
La novela de Masuji Ibuse reconstruye, desde la literatura, la experiencia de quienes sobrevivieron a la bomba atómica lanzada sobre Hiroshima el 6 de agosto de 1945.

El próximo jueves 12; a las 18:30; el debate literario se centrará en la memoria traumática de Hiroshima que vertebra Lluvia negra de Masuji Ibuse –presentado por Lola Arrieta– y su adaptación cinematográfica por Shohei Imamura (Film que presenta Jesús Garmendia a las 18:00 del viernes 13).

Casa de Cultura, Topaleku, Katxola, este 2026, celebramos 20 años de programación mensual dedicada al diálogo entre literatura y cine, en este caso el encuentro y análisis se centra en los calamitosos resultados de la bomba atómica.

En el encuentro literario con Masuji Ibuse y su novela Lluvia negra (1965), el libro sigue la historia de una joven, Yasuko, que se vio sorprendida por la lluvia negra radioactiva caída en los alrededores de Hiroshima.

Más de ocho décadas después, de Hiroshima guardamos la imagen del hongo nuclear; una columna de humo elevándose hacia el cielo, el paraguas oscuro del estallido. Hay que imaginar los primeros ojos que vieron el destello y los primeros que quedaron ciegos; los primeros rostros calcinados, los primeros cuerpos heridos.

La literatura permite acercarse a esa experiencia. Una novela sirve para vivir las vidas que no tenemos, para romper el aislamiento que nos separa de los otros y sentir, por un instante, lo que sienten los demás.
La bomba atómica se ha convertido en una de las grandes metáforas de la modernidad: la ciencia al servicio del poder y la capacidad humana de destruirse a sí misma. Miles de inocentes murieron y cientos de miles quedaron marcados para siempre.
Hoy en Iran, en Gaza, en Ucrania, en varios piases africanos o asiáticos, la guerra que no cesa, la destrucción como ‘arma civilizatoria’

Frente a la frase de J. Robert Oppenheimer —“yo soy la muerte”—, resuenan las voces de quienes sobrevivieron. En Lluvia negra, Masuji Ibuse recoge los diarios y testimonios de personajes como Shigematsu Shizuma y su sobrina Yasuko, víctimas del bombardeo y de sus consecuencias.

Con un estilo sobrio y austero, tan devastado como la ciudad tras el ataque, la novela da voz a quienes rara vez aparecen en los relatos históricos. Porque mientras la Historia conserva la memoria de los hechos, la novela guarda la memoria de las personas.
“Lluvia negra” (Shōhei Imamura) está basada en la novela del mismo nombre de Masuji Ibuse. Está rodada íntegramente en blanco y negro, y es un alegato antibelicista en el que Imamura nos habla sobre la inutilidad de todas las guerras. «Más vale una paz injusta que una guerra justa», asegura uno de los personajes. Y mientras tanto, la siniestra sombra de la enfermedad del átomo se va extendiendo sobre los ‹hibakusha› (los bombardeados, en japonés), los que sufrieron irradiación directa o posteriormente recibieron en sus cuerpos las pegajosas gotas de una misteriosa lluvia negra, compuesta de partículas radiactivas. Hay un diálogo entre Shigematsu y un amigo suyo al que le quedan pocos días de vida que aborda directamente el quid de la cuestión. El amigo se sigue preguntando por qué los norteamericanos arrojaron la bomba si Japón ya estaba condenado a perder. «Dicen que fue para acelerar la guerra» responde Shigematsu. «En ese caso, ¿por qué no escogieron Tokyo?» contesta, y se lamenta de que va a morir y lo va a hacer sin respuestas. Como tampoco las tienen los ‹hibakusha› que todavía quedan, décadas después, y que siguen sufriendo resignados los efectos de la bomba.
