
El caserío seguía inmóvil desde que en el año 2000 fuera emplazado en la balconada del Bosque de Miramón; al norte, el teatro de Miramón; al sur, la ciudad, el monte Larrun y Peñas de Aya.
Su presencia allí no fue un gesto administrativo ni una concesión estética. Fue el resultado de la presión sostenida de la vecindad, de su tenacidad frente a una inercia que había condenado a decenas de caseríos de Aiete al derrumbe y al olvido. La determinación colectiva obligó a que Katxola fuera desmontado piedra a piedra y trasladado hasta el lugar que hasta ahora se suponía definitivo.
[Información real -no imaginaria- en nota al pie]
Pero Katxola no aceptó del todo ese destino. Decidió volar, desplazándose en el tiempo meteorológico —verano— y en el espacio simbólico. Abandonó la lógica del emplazamiento en su actual rincón, para instalarse en un campo que se despliega en capas de color pensadas para mirar despacio.
El baserri eligió un jardín, rodeado de lavanda, densa y silenciosa, de un violeta que no grita; de girasoles innumerables, orientados al sol, y de una idea pictórica de exuberancia, sin contenido de lógica mercantil. Eligió estar entre colinas que observan, como testigos antiguos, por si algún día hubiera imputaciones de “espaci@ ocup@”; en ese caso la acusación sería falsa: Katxola no ocupa, persiste.
No invade el paisaje; es el panorama quien se deja atravesar. Su defensa material es la contundencia pausada de una arquitectura barroca. Los muros guardan inviernos de humo lento y pasos repetidos que no hacen ruido. Habitan un tiempo que nombra y detesta, el filósofo Byung-Chul Han: la sociedad del cansancio, del rendimiento y del control digital. Frente a esa corriente destructiva, Katxola encarna la contemplación como resistencia.
Cuando llegue el atardecer, el cielo se teñirá de un rosa cansado. Entonces la casa encajará del todo. [Hay lugares que no solo escuchan al filósofo: lo viven]
Nota al pie.-
El arquitecto que dirigió la obra fue Jesús Muñoz-Baroja, reconocido por restauraciones como La Antigua de Zumarraga y el Museo Naval de Donostia.
Colaboró con él José Gorritxo, formando el equipo técnico encargado de la reconstrucción piedra a piedra del caserío cuando fue trasladado desde su ubicación original en el paseo de Oriamendi, señalando las piezas que se numeraron y volvieron a colocarse según su orden original.
Además, el traslado contó con the empresa Construcciones Trati S.L., con Javier Arruti como responsable de ejecución técnica del movimiento de materiales.
Este equipo profesional, coordinado con la iniciativa y la presión de la vecindad organizada fue clave para salvar Katxola del derrumbe y conservarlo como patrimonio vivo en el parque de Miramón
A Lantxabe le fueron cedidos los derechos de uso desde el 2003, recién constituida la asociación
Jesús Muñoz-Baroja, el arquitecto del traslado de Katxola – Aieteko Bizilagunen Elkartea
XX años del traslado del caserío Katxola – Aieteko Bizilagunen Elkartea
