En la magia de las fiestas todo es posible, como que la lechuza vuelva al caserío [¿Para felicitarnos el año nuevo?] O que los Galtzagorri que acompañaron al Olentzero, y que se quedaron dentro para ayudar esta noche a los reyes magos, vieron, delante de sus ojos, una liebre corriendo ¿Alucinaciones?


Cuando los de Lantxabe recibieron del ayuntamiento las llaves del caserío, allá por el año 2003, encontraron una lechuza disecada que parecía dormir en la gran prensa del tolare. Lechuzas y cárabos son rapaces nocturnas que entraban en el baserri pero no sabían salir. En el desván se conservan dos esqueletos de lechuzas.

Su presencia se hacía notar también en los restos que dejaban en un rincón de la primera planta, debajo de las poleas de arranque del tolare, cerca de la ventana. Este rincón fue elegido por lechuzas y búhos para depositar sus excrementos. Pero hace tres años, el 14 de enero, Daniel, de Indenor, -que estaba retejando la casa- tras una detenida inspección encontró el coladero, y la galería que recorrían las aves, hasta el lugar señalado como reposo y depositorio. Esta revisión le permitió colocar unos sistemas que impiden la entrada de todo tipo de aves. Gracias a Daniel, Katxola ha dejado de ser ‘una jaula de oro’ para estas rapaces y otro tipo de aves

Antiguo depositorio de las aves que entraban en el baserri
El caserío Katxola es un monumento -legal y real-, su espacio una maravilla en el mirador del Bosque y de la amplia comarca de Donostialdea y más allá; merece la pena mantenerlo ‘como los chorros del oro’ [Dicen los que contemplan el proceso de depuración de este metal precioso de símbolo Au (del latín aurum, ‘brillante amanecer’ como los del baserri) que no hay nada en el mundo que produzca tal sensación de limpieza y pureza]. Así queremos que siga siendo

La vieja machaka que se conserva en el caserío como un objeto de museo
2026: un gran ejercicio para el baserri
