando la flauta contrabajo recta, un instrumento impresionante tanto en tamaño como en sonido.
Juantxo Vega, privilegiado intérprete de la flauta y referente humano de nuestra Escuela de Música, ha sido el gran impulsor de su presencia y participación en el Caserío. Podrá jubilarse como profesor, pero seguirá entre nosotros, compartiendo su sabiduría, su complicidad, su cercanía, su generosidad y su entusiasmo contagioso. Porque más allá de la enseñanza, Juantxo ha sabido crear vínculos, sembrar amistad y dejar una huella imborrable en quienes hemos tenido la suerte de caminar a su lado
Katxola volvió a ser una casa abierta a la cultura, a la amistad y a los recuerdos compartidos.
Una velada de música, una velada de gratitud, una velada de amor. De esas que permanecen mucho tiempo en nuestra la memoria.

