Se proyectó el viernes 11 de abril en la Casa de Cultura de Aiete

Película presentada por Pello Gutiérrez Peñalba, con la colaboración de Lola, en el marco del ciclo cultural dedicado a Perú
Wiñaypacha es una obra fundamental del cine peruano

No es fácil ver en Donostia una película rodada íntegramente en idioma aimara, con un equipo conformado en su mayoría por hablantes nativos de esa lengua

El propio presentador, experto profesional del cine, nos decía que gracias a este compromiso había sabido de la existencia de este film
Son las virtudes de un cine-club, con casi 20 años de antigüedad, compromiso con el cine con raíces que no tiene por qué ser cine comercial
La proyección atrajo a algunas mujeres de la comunidad peruana residentes en en Bergara, Oñati o Donostia. Mujeres euskaldunas que vinculaban la suerte del aymara y el quechua con el decidido apoyo por el euskera (De este tema se habló en el coloquio, cómo se dice más abajo)

Wiñaypacha es una joya cinematográfica que trasciende el lenguaje para hablar desde lo más profundo de la condición humana, con referencias, en el coloquio, a las esencias humanas, la vida de estas personas podían recordar el neolítico.

Es el primer largometraje filmado completamente en aimara, representa un hito en la preservación y visibilización de esta lengua ancestral, dotándola de una presencia digna en la gran pantalla. La dirección de Óscar Catacora —quien también fue director de fotografía— es sobria y poética, construyendo cada encuadre como una pintura viviente (se decía en el coloquio). Las tomas estáticas, con la cámara a ras de suelo para poner a la pareja de protagonistas a la altura de las montañas que la rodean (nos ayudaba a ver Pello), paisajes imponentes y ritmo pausado que, para alguna de las personas presentes, evocan una clara influencia del cine neorrealista italiano, especialmente de autores como Vittorio De Sica o Roberto Rossellini. Esta estética no sólo retrata la soledad de los personajes, sino que también potencia la sensación de resistencia y conexión espiritual con la naturaleza.

Willka y Phaxsi, son dos ancianos que esperan el regreso de su hijo en lo alto de los Andes, en Puno,-que visitaremos a primero de mayo-, en la sierra sur del Perú, con un equipo conformado en su mayoría por hablantes nativos de aymara. Los nombres de los protagonistas significan “Luna” y “Sol” en su lengua origina y son interpretados por Vicente Catacora, abuelo del director, y Rosa Nina.

En el coloquio se decía que el tiempo y el paisaje son también protagonistas en el film, tiempo que se vive de forma circular y la confianza en mañana se convierte en el único refugio. Wiñaypacha no solo es cine, es memoria viva. Su valor radica en cómo convierte lo íntimo en universal, ofreciendo una experiencia emocional profunda y, al mismo tiempo, un acto político de reafirmación cultural (Nos referían las mujeres peruanas asistentes al evento).

La película es una joya del cine andino contemporáneo. Oscar Catacora, originario de El Collao, falleció trágicamente de un apendicitis, a los 34 años, mientras rodaba su nueva película. Wiñaypacha es un legado potente, una obra íntima con gran carga autobiográfica. El propio director relató que, siendo niño, fue enviado por su padre a vivir con sus abuelos en las zonas altas del Perú, una costumbre tradicional que él supo reflejar con ternura y melancolía.

Pello leía textualmente estas palabras de Óscar
“Vivíamos allá tres o cuatro meses durante las vacaciones. Existe esa costumbre entre quienes vinieron de las zonas altas del Perú al litoral»
Cómo hizo mucha emigración a nuestra ciudad entre años 50y 60. Como aquí, allí, «es una tradición que se está perdiendo.”
Nuestra sesión de cine-club se convirtió en un homenaje a este joven cineasta
Pello vivió una experiencia similar en honor a su aitá. Estuvo con nosotros el 14 de junio de 2019, con ‘Isiltasun Kalea – Músicos que tocan en la calle’ en recuerdo a su aita Juan Miguel Gutierrez (director de la cinta). Le acompañaba su ama Kany, compañera de producción

Nos decía el Pello que la película fue reconocida en diversos festivales: fue precandidata a los premios Óscar (2018) y Goya (2019), y en 2017 fue galardonada como Mejor ópera prima y Mejor fotografía en el Festival de Cine de Guadalajara.

Se abordó la película no solo desde lo emocional y político, sino también desde el aspecto técnico y cinematográfico, con intervenciones del presentador y la presentadora que ayudaron a profundizar aún más en su riqueza artística. En el debate surgieron varias interpretaciones; la pareja de ancianos está sola pero no abandonada por su pueblo; no vive en el neolítico, como se dijo de forma metafórica; la pareja es como la legua aymara, que puede desaparecer si no se la protege, y otras de debate más académico

El amor por los seres vivos que rodean a la pareja, a los que quieren como hijos, las cerillas como único invento de la modernidad -del siglo XIX, nos decía Lola-, el fuego destructor, la ancianidad y todo lo que rodea a sus personajes, nos conectan con una forma de ver el mundo, que los presentes reflejaron con nostalgia y cariño.

Como se dice más arriba, el debate tuvo varios momentos emotivos, entre otros escuchar a personas originarias del Perú, hoy residentes en Oñati, Bergara o el propio Aiete, palabras comprometidas con las culturas originarias de su país, el feminismo, la igualdad y la defensa de sus lenguas originales y el euskera.
Horietako bat, Luciana Alfaro, bergararra Martxanterak talde feministako kide da, eta baita Euskal Herriko Emakume Migratuen eta Arra-zializatuen sareko kide ere.

Nuestra época no ama la lectura. La época ama los personajes. Pero el verdadero personaje, es el libro
–La época no ama leer. Es decir, la época no ama el trabajo a veces duro, solitario, sin resultado inmediato, de la lectura como estudio. De la interpretación, como desciframiento y reapropiación del sentido, resonancia entre el cuerpo y lo leído, la biografía de quien lee y la palabra de quien escribe.
–Ama los personajes. Es decir, ama consumir los signos. Apariencias, imágenes de sí, espectáculo. Consumir el signo, separado de la intensidad que nos toca, nos cambia, nos compromete, nos obliga. Consume selfies, un selfie que puede tener cualquier decorado detrás (la revolución, la clase obrera, el malestar).
–Pero el verdadero personaje es el libro. El sujeto está en el libro, está en el ritmo de lo dicho o escrito, en su dificultad y opacidad, en la dificultad y opacidad que descubre en nosotros, pero de la que emerge un sujeto, no un consumidor de postales, sino un lector.
No vale que hagamos una crítica del coaching y la auto-ayuda y demás dispositivos neoliberales, sin una crítica (y una experimentación práctica al respecto) del postureo de las redes como espacio público hoy, sin una nueva atención a la forma, sin una consideración del markéting de lo viral, sin una economía libidinal del goce de las pantallas. ¿No?