Una preciosa Sagar Uzta en el espacio Katxola–Miramón

Habíamos encargada esta soleada mañana, y un tiempo magnífico acompañó a la gente convocada a “Descubrir la San Sebastián comestible: los manzanos de Katxola”. Tras justo seis años de obligado paréntesis, la asociación de vecinos Lantxabe (con sus voluntarias y voluntarios), el proyecto Fruitondoan de la Fundación Cristina Enea (con Oihana y Mateo al frente) y el Departamento de Parques y Jardines del Ayuntamiento de San Sebastián (representado por Aitor) han recuperado la fiesta de la manzana.
Aitor, además, ha aportado su furgoneta de trabajo para subir al caserío los pesados cestos de la fruta recogida.

Averiado el tolare de Katxola, el equipo de Fruitondoan ha traído un lagar y una matxaka portátiles, protagonistas de la jornada. Muchos recolectores habían reservado su papeleta a través de la web de la Fundación Cristina Enea (www.cristinenea.eus).

Tres generaciones han compartido una mañana repleta de felicidad, en la que se unían la ingenua ternura de la infancia y el contacto con la naturaleza en plenitud, libre y fecunda, que abrazaba la alegría de esta fiesta.

Recoger manzanas es un ejercicio práctico y, al mismo tiempo, una muestra viva de cómo se distinguen la labor y el trabajo. Una tarea basada en las tradiciones rurales, lejos de las limitaciones del mundo urbano.

La cuadrilla de recolectores observaba dichosa las manzanas de Miramón: sus diversos colores, tamaños y texturas, su brillo, su olor, su estado de conservación. Las cogían con la mano o con la kiskitza; algunas caían tras el vaivén de las ramas, otras reposaban sobre la hierba. Las niñas y los niños gozaban de lo lindo. Nos acompañaron los sones de la trikitixa (Iñaki) y el pandero (Uxue), imprescindibles en cualquier fiesta popular de Katxola y nos convocaron a celebrar la fiesta en el caserío. La felicidad se quedó flotando entre las manzanas.

Más de una decena de capazos se llenaron con manzanas destinadas a elaborar un mosto puro, que conservaba intacta la esencia de la fruta, su sabor y su dulzura natural. Ese era el gran objetivo de la gente de Lantxabe y Katxola cuando, dentro del proyecto del bosque de Miramón, se decidió plantar 253 manzanos en los alrededores del teatro, cerca del caserío. La idea era elaborar sidra sin necesidad de desplazarse hasta los caseríos de Zabalegi (Galarreta) o Askonobieta (Urnieta), porque la sidra es zumo de manzana fermentado.

Vecinos y familias se han sumado al programa des primera hora de la mañana. Primero —a las 10:35, impacientes—, la presentación del caserío Katxola; después —a las 11:15—, la salida hacia los manzanos de Miramón. Se ha trabajado en auzolan, de un lado para otro, sacudiendo los árboles con fuerza medida y recogiendo las manzanas caídas. Así han recuperado la tradición de la Sagar Uzta en Katxola. Y, al final, todos fuimos convocados por los sones de la trikitixa.

Rematar en Katxola era, como siempre, una fiesta. Oihana preparaba montaditos de queso y jamón; Mateo ofrecía el mosto recién creado con la matxaka y el tolare; Aitor echaba una mano con una cosa y con otra. La gente de Katxola y voluntarias servía la mesa. La triki animaba, y txikis y mayores celebraban el evento con alegría y el sabor dulce del fruto de la cosecha.

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