
Un amplio grupo de donostiarras acaba de regresar del viaje cultural a Japón. Este periplo, como en años anteriores, ha sido organizado por Lola Arrieta y Lourdes Huesca, de Lantxabe, y ha contado con la colaboración de Aurora González, de El Corte Inglés. Realizado entre el 12 y el 25 de mayo, el viaje se integra en la celebración del 20.º aniversario del Ciclo de Literatura y Cine de la Casa de Cultura de Aiete, iniciativa que desde hace dos décadas une novela y cine-fórum mediante una programación mensual.
Para conmemorar el aniversario, el ciclo se dedicó a Japón. Entre febrero y abril, Mishima, Ibuse y Kawabata -novela- dialogaron con Mizoguchi, Imamura y Ozu -cine- , ofreciendo una inmersión en la memoria, la identidad y las contradicciones del Japón moderno a través de novelas canónicas y cine clásico. Por su parte, Iñigo Segurola, conocido paisajista, impartió una conferencia en la Casa de Cultura de Aiete, sobre el ‘El jardín japonés’
Durante el viaje, varias de esas obras fueron evocadas en lugares especialmente simbólicos. En el entorno del ‘Pabellón de Oro’, en Kioto, Carmen Huesca leyó un fragmento de la novela de Yukio Mishima. Ante el ‘Memorial de las víctima Hiroshima’, Félix Pérez evocó un fragmento ‘Lluvia negra’, de Masuji Ibuse que describe los efectos devastadores de la bomba atómica. En Kamakura, junto a la casa donde residió Yasunari Kawabata, Lola Arrieta glosó la figura del Nobel japonés y leyó algunos haikus.
El grupo de 34 viajeros, además de los citados, estuvo formado por Ana Mari Epelde, Mertxe Mera, Tere Laso, León Vinagre, Iciar Aragón, Teresa Gimeno, Roman Odriozola, Jesús Mari Orozco, Josune Andonegui, Coro Jareño, Anabel Jimenez, Javier Aribe, Begoña Martinez, Maria Araquistain, Carmela Calvo, Loli Labiano, Eugenia Garmendia, Loli Comas, Begoña Egurrola, Carmen Irureta, Lourdes Monteagudo, Omar Fayad, Marivi Escudero, Marisol Cuesta, habituales en los viajes de Lantxabe.
Se estrenaban Begoña Maneiro, Luis Vergara, Dora Mujica, Maite Galañena y Dori Yoldi
Mención especial merecen Aurora González, que acompañó al grupo durante todo el recorrido, y la excelente guía japonesa Yuriko Imamura.
El viaje comenzó con una escala en Estambul, donde las personas participantes disfrutaron de un crucero por el Bósforo al atardecer antes del vuelo nocturno hacia Osaka.
La primera gran etapa japonesa fue Koyasan, centro espiritual del budismo japonés. Allí visitaron el mausoleo de Okunoin, rodeado de un bosque de cedros centenarios y tumbas cubiertas de musgo que transmitían una intensa sensación de recogimiento y serenidad.
Posteriormente el grupo se trasladó a Nara, antigua capital imperial. Visitaron el santuario Kasuga y el templo Todaiji, que alberga una gigantesca estatua de Buda de bronce. El paseo entre los ciervos sagrados del parque añadió un elemento singular a la visita.
En Kioto el grupo recorrió templos, jardines y barrios históricos como Arashiyama, con su bosque de bambú, y Ryoanji, célebre por su jardín zen (seco). También visitaron el Pabellón de Oro, uno de los lugares más emblemáticos del país, así como el templo Sanjusangendo y el histórico barrio de Gion, asociado al mundo de las geishas.
La inmersión cultural continuó con una ceremonia del té, expresión de una tradición basada en la armonía, el respeto y la belleza de los gestos cotidianos. Más tarde, el templo Kiyomizudera ofreció una impresionante panorámica de Kioto.
Uno de los momentos más intensos del viaje tuvo lugar en Hiroshima y la isla de Miyajima. En esta última, el grupo contempló el santuario Itsukushima y su famoso torii flotante. Hiroshima, en cambio, enfrentó a las personas visitantes con la memoria de la bomba atómica de 1945. El Parque Conmemorativo de la Paz, la Cúpula de la Bomba Atómica y el museo dedicado a las víctimas provocaron una profunda reflexión colectiva sobre la paz y la dignidad humana.
Antes de dirigirse a Takayama, el grupo visitó el castillo Nijo-jo, antigua residencia de los shogunes Tokugawa, célebre por sus “suelos ruiseñor”, diseñados para alertar de posibles intrusos (ninjas). Takayama, en los llamados Alpes japoneses, mostró el Japón más rural y tradicional. Allí conocieron el antiguo edificio administrativo Takayama Jinya y disfrutaron de un “onsen”, experiencia típica japonesa basada en el baño termal.
Desde Takayama la visita se extendió a Shirakawago, pueblo declarado Patrimonio de la Humanidad, famoso por sus casas tradicionales de tejados inclinados adaptados a las intensas nevadas.
La última gran etapa del viaje fue Tokio, el grupo visitó el templo de Asakusa, el santuario Meiji y lugares como Harajuku, Omotesando y Shibuya, símbolos del dinamismo y la modernidad japonesa.
Desde Tokio realizaron excursiones a Nikko y Kamakura. En Nikko visitaron el santuario Toshogu y contemplaron el lago Chuzenji (la cascada Kegon quedaba oculta por la niebla. En Kamakura se quedaron deslumbrados por el Gran Buda de Bronce, el templo Hase Kannon y el santuario Tsurugaoka Hachimangu.

El viaje concluyó con la visita al Museo Nacional y a la Torre de Tokio antes del regreso desde el aeropuerto de Haneda. Japón dejó en todas las personas participantes imágenes inolvidables y una profunda reflexión sobre el tiempo, el silencio, la belleza y la convivencia entre tradición y modernidad.
