Mari Domigi eta Olentzero, asteazkena 24, 11:30, Hiru Damatxo plaza
Mari Domigi y Olentzero, miércoles 24, 11:30, plaza de Hiru Damatxo

Dentro de estas fiestas navideñas que vienen a coincidir con el solsticio de invierno, las inclemencias propias del tiempo ayudan a que las mismas transcurran dentro de un marco familiar; en Nochebuena, la víspera de Navidad, un grupo de chicas y chicos, de amas y de aitas acompañados de txistu, triki y pandereta (Hermanas Ezeiza), interpretan canciones de temática navideña llevando, en volandas los muñecos de Olentzero y Mari Domingi; una alegría acrecentada por el encanto de la sencillez y la improvisación, que envuelve el ambiente

En el barrio, este grupo compuesto fundamentalmente por las criaturas de Aiete Ikastetxea, arranca de Hiru Damtxo con los dos monigotes construidos por la propia chavalería, montados sobre parihuelas fabricadas por la gente de Emaus. Hace unos años el solitario Olentzero iba montado en carro tirado por un tractor

Algunas notas sobre el origen de Olentzero y Mari Domingi

Orixe nos confesará la ignorancia sobre la procedencia “de la personificación del espíritu de estos días navideños”:
“Begigorri ba dator aiton
Olentzero, urteak egun ainbat begi ta bat geigo.
Gurdia ainako sabel; aurpegi dena aho;
Nondik nora sortu zan jakin bage nago”.

(Ya llega el abuelo Olentzero, el de los ojos rojos, con un ojo más que días tiene el año. Su vientre es equiparable a un carro; su cara toda ella es boca)
La etimología de su nombre continúa envuelta en el misterio y se presta a las más diferentes y curiosas conjeturas.
Si dejamos de lado el terreno harto resbaladizo del análisis semántico del fraseo de la palabra y nos fijamos en el contenido de la letra de las canciones alusivas a nuestro personaje, veremos que las mismas presentan, casi por unanimidad, en denominarlo como carbonero, bebedor, begigorri y barrigudo
Vemos las siguientes estrofas
“Olentzero
buruaundiya
entendimentuz gabia,
juan den gabian
edan duela
amar erruko zagia
Ai urde tripa aundiya,
sagar ustelez betia!”.
“Olentzero buru-aundiya
entendimentuz jantziya:
bart arratsian uste dugu
amar arruako zagia.
Ay, urde tripa aundiya!”.
(Olentzero cabezón sin inteligencia, anoche ha bebido un pellejo de diez arrobas. ¡Ay, cerdo tripudo lleno de manzanas podridas!
Olentzero cabeza dotado de inteligencia; anoche nos ha visitado un colegio de diez artzainak, ha traído cordero).

A continuación tenemos un Olentzero obsesionado con la bebida, pero también trabajador y heraldo de la Buena Noticia
“Auzoko bi gizonek
lagunduz alkarri,
atzo zagi bat ardo
diote ekarri,
bere oyan ondean
azkar zuan jarri,
beti ura gogoan
emen dabil larri”.
“Olentzero juan zaigu
mendira lanera
intentziyuarekin
ikatza egitera
aditu subenian
Jesus jayozala
etorrizan korrika
parte ematera”.
Una vez llegados a este punto, podemos afirmar que afortunadamente poco sabemos del origen de nuestro personaje, ya que el mismo se pierde de la mano de nuestro pasado. Y decimos que afortunadamente, porque de esta manera, con el arcano de su ayer celosamente guardado, metamorfoseándolo a medida de nuestra fantasía, conserva en el mito la única razón de su existencia.
Pero permítase plantear que esa grotesca figura, que al anochecer de Nochebuena se exhibe entre las hileras de intermitentes y deslumbradoras luces de algunos paseos de nuestros centros urbanos, produce la impresión de un pobre diablo secuestrado, sin alegría y muy fuera de su ambiente. Un ser que se halla muy lejos de nuestro ikazkin (carbonero) acostumbrado a desenvolverse en la libertad sin límites del campo de lo irreal y figurado.

De esta distorsión se salvan nuestros Mari Domigi y Olentzero, muñecos de trapo y de fabricación infantil.
¿Y qué representa para nosotros hoy Olentzero? El carbonero representa una reminiscencia todavía viva de nuestra mitología en un mundo que se nos escapa; pero que aún colea alrededor de este barrio en la colina de la ciudad
Podemos ver este enigmático y complejo personaje, le vemos en cualquiera de los caserío que formaban el barrio. En la borda del baserri en cuya puerta luce el cardo: Baserri y Aiete, presentes en la memoria reciente de la ciudad
Podemos imaginarnos también al Olentzero como testigo del vasco cazador por necesidad, de la vida nómada del pastor y del mundo del caserío, hasta su progresiva evolución hacia el ámbito urbano. Con el sapiens que, en el neolítico, desde la oscura boca de la caverna, contemplaba la rudimentaria arquitectura doméstica y veía cómo los montes eran surcados por pedregosos y serpenteados caminos, que luego frecuentaban ellos ya como artzaias o baserritarras; hoy en día, en su edad senil, en un alto en sus faenas, el carbonero presencia la construcción de las impersonales urbes
Aquel antiguo Olentzero que, año tras año, por Nochebuena, acudía a la cita del caserío de cocina de amarillentas paredes y negro techo, de arquibanco de talla madera y amplio hogar en el centro, ha mutado en otro más ‘moderno’. Ahora vive adosado a la pared, cerca del fuego alimentado por el tronco de Navidad

Y así, generación tras generación, nuestra legendaria figura continuará entre nosotros mientras nuestros pueblos conserven algo de su ancestral espíritu rural y no rompamos el hilo, cada vez más débil, que nos une al mundo afectivo que nos legaron nuestros antepasados

Aieteko Mari Domingi eta Olentzeroren Ibilbidea/Itinerario/Horario – Aieteko Bizilagunen Elkartea
Mari Domigi y Olentzero «calientan motores» en Katxola baserria – Aieteko Bizilagunen Elkartea
EL Olentzero y Mari Domingi han pasado esta noche en Katxola – Aieteko Bizilagunen Elkartea
