Lantxabe vuela a las entrañas del Perú

A través de sus habituales medios literarios y cinematográficos, el Ciclo de Literatura y Cine, que organiza Lantxabe en la Casa de Cultura de Aiete, viaja a las tripas del país andino,de la mano de Lola Arrieta

[El próximo encuentro literario: Jueves 6 de marzo, 18:30 sobre “La ciudad y los perros”, novela completa en La Ciudad y los Perros – Mario Vargas Llosa – Aieteko Bizilagunen Elkartea]

“Los ríos profundos” (1958) de José María Arguedas y “La boca del lobo” (1988) de Francisco J. Lombardi, están separadas en el tiempo pero son un espejo de su realidad

En la presentación de la primera parte del ciclo dedicado a Perú -jueves 6 de febrero-, Lola, en su formato habitual, nos presentó a JMA, un autor entregado a la intimidad del mundo andino, a la herencia cultural quechua, argumento que se manifiesta en su obra literaria, y también en sus importantes aportes antropológicos y etnológicos.

Lola destacaba la vigencia de la obra de Arguedas, el impulso revitalizador de la raíz andina, que recorre sus últimas novelas, ‘Todas las sangres’ y ‘El zorro de arriba y el zorro de abajo’ (obra póstuma).

Arguedas, como él mismo manifiesta, no es un ‘aculturado’; apuesta por la dignificación humana en conjunción con todas las culturas andinas o de matriz colonial

Las críticas de ‘utopismo arcaico’ carecen de base -nos decía la moderadora-

JMA introdujo en la literatura una visión interior más rica e incisiva del mundo indígena, pero sin dogmatismos. La cuestión fundamental que se plantea en sus obras es la de un país dividido en dos culturas (la andina de origen quechua y la occidental, traída por los españoles), que deben convivir y cohexisten.

Su labor como antropólogo e investigador social se da en paralelo a la influencia que tuvo en su trabajo literario. (También se destacó su papel en las reivindicaciones sociales y libertad. Su estancia en la cárcel es la base de su novela ‘El sexto)

Lola destacó su estudio sobre el folklore peruano, en particular de la música andina. Al respecto tuvo un contacto estrechísimo con cantantes, músicos, danzantes de tijeras y diversos bailarines de todas las regiones del Perú. Y subrayó su contribución a la revalorización del arte indígena, reflejada especialmente en el huaino y la danza, muy presentes en la lectura de ‘Los ríos profundos’

Al zumbayllu -similar a nuestra peonza- está dedicado el VI capitulo de la novela comentada. La terminación quechua illu es una onomatopeya. Illu representa una de las formas de la música que producen las pequeñas alas en vuelo; música inexplicable que surge del movimiento de objetos leves, que recorre la novela desde el primer capítulo, como es el caso de la campana María Angola

Como acostumbra, Lola dedicó la segunda parte de su intervención a la novela objeto de este ‘encuentro literario’ «Los ríos profundos”»

Su protagonista, Ernesto, -trasunto del propio JMA- es un reflejo de la dualidad comentada: un niño que navega entre la herencia indígena y las imposiciones de una sociedad que lo rechaza. A través de la mirada de Ernesto, JMA nos sumerge en el Perú profundo, donde la naturaleza y la cultura andina son tan vitales como la injusticia y la violencia que imperan en los pueblos.
En la presentación se pone la lupa en la existencia de dos narradores para la novela. El primero es el narrador principal, un hombre adulto que evoca su niñez, es decir, una versión adulta de Ernesto. El segundo es una especie de narrador cognoscitivo cuya intervención es esporádica, se encarga de completar y mejorar la comprensión del lector respecto a los sucesos de la novela, aportando datos no conocidos por los lectores, sobre todo en temas de etnología.

En esta novela, el río Pachachaca es símbolo de vida y de destino. Y el puente que lo atraviesa la unión entre las dos culturas

José María Arguedas, la lucha entre un cuerpo mestizo y un corazón indio | Servindi – Servicios de Comunicación Intercultural

En la velada del pasado viernes, al día siguiente, las personas interesadas en el buen cine continuaron su inmersión en la cultura andina

Fue de la mano de Jesús Garmendia y del film “En la boca del lobo” de Lombardi que se proyectó, es obvio, en la Casa de Cultura de Aiete

Garmendia, como nos tiene acostumbrados, hizo una presentación amena, sencilla y documentada presentación

Jesús, conoce, sabe, de Francisco J. Lombardi, de su obra, de su compromiso, de su influencia.

El director, “En la boca del Lobo” nos traslada a un tiempo de horror. La película -basada en hecho reales*- sigue a un joven soldado, Vitín Luna, quien es enviado a un remoto pueblo andino en plena lucha contra Sendero Luminoso. Lo que allí encuentra no es una lucha entre el bien y el mal, sino un abismo moral donde la línea entre la barbarie y la justicia se desdibuja. En su recorrido, Vitín recuerda, de alguna manera, a Ernesto: ambos son testigos de una violencia que los supera, que los envuelve y que, al final, los transforma.

https://es.wikipedia.org/wiki/Masacre_de_Accomarca

Si ‘Los ríos profundos’ retrata la violencia estructural que ya latía en los Andes, ‘La boca del lobo’ muestra su estallido en el conflicto armado. En ambas obras, los pueblos andinos son las víctimas principales de un sistema que los margina, los somete y los devora. El río de Arguedas es el mismo que corre ensangrentado en Lombardi: un flujo de historias, de pueblos olvidados, de hombres y mujeres atrapados en una lucha donde la muerte siempre parece tener la última palabra.


Una vez más la agenda cultural de Lantxabe ha sabido encontrar dos obras, con lenguajes complementarios, el de la literatura y el del cine, unidas en un profundo nivel: la búsqueda de humanidad en medio de la barbarie. Tanto Ernesto como Vitín, aunque de maneras distintas, son testigos del sufrimiento y del miedo, pero también de la resistencia y la dignidad de un pueblo. Arguedas, quien luchó por reivindicar la cultura andina hasta su trágico suicidio en 1969, y Lombardi, quien retrató la brutalidad del conflicto sin concesiones, nos dejan un testimonio necesario: el Perú que ha enfrentado una lucha continua por su libertad desde su independencia. Si bien ha habido avances significativos, las sombras de la corrupción, la delincuencia y la pobreza amenazan el ideal de esta nación andina. Novela y película de autores peruanos, Arguedas y Lombardi, nos dicen que la esperanza sigue en el corazón de sus paisanos, que el sueño de la libertad pervive.

1 comentario en “Lantxabe vuela a las entrañas del Perú”

  1. Gustavo Espinoza

    El imperio de la impunidad

    Con 15 votos a favor y 6 en contra, la Comisión de Constitución del Congreso de la República aprobó una presunta “ley de Amnistía” ratificada con prisa asombrosa por el Pleno del Legislativo, en favor de integrantes de las Fuerzas Armadas y Policiales involucrados en la autoría de delitos vinculados a la violación de derechos humanos y otros, en el llamado periodo del “conflicto interno”. Ciertamente votaron a favor del dictamen los parlamentarios de Fuerza Popular, y los grupos más reaccionarios que apoyan al régimen actual.

    En torno al tema se han pretendido acuñar dos conceptos equívocos. El primero, pretende asegurar que se trata de “mandos” policiales o castrenses que actuaron “combatiendo al terrorismo y la subversión”.

    Tal afirmación es falsa y se orienta a convertir en “esforzados luchadores” a quienes, en los años de la violencia, atacaron, saquearon, robaron e incendiaron aldeas, y violaron y mataron personas impunemente. Al calor de esos delitos, se apoderaron de bienes que hallaron en los poblados o que arrebataron a víctimas sometidas a prácticas crueles, inhumanas y degradantes.

    No fueron héroes, entonces, sino verdugos, cuando no ladrones y asesinos, vestidos con uniformes que les había confiado el Estado. En su descargo, ellos pudieron argüir -no sin fundamento- que los enviaron “al frente” precisamente para eso, para cometer delitos a fin de escarmentar o exterminar poblaciones.

    Fue ese el caso de los que atacaron Accomarca, Umaro, Bellavista, y Llocllapampa en 1986, al mando de las Brigadas “Lince” operadas bajo la conducción inmediata de Thelmo Hurtado. Aun se recuerda que ellos encerraron niños y mujeres en una vivienda rural y les prendieron fuego hasta quemarlos vivos para luego lanzarles granadas de guerra para exterminar sus cuerpos.

    Los autores del hecho, interrogados en ese entonces por Congresistas de la República -el Senador Javier Valleriestra–aseguraron que obraron en cumplimiento de “órdenes superiores”, y asesinado a niños de tres y cuatro años para evitar que “crecieran terroristas”.

    En su momento, el Fuero Militar “condenó” a Hurtado a “8 días de rigor” por “exceso en el cumplimiento de su función”. Aunque después esa sanción se modificó, la institución castrense nunca lo dejó sin apoyo. Hizo todo por ampararlo enviándolo incluso a los Estados Unidos de Norteamérica para evadir la justicia. Adicionalmente, fue ascendiéndolo a fin de que “no se perjudique”.

    No fue por cierto el único caso, Hubo decenas de masacres similares en todo el territorio nacional. Podría recordarse casos específicos, como Santa Rosa, Putis, Pomatambo, Cayara, Parcco Alto, Chucchi; pero también la matanza de los Pernales, ocurrida en junio de 1986 -hace 39 años- y que dejara como secuela 300 muertos entre el CRAS de San Pedro y la Colonia Penal de El Frontón, bombardeada por la Marina de Guerra.

    Habría que excavar los suelos de cuarteles como Los Cabitos de Ayacucho, o Bases como la del Estadio Municipal de Huanta u otras situadas en Ayacucho, Huancavelica, Apurímac o Cusco, donde con toda probabilidad se habrán de encontrar restos humanos, para saber la magnitud de los delitos en torno a la materia.

    Además, cabría recordar el accionar de los Escuadrones de la Muerte, como el Grupo Colina, que exterminara alrededor de 60 personas en distintas jurisdicciones del país, desde La Cantuta hasta Pativilca, pasando por Barrios Altos. Para ellos, el gobierno de Fujimori en su momento ideó también una “amnistía” que no prosperó por la misma crítica internacional que se alzará contra la que se pretende imponer hoy.

    Al tenor del Proyecto sancionado por la Comisión Parlamentaria, los autores de estos crímenes no solamente serían eximidos de responsabilidad legal, sino que, además, quedarían ante la historia como “combatientes que lucharon por la pacificación del país”, como héroes temporalmente incomprendidos y sacrificados.

    Pero hay un segundo “argumento” que se ha usado para justificar la disposición que comentamos: Se asegura que “ya pasó el tiempo”, y que estos hechos nunca fueron juzgados. Hacerlo ahora, resulta “extemporáneo”

    Admitiendo que, en efecto, pasaron muchos años de estos crímenes, cabría preguntarse la razón de tal retraso. La culpa no fue, por cierto, de las víctimas. Tampoco de los familiares de ellas, que denunciaron los hechos y clamaron justicia. A más del obsoleto sistema de justicia -responsabilidad de la clase dominante- hay que señalar que en todos estos años los autores de estos delitos fueron protegidos por las instituciones policiales y castrenses que se esmeraron por dilatar los procedimientos y hacer aún más lenta la acción de la justicia.

    En algunos casos, los mantuvieron “fugitivos” y en otros los ayudaron incluso a irse del país para eludir la ley. El caso del “comandante Camión” resultó emblemático en su momento. Por lo demás, los encargados de intervenirlos para ponerlos “a disposición”, tampoco lo hicieron, de modo que pudieron vivir sin molestia muchos años. No tienen entonces autoridad alguna para argüir aquello de “el tiempo transcurrido”.

    Cabe subrayar que esta práctica punitiva, de crimen y exterminio, no fue privativa del Perú. Se aplicó en otros países como Chile, Brasil, Uruguay, Argentina y Bolivia. Formó parte de una suerte de “escuela de guerra” dictada por el Imperio para intimidar a los pueblos y acabar con la resistencia a las políticas opresoras de la clase dominante.

    Como ocurriera antes, es previsible que tanto en el país como más allá de nuestras fronteras, se levante ahora un sólido movimiento de protesta, rechazo y resistencia a una disposición como la que se pretende imponer en el país. Y es que en todas partes ha crecido la convicción que estos crímenes no se pueden pasar por alto. También es fuerte la idea que no prescriben con el paso del tiempo.

    Por lo demás, las Convenciones Internacionales que regulan los Derechos Humanos en el mundo han dispuesto ya que no proceden disposiciones o leyes que otorguen amnistía, indulto u otros similares en beneficio de responsables de estos delitos, los mismos que pueden ser materia de condena en cualquier tribunal y cual fuese el tiempo transcurrido. En otras palabras, los juicios se mantendrán abiertos en todas partes y las acciones que conlleven no prescribirán en ninguna circunstancia.

    Adicionalmente, en lo que se refiere al plano nuestro, estos Convenios suscritos por el Estado Peruano, tienen fuerza de ley y peso decisivo, dado que han sido considerados como mandato de la Carta Magna. El llamado “Control difuso” que opera sobre la acción de justicia, permitirá a los jueces eludir esta irrita disposición

    No basta entonces que lo diga una Comisión o un Pleno, para que se imponga. La sangre -dicen los ingleses- es más densa que el agua. No desaparece fácilmente

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