Elon Musk y Donald Trump: la siniestra pareja

Elon Musk emergen del ataúd que contiene un cadáver que representa una ideología decadente (¿el futuro si no se remedia?) El texto en francés «Elon Musk: l’extrême droite du futur!» se puede traducir como “la extrema derecha del futuro”.

Al otro lado de la caricatura vemos una parodia de la pintura American Gothic; el dibujante, en este caso, sustituye el original por Donald Trump acompañado por una escéptica figura femenina. El texto arriba dice: «And they lived happily ever after» («Y vivieron felices para siempre»).

Es la ilustración sobre la política conservadora de esta pareja de visionarios y la percepción de una realidad distorsionada y nostálgica que se traslada a sus seguidores ultrafascistas.

Sobre Charlie Hebdo
Charlie Hebdo es un semanario satírico francés conocido por su enfoque provocador y sus viñetas que critican tanto a figuras públicas como a instituciones religiosas y políticas. Fundado en 1970, su estilo irreverente y directo aborda temas como la política, la religión y el poder.
Hace unos día recordamos el 10 aniversario del terrible atentado en su sede en París, el 7 de enero de 2015, cuando extremistas islámicos atacaron sus oficinas, dejando 12 muertos. Este ataque fue una sangrienta represalia por las caricaturas publicadas sobre Mahoma

Charlie Hebdo continúa publicándose manteniéndose fiel a su estilo

Vida eterna a Charlie Hebdo

11 comentarios en “Elon Musk y Donald Trump: la siniestra pareja”

  1. Acaban de cumplirse diez años de la masacre de Charlie Hebdo, que causó 12 muertos y cuatro heridos graves. Para contextualizar el atentado debemos tener en cuenta la situación sociorreligiosa en Francia y la pujanza de las versiones más violentas del islam, la historia de la caricatura y la blasfemia, así como los avatares de esta revista fundada en 1970, vinculada al radicalismo de izquierdas y al laicismo, pero la versión breve arranca con el asesinato del cineasta Theo Van Gogh en Ámsterdam en 2004 a manos de un islamista fanático.

    Un tiempo después, ante las denuncias por la autocensura frente a la religión musulmana, el periódico danés Jyllands-Posten realizó un llamamiento para recibir y publicar caricaturas de Mahoma. Inicialmente los dibujos no generaron ninguna reacción pero con el tiempo ―y propaganda, porque se falsificó un dossier para generar indignación— desencadenaron protestas en varios países. En Francia, el diario France-Soir publicó las caricaturas; su director fue despedido. En solidaridad, Charlie Hebdo reprodujo ilustraciones y añadió otras, lo que provocó las demandas de la Gran mezquita de París, la Unión de las Organizaciones Islámicas de Francia y la Liga Islámica Mundial por ofender la dignidad de los creyentes. Pedían una ley de blasfemia. El juicio se celebró en 2007; la publicación fue absuelta. La redacción sufrió un atentado en 2011; cuatro años después se produjo la masacre. El juicio contra los asesinos y sus cómplices fue en 2020.

    La conmoción por los asesinatos puede eclipsar un debate importante sobre la libertad de expresión y la sátira, y sobre la alianza de una categoría tan antigua como la blasfemia y la superstición contemporánea del derecho a no sentirse ofendido. La causa de la libertad tiene un defensor sólido y valiente en Richard Malka (1968), abogado, guionista y novelista, que representa al semanario. Elogio de la irreverencia recoge su alegato en el juicio de 2007; también incluye el de Georges Kiejman (1932-2023), que representó a personalidades como Ionesco, Truffaut o Costa-Gavras, y fue ministro delegado en el segundo gobierno de Mitterrand.

    Los abogados muestran que otras religiones han recibido más ataques en la revista, sostienen que la portada (con un Mahoma que lamenta lo duro que es ser amado por imbéciles) critica a los islamistas y no a los musulmanes o la religión. Repasan otros casos y refutan los argumentos de los demandantes: explican que lo que llaman islamofobia en Francia se castiga como blasfemia en otros países, que la revista no actúa “por dinero”, que otras publicaciones no afrontaron las mismas consecuencias. Y señalan que defender el derecho de publicar caricaturas no significa aprobar su contenido.

    Malka dice a los demandantes que pretenden restablecer la prohibición de la crítica a la religión “sin que nos demos cuenta”. Charlie Hebdo, argumenta, no tendría razón de ser si no hubiera publicado esas caricaturas; al pretender prohibir las burlas únicamente a su religión y apelar a la “islamofobia”, con sus connotaciones racistas, los denunciantes exigen un trato distinto al de los demás. Malka y Kiejman también señalan que quienes más sufren la intolerancia islamista son personas de origen musulmán. Glosan a pensadores musulmanes que defienden la libertad crítica, y a los que ignoran políticos e intelectuales occidentales de derecha e izquierda cuando recomiendan no herir la sensibilidad de los intolerantes: de Segolène Royal a Jacques Chirac, pasando por Emmanuel Todd y Virginie Despentes, el panorama abunda en actuaciones deshonrosas. “Lo que está en juego no es solo la libertad de Charlie Hebdo, sino la libertad de prensa, de los artistas, de los creadores, de los intelectuales, en Francia, en Europa y en el mundo entero”, dice Philippe Val, director de la revista.

    … “La libertad de palabra se ha convertido en su objetivo porque es el arma más peligrosa contra su fanatismo”, sostiene. “Cuanto más se sacralizan las creencias menos se respeta a los hombres”; el pasado sirve a los intereses del presente, y “una parte de nuestra élite se empeña en hacer a las víctimas del terror responsables de lo que les ha sucedido”, apunta Malka.

    Cita una reflexión de Thomas Mann: “En todo humanismo hay un elemento de debilidad que viene de su repugnancia por todo fanatismo, de su tolerancia y su inclinación hacia un escepticismo indulgente, de su bondad natural. Eso, en ciertas circunstancias, puede ser fatal. De ahí que necesitemos un humanismo militante, convencido de que el principio de la libertad, de la tolerancia y del libre examen no tiene derecho a dejarse explotar por el fanatismo desvergonzado de sus enemigos”. Por eso necesitamos la irreverencia admirable y estridente de Charlie Hebdo.

  2. Rosa Maria Artal

    Es la mala gente, los rastreros sin escrúpulos, los fulleros magistrales. Donald Trump firma decretos contra personas y derechos como quien aprieta el gatillo. Y hasta la rata más miserable de cualquier charca en cualquier país se siente parte de los vientos que impulsan los nuevos gerifaltes. Hasta ahora nunca les ha salido bien
    El matonismo ha llegado al poder. En Estados Unidos y en otros países, en algunos más -como el nuestro- lo cerca allá a donde aún no alcanzan sus intentos. La mala gente, los rastreros sin escrúpulos, los fulleros magistrales, quienes ambicionan el cetro de mando para sorber el alma de las sociedades y nutrirse de ella y sobrevivir como Dráculas. Donald Trump firma decretos contra personas y derechos como quien aprieta el gatillo. Su corte de oligarcas disfruta con el poder sobrevenido porque apenas les queda ya más dinero que ambicionar ni tiempo para gastar el que tienen, ni para comprar nuevos estímulos. Se animan unos a otros en el ancho mundo. Y hasta la rata más miserable de cualquier charca en cualquier país se siente parte de los vientos que impulsan los nuevos gerifaltes. Los viejos, los de siempre, que han salido a la superficie para mostrarse y sentar sus reales.

    Cada cierto tiempo lo intentan y ahora están recogiendo la cosecha de una preparada siembra en ignorancia y egoísmo. Esto ya lo sabemos. Hasta ahora, nunca les ha salido bien plenamente. Se han erigido sobre millones de muertos y destrucción, sobre el dolor y la angustia de multitud de personas, pero no han logrado todavía volvernos a las cavernas de esa máquina del tiempo que ideara H.G.Wells con aquel futuro de bobos Elois alimento de los malvados y torvos Morlocks.

    No saldrá bien, ni para ellos… si todavía funciona algo la lógica. Lo esencial cae por su propio peso. La cooperación funciona mejor en los grupos sociales, siquiera la teoría de juegos de Nash, el equilibrio de Nash, en donde al menos ninguno pierde si juega sus cartas. Claro que a los tiranos de esta época -y ahora son muchos y con cómplices entre las víctimas- no les importa lo más mínimo el dolor que causan. Nada. Ni Trump, ni Musk, ni nadie de su gobierno o sus votantes sienten la menor pena por los emigrantes tratados ahora como alimañas a abatir y perseguir hasta por iglesias y hospitales en ese reinado del terror, en el que Trump llama a la delación de los funcionarios que no secunden sus órdenes inhumanas. Es un delincuente convicto, tampoco es tan raro. Mucho más lo sería en el caso de sus embobecidos votantes.
    O como aquí. Las derechas le dan una bofetada al Gobierno a ver si de una vez lo tumban… en la cara de millones de pensionistas, de usuarios del transporte público o de los bonos energéticos y de otras muchas medidas sociales que duelen especialmente a las derechas. Ni a PP, ni a Vox, ni a Junts les importan un comino los ancianos. Véase a Ayuso , novia de Alberto Quirón, el comisionista, el que tiene una jueza que parece su agente de viajes. No dejaré de insistir en que su mayoría absoluta tras el protocolo de la vergüenza en las residencias define la calaña de la sociedad madrileña. No de todos, claro, en el fondo solo fueron millón y medio sus votantes.

    Cierto que el revuelo por el rechazo al decreto ómnibus ha hecho reaccionar a las derechas y salir despavoridos a poner excusas porque hasta sus fieles votantes se han sobresaltado. Ahora dan marcha atrás de la forma torpe que suelen emplear: mintiendo sobre contenidos que no están en el decreto, en lo más peregrino como Feijóo o Ayuso, exigiendo como Gamarra un Consejo de Ministros extraordinario “a la carta” para votar las pensiones, porque, aunque no gobiernen, ellos creen que deben elegir cómo se gobierna, e incluso anunciando recogida de firmas. Lo tremendo es que se han apresurado a ponerla en marcha de inmediato y de la mano de una muy sonriente Cuca Gamarra, quién no ha tenido empacho en llamar “a los sindicatos” para que pidan a Sánchez “ que muevan el culo con las pensiones”. Es patético. Una auténtica política sucia para llamar idiotas a los ciudadanos. Sus medios presentan el montaje con claridad: “El PP lanza una recogida de firmas para exigir a Sánchez que suba las pensiones”, titula El Confidencial. Y añade: “Génova pasa a la ofensiva en la batalla por el relato con el Gobierno tras tumbar el decreto ómnibus y activa una movilización ”parlamentaria y social“ para inculpar al Ejecutivo”. Es de suponer que el resto del clan mediático seguirá esa línea que ya había iniciado en portada ABC.

    Es más de lo soportable. Quisieron dar un puntapié al Gobierno y se lo han dado ellos mismos en el trasero. Ése era el objetivo de tumbar el decreto y no otro. Incluía parar desahucios, aumento del SMI y seguir con el bono eléctrico y es demasiada tela para las derechas pero el principal objetivo era el Gobierno y el globo les ha estallado en la cara… y en la de millones de españoles que siguen muy preocupados. Doblemente si reflexionan a fondo y ven a qué extremos puede llegar el Partido Popular por hacerse con el poder a cualquier precio.

    Si no queremos vagar como Elois a la espera de las dentelladas de los Morlocks, habrá al menos que recordar a los usuarios de este planeta y explicar a los jóvenes adeptos a los fascismos -en particular- por qué no es buena idea ir de hampones por la vida pisoteando al personal. Un excelente informe de Ángel Munarriz, ahora en El País, señalaba la fuerte implantación de la ultraderecha como ideología de los varones entre 16 y 24 años. Ha descendido en ese tramo el número de los que ven el cambio climático como un problema. Ha subido su “inquietud” por la inmigración.

    Por mucho que el fascismo deje morir a ancianos enfermos sin asistencia médica -como Isabel ‘Quirón’ Ayuso- o deje de financiar la quimioterapia a los pacientes de cáncer, como el argentino Milei, etc… no lograréis servicios o dinero para pagar tratamientos caros que hagan frente a dolencias realmente graves. Milei ya previó la venta de órganos para costearse la vida o lo que haga falta. Tiene un límite para la supervivencia que a la cuadrilla de sátrapas del clan no les importa. No se sabe cómo acabará todo esto. Los servicios públicos son necesarios para vivir en sociedad. Las selvas para ricos de los Trump de turno tienen muchas lagunas. No caben todos sus seguidores, especialmente los más estúpidos, y hay que serlo para tragarse sus cuentos.

    Salud, trabajo, medios de vida, vivienda, educación, transportes… no funcionan por la ley de la selva, que por algo se abandonó hace muchos siglos. A nadie se le ocurre seriamente que cada uno se fabrique sus propias aceras para caminar y equivalentes. Pensiones ya ni las nombro, ved el programa de Vox y la práctica de Ayuso, y el resto en otros países. Se exprime a las personas en su vida laboral y cuando dejan de ser productivos y solo “gastan” ya no sirven. ¿Se entiende?

    Los estudios dicen que una de las principales causas que citan en la involución fascista es el feminismo y la diversidad sexual. Creen los machitos que las mujeres han ido demasiado lejos al pensar que son iguales que los hombres y con los mismos derechos. Que están bien para refocilarse con ellas -de común acuerdo o a la brava- pero no al punto de pensar en una equivalencia total.

    No somos iguales, como tampoco lo son las mujeres y los hombres entre sí. Nosotras tenemos un privilegio excepcional del que carecen ellos y que es de libre aceptación. Personalmente, en una vida de muchos esfuerzos, he tenido varios privilegios envidiables, lo sé. Trabajar en periodismo como servicio público esencial antes de que la codicia lo envileciera en ciertos sectores, siendo testigo directo de momentos cumbre de la historia, haber conocido a personas excepcionales y, por encima de todo, haber sido madre de un hijo que me llena de orgullo. Qué suerte tener la capacidad de gestar y alumbrar una vida. Cómo de mal deben sentirse las madres de machistas, de fascistas, de quienes retuercen la verdad y envenenan de mentiras la vida pública, de seres malvados e indignos. Espero que no sea demasiado tarde cuando lo sepan los ya adscritos a toda esta bazofia.

    Este tiempo de tinieblas en el que se persigue la ciencia, la justicia, la empatía, la generosidad, la pobreza o la vulnerabilidad, pasará. No sabemos qué rescoldos van a quedar, pero sí que frente a la cobardía de los aposentados que son parte del problema -ay, esta UE tan comprensiva y militarista- hay gente que se va a resistir. Hay alcaldes demócratas en Estados Unidos que no perseguirán a los emigrantes, dicen, y que si hay que ir a la cárcel, irán. Un juez ha bloqueado cautelarmente el decreto de Trump que pone fin a la ciudadanía por nacimiento en EEUU. No descartemos el choque de egos y de odios -ya ha comenzado-. La justicia poética… o en prosa.

    Vi hace poco la película El 47. La lucha vecinal con resultados… y con riesgos que vence la valentía y la suma de voluntades. En este país hemos sacado muchas cosas adelante, también cuando mandaba la chusma que ahora busca el poder a toda costa y hay millones de jóvenes que no son fascistas y quieren cambiar las cosas y mejorar sus vidas y las de los demás.

    “La dignidad es la lucha por el agua, la lucha por la luz, la lucha por correos, la lucha por la sanidad y la educación públicas, eso es la dignidad”, dicen en la película. Es la lucha por la democracia, por los Derechos Humanos. El fascismo que combate todo esto es una pésima idea.

  3. Mientras Trump emite cada día una serie de órdenes ejecutivas y pronunciamientos públicos devastadores y espantosos, nunca ha sido tan importante evitar dejarse llevar por su obscenidad y centrarse en cómo están interconectados los problemas.
    Es fácil olvidar o dejar de lado las órdenes ejecutivas de la semana anterior: prohibiciones de los programas y discursos de diversidad, equidad e inclusión (DEI), así como de la «ideología de género» en todos los programas financiados por el gobierno federal, mientras nuevas obscenidades inundan el ciclo de noticias. Las amenazas de deportación a estudiantes internacionales que participan en protestas legítimas; los planes expansionistas sobre Panamá y Groenlandia y las propuestas para hacerse con el desplazamiento total y forzoso de los palestinos en Gaza de sus tierras se anuncian en rápida sucesión. En cada caso, Trump hace la declaración como una muestra de poder, probando para ver si puede surtir efecto. Las órdenes ejecutivas pueden ser detenidas por los tribunales, pero la deportación de inmigrantes ya ha comenzado, al igual que la reapertura de los grotescos campos de Guantánamo.
    La acumulación de poder autoritario depende en parte de la voluntad de la gente de creer en el poder ejercido. En algunos casos, las declaraciones de Trump tienen como objetivo tantear el terreno, pero en otros casos, la afirmación escandalosa es su propio logro. Desafía la vergüenza y las restricciones legales para demostrar su capacidad de hacerlo, lo que muestra al mundo un sadismo desvergonzado.
    Las euforias del sadismo desvergonzado incitan a otros a celebrar esta versión de la hombría, una que no solo está dispuesta a desafiar las reglas y los principios que rigen la vida democrática (libertad, igualdad, justicia), sino que las promulga como formas de «liberación» de las falsas ideologías y las restricciones de las obligaciones legales. Un odio embriagador se exhibe ahora como libertad, mientras que las libertades por las que muchos de nosotros hemos luchado durante décadas se distorsionan y pisotean como un «wokeismo» moralmente represivo.
    La alegría sádica en cuestión aquí no es solo suya; depende de ser comunicada y disfrutada ampliamente para existir: es una celebración comunitaria y contagiosa de la crueldad. De hecho, la atención mediática que atrae alimenta la juerga sádica. Este desfile de indignación y desafío reaccionarios tiene que ser conocido, visto y oído. Y es por eso que ya no nos sirve simplemente exponer la hipocresía. No hay ningún barniz moral que deba ser despojado. No, la exigencia pública de la apariencia de moralidad por parte del líder se invierte: sus seguidores se emocionan con la exhibición de su desprecio por la moralidad y la comparten.
    La exhibición desvergonzada de odio, el desprecio por los derechos, la voluntad de despojar a las personas de sus derechos a la igualdad y la libertad prohibiendo el «género» y sus desafíos al sistema binario de sexo (negando la existencia y los derechos de las personas trans, personas intersexuales y no binarias), destruir los programas de igualdad de derechos de las personas (DEI, por sus siglas en inglés) destinados a empoderar a quienes han sufrido una discriminación duradera y sistémica; deportaciones forzosas de inmigrantes y llamamientos al despojo total de quienes han sobrevivido, traumatizados, a las acciones genocidas en Gaza.
    Si seguimos aferrados a la indignación y calmados por el estupor ante la nueva proclamación de cada día, no lograremos discernir qué los vincula
    Raphael Lemkin, el abogado polaco-judío que acuñó el término «genocidio», dejó claro que incluye «un plan coordinado destinado a la destrucción de los fundamentos esenciales de la vida de grupos nacionales… que puede lograrse eliminando toda base de seguridad personal, libertad, salud y dignidad». De hecho, el traslado forzoso de niños es el quinto acto punible en virtud de la convención sobre el genocidio adoptada en 1948.
    Si seguimos aterrorizados y aturdidos por la nueva proclamación de cada día, no lograremos discernir qué los une. Quedar aterrorizados por sus declaraciones es precisamente el objetivo de su pronunciamiento. En cierto modo, estamos cautivos cuando nos captura y paraliza. Aunque hay muchas razones para estar indignados, no podemos dejar que esa indignación nos inunde y detenga nuestras mentes. Porque este es un momento para comprender las pasiones fascistas que alimentan esta desvergonzada apropiación de poderes autoritarios.
    Quienes celebran su desafío y sadismo están tan atrapados en su lógica como aquellos que están paralizados por la indignación. Quizás sea hora de distanciarnos de estas pasiones para ver cómo funcionan, pero también para encontrar nuestras propias pasiones: el deseo de una libertad compartida por igual; de una igualdad que cumpla las promesas democráticas; de reparar y regenerar los procesos vivos de la Tierra; de aceptar y afirmar la complejidad de nuestras vidas encarnadas; de imaginar un mundo en el que el gobierno apoye la salud y la educación para todos, donde todos vivamos sin miedo, sabiendo que nuestras vidas interconectadas son igualmente valiosas.»
    JUDITH BUTLER

  4. Hay quien disfruta echando palomitas de maíz a las palomas y quien goza dando de comer bebés a los reptiles. Va en temperamentos. Trump ha hecho muchas bromas sobre este centro de detención de migrantes situado en Florida y cuya característica principal es que está rodeado de un foso con caimanes hambrientos. Le hace gracia la idea de que a un desgraciado se lo coma un lagarto. Todo ello proporciona una idea de su mentalidad infantil y desalmada. En los dibujos animados vemos con frecuencia castillos medievales protegidos con este tipo de recursos. Donald Trump vive en una especie de filme de animación del que usted y yo somos personajes secundarios. Tal es su idea de la estética y de la ética a la que quiere someternos. El mundo como parque de atracciones de la miseria mental y del horror físico.

    El planeta de los simios exhibía a un grupo de monos a caballo y dando caza a los seres humanos que intentaban evadirse de esa tiranía animal. La escena nos recuerda a las batidas en las que las autoridades estadounidenses persiguen a familias en la frontera sur del país. Pone los pelos de punta asistir en los telediarios a las carreras de padres y madres con sus hijos en brazos, tropezando y cayendo y levantándose, como si fueran perseguidos no por seres de su misma especie, sino por monstruos mitológicos de brutalidad infinita. El invento de los caimanes no funciona solo como una forma de coerción mecánica, sino como metáfora de hasta dónde será capaz de llegar este sujeto en sus manifestaciones de animalidad y xenofobia.

  5. Las protestas vividas durante la Vuelta Ciclista a su paso por Bilbao, para quienes no miramos hacia otro lado cuando el horror se vuelve rutina, fueron una nueva lección de solidaridad. Una lección nacida del corazón del pueblo y que viajó, como un grito ahogado, hasta los escombros de Gaza.

    El consejero de Seguridad del Gobierno Vasco, Bingen Zupiria, calificó los actos de protesta como “bochornosos” y aseguró que atentaban contra la seguridad y la convivencia. Para el lehendakari, fueron “un espectáculo nada edificante”.
    Señor Zupiria, señor Pradales: lo bochornoso y poco edificante no es el gesto de quienes se atreven a alzar la voz frente al genocidio; lo verdaderamente indigno es la pasividad institucional, el silencio cómplice y la obsesión por la imagen mientras, en Palestina, niños y niñas mueren bajo los escombros día tras día, hora tras hora.

    Cuando quienes tienen en sus manos el poder de influir en la política internacional no actúan, cuando se esconde la responsabilidad bajo la excusa de no “politizar” el deporte, la cultura o la economía, entonces es el pueblo quien asume esa carga moral. Y lo hace con la dignidad que a tantos de nuestros representantes les falta.
    Por eso, las protestas vividas en Bilbao y en Bizkaia no fueron una anécdota ni una molestia: fueron un gesto histórico de resistencia, de conciencia y de humanidad.

    Recuerden, señores Zupiria y Pradales, cuando los aviones fascistas reducían a cenizas nuestras ciudades y el pueblo se organizaba para sobrevivir al horror. Hoy, otros fascistas bombardean Gaza y asedian Cisjordania, mientras aquí se blanquea su imagen con eventos deportivos, empresariales o culturales que sirven de lavado de cara ante el mundo. Un mundo que, demasiadas veces, ha decidido mirar hacia otro lado.

    Lo vivido en Bilbao es una muestra de lo que significa convivir con justicia, con memoria y con valores.
    Sí, fue una declaración política, pero también una declaración ética. Una muestra de humanidad que debería llenarnos de orgullo.

    Si nuestros representantes políticos no asumen sus funciones, alguien tendrá que hacerlo. Y el pueblo vasco, una vez más, ha demostrado que está dispuesto a hacerlo, a decir basta a las políticas de apartheid sionista.
    Y ahora, tendrán que escuchar también las caceroladas.

  6. Se cumplen 50 años de los últimos fusilamientos de Franco, y Tellado llama a cavar fosas…
    Vox acaricia los sesenta diputados en los sondeos y en el PP están preocupados. Gobernar España con un Vox muy fuerte, sin el concurso del PSOE y con una tremenda confusión en Europa podría ser un gran tormento. Tellado tiene la encomienda de achicar el espacio de Vox extremando el lenguaje, jugando al límite. Ayer dijo que es el momento de cavar la fosa del Gobierno. Hablar de fosas cuando se cumplen cincuenta años de los últimos fusilamientos del franquismo es feo. Tellado tenía apenas un año en 1975. Alguien debería haberle informado. La escuela Romay Beccaría , en la que se han formado la mayoría de los cuadros de la derecha gallega, debería haberse ocupado de ello.

    Lo más importante no es la espuma negra de septiembre. La cuestión es a dónde vamos cuando se restauran los ministerios de la Guerra.

  7. Izaskun (y los imbéciles)

    Esta frase de Dostoievski es potentísima y súper actual! «La tolerancia llegará a tal nivel que las personas inteligentes tendrán prohibido pensar para no ofender a los imbéciles.»

    La verdad es que suena a profecía cumplida para mucha gente. Ahora mismo, con tanta corrección política y el miedo a decir algo que pueda ser malinterpretado o que hiera sensibilidades, a veces parece que pensar libremente se está volviendo un deporte de riesgo.

    Hay un debate súper fuerte sobre dónde está el límite entre ser tolerante y respetuoso, y censurar el pensamiento o la crítica. Mucha gente siente que se está yendo a los extremos, que se está protegiendo más la «sensibilidad» de algunos que el derecho a debatir ideas, por muy incómodas que sean.

    Es como si la «tolerancia» se hubiera convertido en una excusa para evitar cualquier tipo de confrontación o desacuerdo, y eso, al final, limita la conversación y el progreso. Porque para avanzar, para cuestionar lo establecido, a veces hay que decir cosas que incomodan.

  8. Trump destapa las cartas. Y son terribles

    Trump se atreve a acusar a los países europeos de no respetar la libertad de expresión, cuando él mismo amordaza a las universidades críticas y pide a voz en grito que echen a los periodistas que no le gustan

    Trump celebra en su estrategia de seguridad nacional la “creciente influencia de los partidos patrióticos europeos”

    Es verdaderamente terrible. Manoseamos tanto los adjetivos, nos echamos tan a menudo en brazos de la hipérbole, que a veces nos faltan las palabras justas para definir con precisión y valorar en su exacta medida un acontecimiento cualquiera, unas declaraciones o, quizá, como en este caso, un documento llamado Estrategia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos de América y difundido por el gobierno de ese animal desatado que responde al nombre de Donald Trump. Es un insulto a la inteligencia, una aberración política, la expresión más clara de que si le dejamos pista abierta, este energúmeno nos retrotrae a un orden social que pensábamos ya olvidado en la historia. Es la burda y salvaje demostración de que este tipo tan sólo quiere gobernar —el mundo— por la fuerza, o ellos o nosotros, y que se atengan a las consecuencias quienes osen disentir. Es, en definitiva, la traducción al siglo XXI del fascismo y el decálogo de un dictador. Y el Ojo tiene dudas de que seamos plenamente conscientes del horror que se nos anuncia en el panfleto.

    No hay espacio en esta columna para explayarnos sobre el papelito de Trump, que como cualquier tirano con garrote en mano nos dice, fundamentalmente a los europeos y a los latinoamericanos, lo que tenemos que hacer, qué debemos pensar, cómo hemos de gobernarnos, qué aliados nos permite tener y a qué personas podemos admitir —inmigración cero— en nuestros países débiles y empobrecidos, en manos de unos dirigentes corruptos, si hemos de atender a sus palabras. Y este tipo, que se ha llenado aún más los bolsillos desde que gobierna, se atreve a darnos lecciones de honestidad. Un tipo que ha dejado bombardear Gaza a conciencia, más de 70.000 muertos, que autoriza y aplaude que se hundan barcos con sus tripulantes a bordo en aguas internacionales, que quiere destrozar a Ucrania para hacerse con sus tierras ricas en minerales… En fin, este monstruo naranja nos amenaza y nos insulta con la prepotencia y la obscenidad del capitán del barco negrero. Os dejo las espaldas sangrando porque aquí, este que les habla, es el amo del mundo.

    Permitan al Ojo algunos rápidos apuntes. Uno. Se atreve a acusar a los países europeos de no respetar la libertad de expresión, cuando él mismo amordaza a las universidades críticas, pide a voz en grito que echen a los periodistas que no le gustan o llama cerdita a la reportera que ha osado preguntar con libertad. Además, como todo el mundo sabe, de pergeñar y expandir bulos como una máquina loca. Dos. Inmigración. ¡Qué curioso, proponer su desaparición precisamente desde un país de inmigrantes! Él mismo proviene de familias alemanas y escocesas. Su primera mujer, Ivana, había nacido en Checoslovaquia, y Melania lo hizo en Yugoslavia, hoy territorio esloveno. Pete Hegseth, su ministro de Defensa, el tipo que ordena ametrallar esos barcos venezolanos en alta mar, es de ascendencia noruega por ambos lados de la familia. Dice la Wikipedia que una prueba de ADN realizada en 2018 mostró que tenía un 96,4% de ascendencia escandinava. No hará falta qué les diga nada de su ministro de Exteriores, Marco Rubio. Veamos a sus milmillonarios de la corte de los milagros. Elon Musk, nacido en Pretoria, Sudáfrica. Jeff Bezos, Amazon: su padre biológico era danés, Theodore Jørgensen, y su padrastro, de quien tomó su apellido, Miguel Bezos, nació en Cuba, de padres españoles, oriundos de Valladolid. Los antepasados de Mark Zuckerberg eran judíos procedentes de Alemania, Austria y Polonia. Así, hasta el infinito. ¿No nos molestan los extranjeros ricos, pero echamos a la basura a los desheredados de la fortuna que solo buscan, como hicieron los padres o abuelos de esos dirigentes zafios, optar a una vida mejor, menos miserable?

    Tres, que podríamos alargar esta tortura hasta el infinito: nos anuncia, a bombo, platillo y coro multitudinario, que va a apoyar sin fisuras a los partidos de extrema derecha de Europa, ya sean los neonazis de Alemania, Le Pen, Meloni, Salvini o, por supuesto, nuestro ínclito Santiago Abascal, lo que significa que Trump va a soltar dólares a cascoporro de lo que se beneficiará sin duda alguna su socio, el Partido Popular de Feijóo. ¿Verdad que son unos patriotas intachables, la bandera rojigualda, pero la cartera sí puede llevar la bandera de las barras y estrellas? Como si luce la del arco iris, se dirán. Al tiempo, esos cuates que dirigen las redes sociales y que antes hemos situado en el entorno más inmediato de Trump, que esparcen a millones las mentiras y que hozan en la desinformación, van a tener carta blanca para continuar su deleznable invasión, su ruptura total de una sociedad democrática. Con su repercusión obvia, que también les llegarán algunos cuartos, a nuestros amigos de la prensa de la caverna.

    Y cuatro, pongámonos de pie, que no podemos acabar con tanta tristeza ante estas amenazas reales. Evidentes, palpables. Que esta brutalidad, este chantaje, esta provocación, debe servirnos de revulsivo para plantar cara al déspota infame. Es vergonzoso ver cómo a la Unión Europea le tiemblan las piernas para decir basta ya a tanto desmán, a tanto insulto, a tanta agresión brutal. Debemos exigir, saliendo a la calle si hace falta, que no vamos a aceptar injerencias de los feroces dirigentes de aquel país, epítome de la injusticia y la explotación de los menos favorecidos. Ellos son los que van a acabar con la civilización aportada por el humanismo que tanto nos ha costado construir, ellos son los mentirosos, ellos los racistas. Europa debe reaccionar con brío y para ello habría que decirles a los máximos representantes actuales que son unos cobardes y unos irresponsables. Ahora es el momento de frenar a la bestia. ¿Alguien sabe qué dice o qué hace Ursula von der Leyen en esta gravísima situación, ante un tipo enloquecido que viste una gorra roja, golpeando con la cachiporra a la Unión Europea? Sólo el presidente del Consejo Europeo, el socialista António Costa ha mostrado un mínimo de dignidad. Y quien crea que es mejor no enfrentarse al escandaloso agresor, que repase la historia de Europa de los años treinta y compruebe de qué sirvió la política de apaciguamiento de Neville Chamberlain con Hitler. ¿Comparación excesiva? Dejen seguir a la fiera y ya veremos. Otro tanto tendrían que hacer los países latinoamericanos, despreciados y humillados en el mismo papelín por el nefario inquilino de la Casa Blanca. Hoy, Venezuela, mañana Colombia, pasado mañana Cuba si así le pete al lobo feroz y nadie pone freno a su barbarie. ¿Miedo o indignidad?

    ¿Algo más tiene el Ojo en la faltriquera? Por supuesto, que la aberración de la política sanitaria del PP —abre la saca, Quirón, abre la otra saca, Ribera—alcanza cotas de indignidad en la Comunidad de Madrid. La polímata y reina del vermú puede decir misa, pero ya nadie la cree, ahogada entre los papeles y los audios expuestos por medios serios y las denuncias en los juzgados. La heredera de Esperanza Aguirre, intocable para la justicia, recuerden esa página web de su perrita que llevaba la frutera de Madrid, ha perdido toda credibilidad, si es que alguna vez la tuvo, y de nada va a servir el pelo blanco de su edecán. Por si hubiera poca tela que cortar, en el horizonte más próximo reaparece la sombra de aquellas 7.291 muertes de las residencias de mayores en la Comunidad de Madrid, víctimas de una crueldad sin límites. Claro que puestos a indecencia, lo de Mazón no tiene parangón en la vida pública. Como lo de su protector Feijóo, lengua sucia, manteniendo y con sobresueldo al susodicho caradura, qué tíos, todos ellos, tan cojonudos. Dicen en el PP que han pasado página, pero seguro que no lo han hecho, ni lo van a hacer, el pueblo valenciano y la justicia. Los culpables, indeseables y negligentes, recibirán su merecido.

    Hablando de los bajos, habrá que recordar el caso de Francisco Salazar. Qué vergüenza. Por supuesto las múltiples vejaciones a las mujeres del dirigente socialista, pero ese sentimiento oprobioso se multiplica ante la inactividad de la dirección del partido, plagado de señoras, por cierto, que no movieron un músculo para resarcir a las víctimas —¡qué menos que escucharlas!— y dejaron al zángano acosador libre del justo castigo. Está bien que Sánchez asuma las críticas, pero alguien tendrá que pagar por esa iniquidad con su cargo. ¿Bastará con el cese de Antonio Hernández, meses de retraso? Sinceramente no se entiende que un asunto de este calibre se haya dejado pasar durante tanto tiempo. ¿Nadie gritó? ¿Nadie exigió nada? Mala, muy mala es esa omertà que domina en la sede de Ferraz. El silencio y la mansedumbre que dejó engordar a Cerdán, a Ábalos, a Koldo. Quizá ahora aprendan en ese partido y dejen las vendas para los esguinces. Mano dura y seriedad, que se juegan la credibilidad, carajo.

    Por lo demás, poca cosa, que todo suena a repetitivo. Esa sentencia del Supremo que nunca llega, dos días para saber que el fiscal general era culpable y semanas para decidir por qué. Tú eres el asesino, los sabios magistrados no tenemos dudas, pero ahora nos pondremos a averiguar en qué nos basamos y cómo se lo explicamos al respetable. ¿Las andanzas del juez Peinado? Graves, pero aburridas. A ver qué pasa en las elecciones extremeñas, difícil elegir una candidatura peor que la escogida por los socialistas, poco habría para seleccionar. Las dudas, pues, cuánto PP, cuánto Vox. Qué desgracia la nuestra.

    Adenda
    Y entre tanta miseria, encima tenemos que ocupar nuestro escaso tiempo con Eurovisión y su festival hortera, esa cochambre de canciones espantosas, señoras y señores gritando a pleno pulmón, el que les deja operativo los múltiples saltos y piruetas que deben dar los concursantes en esos escenarios llenos de luces y fuegos artificiales, esas divas y otros horrores. Decíamos de Europa. Ni ante ese bochorno de que los genocidas se rían en nuestra cara somos capaces de decirles a los israelíes a ustedes no los queremos, váyanse de aquí y llévense su miserable propaganda de paz al mismísimo despacho de Netanyahu.

    Bien por RTVE. Nos ahorramos un enorme saco de estiércol estético.

  9. Ayuso motosierra de España

    Juan Torres López, economista: “Ayuso es la referente de la economía de la motosierra en España”
    El catedrático de Economía Aplicada, jubilado desde hace unos meses, critica que la izquierda «ha puesto en bandeja» a su electorado ante la extrema derecha

    Dos años de Milei en Argentina: cómo la motosierra ultraliberal desplomó la industria y “uberizó” el trabajo

    El economista Juan Torres López (Granada, 1954) bromea con que “España se está convirtiendo en un país donde se escribe más que se lee”. Lo hace justo antes de arrancar una entrevista para presentar su nuevo libro, Cómo sobrevivir al trumpismo y a la economía de la motosierra (Deusto), donde describe la “ofensiva global contra los pilares del Estado social” que encabezan los presidentes de Estados Unidos, Donald Trump, y Argentina, Javier Milei. Los dos que gráficamente han colocado la “motosierra” en el imaginario como metáfora del recorte del gasto público, caiga quien caiga.

    Torres, jubilado desde octubre como catedrático de Economía Aplicada en la Universidad de Sevilla, advierte que estamos viviendo un “cambio de era” y que es necesaria una nueva “caja de herramientas para enfrentarlo”. Pero la Unión Europea (UE) y España están lejos de aportar esas soluciones que frenen la ola reaccionaria.

    ¿En qué consiste la economía de la motosierra?

    Es la vieja política de austeridad, de recorte del gasto social y de utilización del Estado para favorecer a los más ricos pero aplicada de una forma grosera, inhumana, sin freno, sin disimulo y violentando las libertades y la democracia. Es un paso más allá y mucho más peligroso para las sociedades democráticas.

    ¿Cuál diría que es ahora mismo su referente en España?

    Quien aplica este tipo de medidas de manera bastante clara, pero todavía quizás no tan exagerada, es Isabel Díaz Ayuso en Madrid. Pero, en Andalucía, con un lenguaje y con unas formas un poquito más moderadas, se lleva a cabo una política de recortes en servicios públicos que va a ser muy peligrosa.

    Es verdad que aún no hemos llegado a los extremos de Trump o Milei, pero porque todavía no disponen del Gobierno central. Pero, en cuanto la derecha llegue al Gobierno del Estado, las políticas que aplicará serán claramente de motosierra porque ya las han hecho antes. Y dependiendo de quién sea que lidere ese proceso, tendrá un aspecto más o menos semejante a esa actitud grosera, chulesca, antidemocrática y autocrática de Trump o Milei.

    La economía de la motosierra es la vieja política de austeridad pero grosera, inhumana y sin freno

    En el libro menciona que Trump y Milei no son causas, sino síntomas del sistema. ¿A qué se refiere?

    Es un poco ingenuo pensar que cualquier personaje puede ganar unas elecciones y llegar al Gobierno de un país tan importante como Estados Unidos, Argentina, Reino Unido… simplemente por su propia iniciativa. Necesita contar con el dinero y el apoyo mediático de grandes grupos de poder. Trump ha recibido el soporte explícito del poder financiero, el nuevo capital tecnológico y de los grupos industriales muy potentes que aún existen allí. Y Milei tiene el apoyo de material de la casta argentina que se enriquece con los gobiernos corruptos desde hace décadas. Aunque sean personajes ‘singulares’, en realidad no son versos sueltos, sino que aplican las políticas que requieren y demandan los grandes grupos que gobiernan el mundo y sus países en concreto.

    Trump ha aprobado su One Big Beautiful Bill (‘Una ley grande y bonita’) con grandes recortes fiscales a los ricos. ¿Cómo puede ser esta nueva ultraderecha tan atractiva para las clases populares cuando defiende intereses totalmente opuestos?

    Ese es el resultado de tres fenómenos. En primer lugar, quien pone la bota sobre el cuello del que tiene debajo ha de convencerlo de que eso es lo que más le conviene. En estos momentos se dispone de más medios que nunca para mentir y generar falsas realidades. En segundo lugar, la gente que apoya a la extrema derecha se siente muy desposeída y fuera del abrazo de las fuerzas políticas de las que cabría esperar su apoyo. Hay un fracaso generalizado de las izquierdas en todo el mundo, que no han sabido responder a ese proceso de desposesión y han puesto en bandeja a su propio electorado a la extrema derecha, que habla de los problemas que les preocupan.

    Esos dos fenómenos, unidos a que hay una connivencia más fuerte que nunca entre el poder político, los grupos de presión, los mediáticos… permite hacer discursos que entroncan con los sentimientos y preocupaciones corrientes de la gente.

    Las tecnológicas cada vez tienen más peso en el sistema económico, lo estamos viendo con la emergencia de la inteligencia artificial y también con las redes sociales. ¿En qué medida está relacionado?

    Está perfectamente imbricado porque ese nuevo capital se está consolidando como muy poderoso y tiene la virtud de ganar dinero al mismo tiempo que logra consenso y legitimación. Tienen la capacidad de ganar dinero y también para silenciar, desmovilizar y evitar que quienes resulten desposeídos se den cuenta de lo que pasa y se levanten.

    Para que la economía de la motosierra sea posible hace falta tener un control muy estricto de los aparatos del Estado. Y, curiosamente, quienes se arropan con la ideología supuestamente liberal o anarcoliberal utilizan el Estado y todas las palancas del poder con una fuerza y una discrecionalidad nunca antes vista. Nunca se había utilizado el Gobierno de manera tan manifiestamente arbitraria y partidista como hacen hoy Trump o Milei.

    Cada vez estamos más individualizados y menos sindicalizados. ¿Nos hace eso más vulnerables?

    Lo que trato de señalar en el libro es que, por un lado, la vulnerabilidad se incrementa como consecuencia de este capitalismo empachado de beneficios en el que estamos. La pobreza se extiende, la frustración, el dolor, el sufrimiento, la precariedad y el trabajo que empobrece. Pero, al mismo tiempo, se puede apreciar que las sociedades mantienen formas de organizar la vida contrarias al capitalismo.

    ¿Como cuál?

    No hay que irse a otro planeta. Tenemos experiencias que no responden a la lógica del lucro: desde la sanidad pública, las empresas públicas, el cooperativismo… Cientos de experiencias de organización descentralizada que impactan directa o indirectamente sobre la vida de miles de millones de personas. No abren telediarios, pero están presentes son exitosas aunque se desarrollan en un entorno obviamente hostil.

    En las últimas semanas hemos visto que desde la Casa Blanca no se deja de atacar a Europa. ¿Está jugando bien la UE sus cartas para frenar esta ola reaccionaria?

    La Unión Europea hace mucho tiempo que se autoinmoló. Se autoinmoló cuando se diseñaron mal a propósito las instituciones financieras y de gobernanza. Se autoinmoló cuando hizo una apuesta ciega y torpe por depender de Estados Unidos. Y se autoinmoló cuando no se dio cuenta de que la complicidad de la sociedad, que sintiera que Europa es cosa suya, es fundamental para salir adelante.

    Europa renunció a ser un polo de independencia, de soberanía, de eficiencia y de apuesta por la paz. Y, al mismo tiempo, Estados Unidos, en cuyos brazos se dejó caer la UE, se encuentra ahora en una situación de declive en la que ya no puede seguir manteniendo su dominio imperial, como el abuelo rico que paga la juerga de sus hijos y nietos. Tiene que mantener su hegemonía por la fuerza. Y ese proceso lo dirige una persona como Donald Trump, sin frenos ni límites.

    La UE se autoinmoló con su apuesta ciega y torpe por depender de EEUU

    Y, singularmente España, ¿está reaccionando bien para frenar la ola reaccionaria?

    España está en una situación muy difícil y comprometida porque sus socios no están actuando con mucha dignidad. Europa no está respondiendo a Estados Unidos: la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, se va a un campo de golf propiedad de Trump a negociar, si es que se le puede llamar así. No hay voces que respondan a los insultos.

    Tener dignidad, ejercer la soberanía, defender los intereses de la nación frente a los insultos, las amenazas, la violencia y los actos criminales e ilegales que lleva a cabo Estados Unidos es muy difícil. Es comprensible que el Gobierno tenga que ir con pies de plomo porque se enfrenta, sin casi protección de quien debería proporcionársela, a un imperio en declive, que se va a defender con la fuerza y la agresión.

    En este nuevo mundo bipolar, ¿cree que acercarse a China es una jugada acertada?

    Seguramente el mundo va a ser más multipolar que bipolar, porque yo creo que China, que también está tomando posiciones a escala internacional. Yo creo que España hace bien en acercarse a cualquier polo del que pueda obtener impulso, respeto, beneficio, comprensión, ayuda y colaboración mutua. Sobre todo, cuando se comprueba que Estados Unidos lo que desea es una relación de vasallaje ya sin disimulo.

    ¿Qué opina sobre el aumento del gasto en defensa?

    Es un drama. Añade lo que ni siquiera ya es necesario para que nos destruyamos entre todos. Y porque en Europa el incremento del gasto en Defensa tiene poco sentido si no se construye un auténtico ejército europeo. Se está alimentando a la industria militar pero no se construye una fortaleza defensiva. Para eso haría falta más coordinación, más unidad de mando y política. Es un gasto solo útil para quienes van a recibir miles de millones de dólares.

    A esta presión no se le puede hacer frente si no es con complicidad ciudadana, con una ciudadanía movilizada que reclame paz, sensatez y estar en condiciones de repeler cualquier agresión.

    Se ha jubilado hace poco. Cada vez hay más jóvenes que cuestionan el sistema de pensiones en un momento en el que la juventud lo tiene realmente complicado. ¿Se está rompiendo la solidaridad intergeneracional?

    Eso es lo que se procura por parte de los grupos financieros que, desde hace ya décadas, intentan quedarse con el ahorro de la población y romper el sistema público de pensiones. Los mismos que buscan quebrar el sistema público de sanidad. Tienen mucho poder y medios de comunicación y eso les permite difundir un discurso materialmente falso, sustentado en tesis teórica y científicamente insostenibles, pero que provocan miedo e inseguridad.

    Lo que me parece sorprendente es que los partidos, los sindicatos, las organizaciones que defienden los sistemas públicos no generen auténticos ejércitos de ideas que hagan pedagogía y salgan a las calles a explicarle a la gente lo que de verdad ocurre. Que no cuenten con los intelectuales para enseñar y divulgar la realidad de las cosas. Eso es lo sorprendente, no que quien tiene el poder mediático y político logre convencer a los jóvenes de que se van a quedar sin pensiones como consecuencia de la mejora de la productividad, lo que dará lugar a que haya menos gente trabajando, algo que todavía está por ver.

    La única manera de resolver el problema de la vivienda es que las casas sean para la gente que va a vivir en ellas

    El mayor problema que hay ahora mismo en España es el de la vivienda. ¿Qué cree que hay hacer? ¿Se están tomando las medidas adecuadas o se están repitiendo los errores del pasado?

    Es un problema global. Se ha generado una capacidad de ahorro tan extraordinaria, no solo en el 1 o 2% más rico de la población, sino también en capas relativamente medio altas, que ha derivado en un poder de compra brutal. Y ese ahorro está dirigiéndose a la vivienda como un bien de inversión. Mientras se permita que la vivienda se desnaturalice y sea adquirida como valor refugio, los precios no van a dejar de aumentar. La única posibilidad que permitiría cortarlo de raíz es garantizar que la oferta se pone realmente a disposición de quien la necesita para vivir. Porque si se construyen más casas pero las compran quienes han tenido ese ahorro extraordinario, no se va a resolver nunca el problema.

    En el libro plantea 15 propuestas de políticas que, dice, son “elementales y de sentido común”. ¿Hay alguna formación que esté cerca de lo que propone?

    Más que propuestas, lo que he tratado de expresar es que vivimos en un contrasentido. Nadie permitiría que el árbitro de una final de Copa entre Real Madrid y el Barcelona fuera socio del Barcelona, por ejemplo. Si hablamos de que la economía de mercado es lo mejor porque permite que haya precios que generan satisfacción y equilibrio, no tiene sentido que no reflejen los costes y los beneficios de la producción. No tiene sentido pilotar un avión fijándose solo en la velocidad, hay que tener en cuenta otros indicadores. Y eso es lo que está sucediendo en la economía de nuestro tiempo. Hace ya más de 50 años que muchísimos economistas de todas las tendencias dicen que no se puede gobernar la economía teniendo en cuenta solo el Producto Interior Bruto (PIB).

    Son cosas que son de sentido común, pero chocan con los intereses que gobiernan el mundo. Arreglar las economías requiere que la gente se empodere, que se tome conciencia y que haya democracia.

    El Gobierno defiende que ahora mismo la economía va a toda máquina, pero al mismo tiempo hay mucha gente que no lo nota en su día a día. ¿Cuál es la causa? ¿Si no hay capacidad de que la gente lo note, cómo puede tener la izquierda posibilidades?

    La economía, como una nave, circula bien, pero lo que ocurre dentro del barco puede que no. Indicadores importantes como el empleo, la actividad económica, las inversiones… están evolucionando positivamente. No olvidemos las predicciones que habían hecho economistas liberales o dirigentes del PP y Vox, que decían que la economía se iba a despeñar. Nada de eso ha ocurrido.

    ¿Qué ocurre? Que hay que ir poniendo la casa en orden por dentro. Y eso seguramente tiene que ver con que el Gobierno no ha querido o no ha podido llevar a cabo reformas estructurales que hubieran sido muy importantes, sobre todo por las condiciones parlamentarias. Pero es que tampoco se ha intentado. Se ha perdido la oportunidad histórica de hacer una reforma fiscal que nos pusiera al día. Eso lo vamos a pagar. Tampoco la financiación autonómica y el encuadre de las autonomías en las políticas del Estado. No se han corregido ineficiencias en las ayudas sociales.

    En sí, no se han hecho reformas que hubieran sido necesarias y que hacen que por dentro de la nave las cosas no vayan como sería deseable. Pero la nave no solo no se ha hundido, sino que es la mejor de toda la flota.

  10. Un desafío ético urgente y apasionante

    Escuchando las noticias de estos días, pienso que ninguno de los grandes problemas de nuestro mundo (violencia contra las mujeres, bullying, corrupción, emergencia climática) tienen solución dentro del marco político actual.
    No sólo porque son “problemas estructurales”, como solemos llamarlos, sino porque son problemas culturales y antropológicos. Es decir, no sólo problemas “objetivos”, sino relativos a conductas, a formas de vida, a hábitos.
    En el mejor de los casos se ponen en marcha medidas de contención, de control, de sanción, de posposición o aplazamiento, pero el mal está situado en un lugar inaccesible a la voluntad política.
    Los casos salpican la actualidad, pero nadie sabe nada, nadie conoce a nadie, nadie es responsable de nada. Como decían aquellos presos de ‘Cadena perpetua’ entre risas: “aquí todos somos inocentes”.
    Como la política es lucha de poder, la responsabilización está fuera de lugar. Sería mostrar debilidad, darle argumentos al adversario, ceder terreno. Todo son entonces balones fuera, y tú más, ya os lo dije, y algunas medidas de superficie (expulsión, protocolización, dimisión cuando la cosa ya no aguanta más) para calmar el ruido mediático.
    Günther Anders proponía una forma insólita y radical de responsabilidad que no pasaba por reconocerse culpable ante ningún tribunal, sino por hacerse cargo de aquello que uno no ha decidido o querido, de lo que incluso podía no saber nada, pero en lo que estaba envuelto e implicado.
    Un ejemplo posible: hombres que “no han hecho nada”, pero que deciden pensar qué significa ser hombre, en qué tipo de estructura se está envuelto, cómo se participa por ello de privilegios y violencias, qué hacer al respecto.
    Asumirse implicado para transformarse y transformar, con otrxs implicadxs, tanto estructuras como formas de vida, desembarazados de la tonta idea de una sociedad sin problemas, sin mal, transparente. Un desafío ético urgente y apasionante, un tabú político absoluto.

  11. Pingback: La plutocracia trumpista ha clavado sus garras en Venezuela - Aieteko Bizilagunen Elkartea

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