El otoño llega a Aiete con gran cine y literatura

Este jueves encuentro literario sobre la novela ‘Las escaleras de Chambord’ y el viernes Cine Forum con ‘Todas las mañanas del mundo’

La vida cultural en Aiete se reactiva siempre con la llegada del otoño y de la mano de Lola Arrieta, que la dirige desde un encuentro sobre ‘Muerte en Venecia’ que se celebró en el Topaleku de los jardines de Aiete en octubre de 2006. «El de Aiete es el programa decano de la cultura literaria y de cine», destacan desde Lantxabe, y se lo agradecen a Arrieta.

Programa (los acto son en la casa de cultura)

Jueves 5 de octubre a las 18:30: Encuentro literario con Pascal Quignard y su novela Las escaleras de Chambord, 1989. El escritor francés Pascal Quignard ha ganado el premio Formentor de las letras 2023, por eso estos días ha ocupado espacios en la prensa

Viernes 6 a las 18 horas, Cine Forum. Todas las mañanas del mundo (VOS) de Alain Corneau; 115´, 1991. Un film basado en la novela de Pascal Quignard -reeditada estos días- considerada como de las mejores de su obra, que sitúa al lector en la Francia del siglo XVII, narrando la historia del maestro de viola más importante de todos los tiempos, Monsieur de Sainte Colombe, y su relación con uno de sus alumnos, Marin Marais.

Con Jean Pierre Marielle y Gerard Depardieu. La banda original del film es de Jordi Savall. Y la presentación de la película corre a cargo del director del Coro Easo Sergio Pedrouso.

En noviembre más literatura y cine francés. El jueves 2 el encuentro literario será con la novela Los años de Annie Ernaux. La autora es premio Nobel de literatura 2022.

Y el viernes 3 nuevo Cine Forum. Juegos prohibidos de René Clement. Con Georges Poujouly, Grigitte Fossey, Madeleine Barbulee. Música de Narciso Yepes. Presentará el film Jesús Garmendia Ibáñez.

Por E. B. / REDACCIÓN 3 octubre, 2023

Un comentario en “El otoño llega a Aiete con gran cine y literatura

  1. Alain Garcia

    Annie Ernaux: “Macron va a hacer caer muy bajo a Francia”
    Una premio Nobel en la calle Robador no es algo que se vea todos los días. Algunas de las trabajadoras sexuales que allí se encuentran a mediodía miran con curiosidad a Annie Ernaux (Lillebonne, 1940), por la expectación que despierta a su paso. La escritora que ha hecho de su vida el tema único, exclusivo, de sus libros, transformándola en una experiencia universal con la que se identifican lectoras y lectores de medio mundo recibe a este diario en una sala de la Filmoteca de Catalunya, que proyecta estos días el documental ‘Los años de Super 8’, dirigido por ella y su hijo David y que, a partir de las grabaciones familiares, revela lo que ocultan las imágenes en movimiento de la aparente felicidad familiar y del mundo que la rodea. Las últimas publicaciones de Ernaux en España son ‘Lo que ellos dicen o nada’ (original de 1977, ahora en Cabaret Voltaire), donde narra la primera relación sexual con un chico, y ‘El lloc’ (1983, ahora en Angle), en el que cuenta la vida de su padre.

    Usted no se considera novelista, ¿verdad?

    No, no me considero novelista porque no escribo novelas. Lo que busco, a través de una forma conocida como autobiografía, es algo que ha pasado por mí y que, al ser estudiado y escrito, deviene universal. Algunos dicen que ‘Los años’ (2008), mi único libro escrito en tercera persona, sí es una novela pero tampoco, porque todo lo que cuento ahí es verificable, todo sucedió. Lo que sucede es que, ahí, mi memoria particular contiene la memoria colectiva.

    Es una emoción incontrolable, la vergüenza, no sabes de dónde viene ni puedes escapar de ella. Vive dentro tuyo y no la puedes compartir»

    ‘Los años’ es uno de sus mejores libros, en mi opinión, pero el más distinto a todos los demás.

    Esa vez se trataba de, escarbando en algo íntimo, sacar a la luz mi memoria colectiva, no tratarlo como algo individual. Tras la guerra, yo era una niña pequeña, pero conservo una intensa memoria de aquello. Hago historia, vengo de un lugar especial, Normandía, que fue muy bombardeada. Estos días todos celebramos el desembarco aliado del día D en Francia pero, para nosotros, los habitantes, fue un desastre, un auténtico horror porque había bombardeos por todas partes, miles y miles de cadáveres.

    Usted ha explicado en sus obras cómo su vocación literaria nació de la insatisfacción…

    Absolutamente. Sólo que yo no lo sabía, estaba muy desorientada. Tuve una historia en las colonias de vacaciones con un monitor, me fui de ‘au pair’ a Inglaterra, por las mañanas hacía de trabajadora doméstica y luego tenía mucho tiempo, que empleé en leer, muchísimo, mucha literatura francesa contemporánea, y fue entonces cuando, poco a poco, me dije: sí, yo voy a escribir. Más tarde, la vocación literaria acabó con mi matrimonio.

    Usted tiene muchísimos seguidores jóvenes, apasionados, especialmente mujeres pero también hombres. ¿Por qué conecta con ellos esa experiencia vital que explica, que no es la suya, y de otra época?.

    Quizá porque sufren básicamente los mismos problemas que en mi época, en lo que se refiere a las mujeres. Como hace 40 años, siguen siendo ellas las que cuidan a los niños, las que hacen la compra… Son las mujeres las encargadas de la transmisión de la vida, no solamente porque tienen los hijos en su interior, sino porque cuidan de ellos, se ocupan de las enfermedades, van al médico con los niños, se ocupan de la casa y de la cocina. Estas cosas no han cambiado fundamentalmente. Y la relación entre hombres y mujeres, es decir, la dominación, más o menos oculta, sigue existiendo. Lo hemos visto con el movimiento #Metoo hasta qué punto las estrategias de control del cuerpo de las mujeres siguen ahí. Y, si hablamos del otro aspecto de mi trabajo, que es la dominación social, tampoco podemos decir que haya desaparecido: las diferencias de clase y las diferencias culturales se encuentran en la sociedad actual. Lo que explica por qué los jóvenes me leen.

    Lo que hace en la película, revelar con sus comentarios lo que esconden las imágenes del Super 8 familiar, es más o menos lo mismo que hace en los libros, mostrar el envés de las cosas. Por ejemplo, ‘Lo que ellos dicen o nada’ es lo contrario de una típica novela romántica, muestra la primera relación sexual de una chica joven con un realismo descarnado.

    Es la realidad, las cosas tal como suceden, lo que se siente. Mi crítica no solo incluye a los padres, sino que también vale para los jóvenes revolucionarios del 68, que tenían un discurso de libertad, eran jóvenes burgueses que decían querer cambiarlo todo pero eran, antes que nada, machistas a muerte. Y no conocían para nada a la gente del mundo obrero, todo era teórico.

    La protagonista dice: “Ser obrero es una mierda. A veces me gustaría decir a la gente que viene: no mires la casa”. ¿Ha sentido usted esa vergüenza?

    Sí. Ese sentimiento de vergüenza dominó mi juventud. Yo soy una tránsfuga social, que mira su jardín y aún se pregunta: ¿por qué yo puedo mirar este paisaje bello y otros no? Mis padres no pertenecían al mundo dominante. Cuando estaban entre ellos, eran naturales, felices, alegres, parlanchines pero, bajo la mirada de gente bien vestida, ya no sabían ni hablar. Viví este sentimiento a través de ellos, y me esforcé mucho en corregir mi lenguaje, eliminar los tacos, pero me sentí mortificada muchas veces. Este sentimiento intenso de vergüenza es lo primero que te hace darte cuenta de que no perteneces al mundo dominante. Es una emoción incontrolable, la vergüenza, no sabes de dónde viene ni puedes escapar de ella. Vive dentro tuyo y no la puedes compartir.

    Su padre no quería saber nada de cultura, era muy diferente a usted, pero me gustaría saber si reconoce algo de él en la persona que usted es ahora.

    Claro, mi escritura, en el fondo, viene de ellos. Estoy escribiendo porque quiero vengar a mi raza. Eso es por ellos. Y tengo un diario que va a ser publicado después de mi muerte, por desgracia mi madre destruyó los primeros cuadernos, pero irá desde los 22 años hasta hoy. Allí ya digo, habiendo escrito mi primera novela, no publicada, que gracias a ellos seré capaz de hacer muchas cosas.

    Para la gente de Normandía, el día D fue un auténtico horror, con bombardeos por todas partes y miles de muertos»
    ¿Va a ser un diario aún más íntimo que sus libros?

    ¡Obvio! Lo que escribo de verdad sobre mí está en los cajones de mi habitación, no publicado en mis libros, aunque la gente crea eso. Hay una diferencia, creo que muy marcada, porque los libros tienen mucho trabajo detrás, son objeto de reflexión, de una forma mientras que el diario no se corrige, es espontáneo. En el diario, cuento una pasión, los hechos, en riguroso directo, pero no reflexiono sobre ellos. La autora del diario no sabe lo que vendrá después. Eso es su mayor virtud, es un presente puro.

    En ‘El hombre joven’, narra su relación con un joven estudiante universitario.

    Allí me dije: voy a tomar otro punto de vista, eso es lo más importante. Cuando un hombre mayor tiene como pareja a una chica joven intenta borrar esa diferencia de edad. No existe. Los escritores no ahondan en ello. Es algo que encaja bien con la imagen dominante que tienen de sí mismos. Mientras que yo la percibo, esa diferencia de edad, se me clava, a través de la sanción de la mirada social, en el restaurante o si nos cogemos por la calle. Y yo, que estoy tan apegada a la memoria, me doy cuenta de que no tengo la misma memoria que mi pareja, eso es colosal. Y la otra diferencia que percibo es que yo tengo más, es decir, me he hecho una vida, tengo un trabajo, he escrito… y él está empezando, así que no tiene dinero. De eso hablo: del lado material, el lado psicológico… Toco muy poco el aspecto sexual.

    En este caso, y en otros, ha escrito años y décadas después de los hechos. ¿Por qué?

    No sé, es un proceso que no domino. Tendría que ser capaz de partirme en dos y verme desde fuera, para poderlo escribir poco después, pero eso no es lo que ocurre. No se puede explicar, escribir es complicado.

    En ‘Mira las luces, amor mío’, habla de todo lo que sucede en su supermercado…

    Es que siempre he vivido en un entorno comercial, mis padres tenían un colmado y me fijo mucho en el intercambio de cosas. Veo llamativo el contraste entre la pequeña tienda de comestibles de mi madre y los grandes hipermercados actuales, que ya impactaron a mi padre. Un hipermercado es, además, un lugar por el que pasa la gente, lo fabuloso es que allí van casi todas las clases sociales. Hay más mujeres que hombres, es un lugar más femenino, pero también hay estudiantes, todas las categorías de población. Es maravilloso examinar a la gente a través de lo que compra. Dime lo que comes y te diré lo que eres.

    ¿Qué opina de la convocatoria de elecciones de Macron?

    Es una especie de juego de póquer, Macron levanta el mentón, se hace el ofendido y dice al pueblo: si queréis que la extrema derecha domine la Asamblea Nacional, a ver si os atrevéis, ¿vais a votarles a ellos antes que a mí para dirigir el país? Ahí es donde está el enorme peligro porque, en tres semanas, la gente no va a cambiar de opinión, van a confirmar su voto, no lo dude. Macron no afronta la realidad: su partido no puede salvarnos porque está muerto. ¿Qué podemos hacer al respecto? Para mí, formar un frente popular con todas las fuerzas de izquierda. Estamos en ello, y va a ser complicado. De verdad, lo que vendrá va a ser muy duro, Macron ha tomado una decisión que nos hará caer muy bajo.

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