Archivo de la categoría: Literatura cine cultura

Penúltima etapa; cabo Sunio

Un grandioso marco natural espera a la Odisea de Lantxabe que, bordeando el golfo Salónico, en un trayecto salpicado con algunas gotas de lluvia, pero espectacular, llega a uno de los marcos más bellos de toda Grecia.
El majestuoso templo dedicado a Poseidón, dios de los mares se eleva sobre una alta terraza.
Las nubes impidieron el placer de la puesta de sol, pero no el disfrute de un paisaje soberbio, rodeados por el mar Egeo teñido de diversas tonalidades de la plata
Fue un sueño de atardecer
a
La gente viajera se entretuvo también con una firma de Byron,del año 1810, en el pilar Norte.
De esta anécdota se habló en uno de los ciclos de Literatura y Cine
Los viajeros estaban maravillados ante tanta belleza, despues de haber disfrutado de auténticas joyas a lo largo del Viaje, que llega a su final

Teatro de Miramón, réplica del gran tesoro arqueológico griego de Epidauro

El miércoles que viene, 16 de mayo, la Odisea de Lantxabe habrá alcanzado la región de ‘La Argólida’, en la península del Peloponeso. Descubrirá Argos, avistará Micenas y hará noche en la bella ciudad costera de Nauplio
Al día siguiente 17 de mayo, jueves, la gente, emocionada, oteará, se acercará y pisará las gradas de Epidauro
El Teatro de Epidauro (Επίδαυρος) es uno de los grandes tesoros arqueológicos que han sobrevivido desde la época clásica griega. Se trata de un teatro conservado a la perfección, hasta tal punto que hoy en día se sigue usando para representaciones teatrales y conciertos (-Adelantamos que una actividad similar se puede hacer en el Teatro de Miramón-).
Los restos del teatro Epidauro fueron descubiertos en el siglo XIX en perfecto estado. En realidad, el teatro es sólo una parte de un complejo arqueológico mucho mayor: el Santuario de Asclepio, incluido en la lista del patrimonio mundial de la Unesco. A parte del santuario y el teatro, se conservan las ruinas de templos dedicados a Artemisa y Afrodita, y se puede visitar un museo con cientos de esculturas y otros restos hallados en el lugar.
Lo que hace fabuloso al teatro de Epidauro es su increíble acústica. Según los expertos, sólo puede deberse o a la casualidad o a un diseño muy avanzado. El tintineo de una pequeña moneda que cae en el punto central de la escena se puede oír desde la última fila de bancos, en un graderío con capacidad para 15.000 personas. Y como complemento, el espectacular paisaje que se divisa desde las gradas.
En Aiete podemos disfrutar de una réplica del teatro de Epidauro.
Como el teatro griego dispone de una increíble acústica.
Según el estudio que hizo Lur Paisajistak en la recuperación del Bosque de Miramón esta propiedad responde a un diseño en la construcción muy avanzado.
Nuestros coros, en fiestas, ‘Cum Jubilo’, ‘Otxote Ozenki’ se colocan en el punto central de la escena y sus canciones “a capela” se puede oír desde los últimos aseintos, en un graderío con capacidad para 3.200 personas. Su escenario mide 20 metros de diámetro y desde la última fila hasta el escenario hay un desnivel de 16 metros, o 114 escalones). La fuente contigua disponía de distintos programas de surtidores y de luces de color pero el vandalismo las hizo inviables. Y como complemento, como ocurre en Epidaauro, el espectacular paisaje que se divisa desde las gradas.
El teatro de Aiete se encuentra entre el barrio de Aiete y el Bosque de Miramon (muy próximo al Paseo Oriamendi).
Ahora forma parte integrante de lo que llamamos ‘espacio Katxola’, centro de dinamización e interpretación del Bosque de Miramón.
La dinámica de la vecindad organizada por Lantxabe vencerá, seguramente, la resistencia municipal a convertir el ‘teatro de Miramón’ en un centro de actividades culturales, con componentes distintos a las que se organizan en el Kursaal o el Victoria Eugenia, es decir al aire libre, pero con un importante efecto popular. Hace falta proponérselo. Y en ello estamos

Viaje al Olimpo


Más de medio centenar de donostiarras de Aiete, el Antiguo, Gros, Centro, Amara participan en este viaje mítico Olympia, Meteora, Delfos, Micenas, Mistras, Epidauro, Argos, Nemea, cabo Sunion, isla Egina, Atenas, que aúna placer por el viaje y cultura

Greece, Athens, Parthenon on the sacred Rock of the Acropolis


A la Acrópolis se irá pronto. De esa forma se elude las oleadas de visitantes. Una vez dentro del recinto, resulta imposible no extasiarse en la contemplación del templo de Atenea Niké, realizado por el arquitecto Calícrates, el mismo que luego colaboró en el vecino templo de Atenea Partenos, más conocido con el nombre de Partenón. Éste, el ejemplo más representativo del estilo dórico, se mantuvo en unas condiciones razonables de conservación gracias a su transformación en templo cristiano, primero, y mezquita después, durante la ocupación otomana. Los turcos fueron también quienes lo utilizaron como un polvorín, que estalló al impactar una bomba lanzada por los venecianos durante el asedio del año 1687, como nos recordó Mari Jose Noain en su conferencia de la Casa de Cultura de Aiete.
La destrucción fue vergonzosamente acrecentada por el embajador británico Elgin, que a principios del siglo XIX decidió decorar su mansión en Escocia con obras escultóricas de la Antigüedad clásica. Por tal motivo fueron arrancados los frisos del templo y sus magníficos bajorrelieves, las metopas y frontones, así como varias esculturas que se hallaban en el interior del monumento. Pese al empeño del Estado griego por recuperar esas joyas de su pasado, buena parte de los frisos se muestran aún en el Museo Británico de Londres.
El Partenón sigue dejando boquiabierto a quien lo visita. Como el Erecteión, de estilo jónico, con su célebre pórtico de las Cariátides, columnas con forma de mujeres jóvenes, que soportan el entablamento de la techumbre. O el Teatro de Dionisio, que fue el de mayor tamaño de la Grecia antigua, con una capacidad para unos 17.000 espectadores y que fue excavado y construido durante el siglo VI a.C. Con ser la Acrópolis el espacio más representativo de la Antigüedad helenística, en Atenas surgen al paso otros emplazamientos arqueológicos de considerable relevancia y magnitud. Es el caso del Ágora antigua, que, aunque en su origen se encontraba al noroeste de la Acrópolis, en el siglo VI a.C. se trasladó a los pies de la colina de Kolonos Agoraios. El Ágora constituyó el centro de la vida política, religiosa y comercial de Atenas y, como tal, sucesivas excavaciones han ido encontrando los restos de numerosos edificios dedicados a esos fines.
El Museo Arqueológico Nacional
Por su parte, los romanos también edificaron su propio Ágora. En ella se localizan los restos de la gran Biblioteca de Adriano, que fue construida en el año 132 y que tenía una planta de 122 por 82 metros. El edificio fue importante no solo por sus desaparecidos fondos bibliográficos sino también por su decoración: como ejemplo, parte de sus techos estaban decorados con elementos tan valiosos como el alabastro y el oro. En la visita al pasado de la capital griega no faltarán dos referencias más: el Museo de la Acrópolis, donde se conservan una buena parte de las esculturas que se salvaron del expolio extranjero, y el Museo Arqueológico Nacional de Atenas, con la más importante colección del mundo de objetos de la Grecia antigua.
Tras tanto vestigio histórico, quienes quieren tomar el pulso a la Atenas más actual no tienen más que acercarse a la plaza Monastiraki, que es la puerta de acceso al animado barrio de Plaka. Éste, de origen bizantino, es un atractivo laberinto de plazas y callejones que mantienen el ambiente de la época de dominación otomana, con sus comercios (aunque ahora la mayoría sean de recuerdos), sus alojamientos con encanto y vistas a la Acrópolis y, sobre todo, con sus decenas de restaurantes donde se puede degustar lo mejor y más auténtico de la gastronomía griega.
La plaza más intensa
Bordeando el barrio de Plaka, a través de la calle peatonal Ermou (la principal arteria comercial de la capital griega), se accede a la plaza Syntagma (de la Constitución). Allí está el Parlamento Nacional y la Tumba al Soldado Desconocido. La plaza Syntagma es epicentro de las protestas anticrisis de los últimos tiempos, y también es un apacible espacio y principal punto de encuentro para los atenienses, que también disfrutan del paseo por los vecinos Jardines Nacionales. Por su parte, la zona de Kolonaki, entre la plaza Syntagma y la colina del Licabeto, también regala un atractivo paseo, entre las tiendas más lujosas de Atenas, restaurantes gourmet, hoteles y edificios de estilo neoclásico.

La gran mudanza a Atenas


El documental ‘Katsikas, ecos de un éxodo’, se estrenó en Donostia, el pasado 9 de Marzo, en la Casa de Cultura de Aiete.
En el coloquio posterior con Zaporeak, esta ONG nos trajo el sufrimiento, el heroísmo, la solidaridad, con los inmigrantes y refugiados de distintas nacionalidades que acuden a sus comedores.
El ‘Retorno a Grecia’ que ha organizado Lantxabe, busca también la solidaridad con el pueblo griego y con los refugiados que acuden a sus islas y a sus costas.
Zaporeak, en aquella tertulia que sirvió de presentación de sus actividades en Grecia, nos hablaron, en primera persona, de la ‘La gran mudanza a Atenas’, de cómo ellos mismos se habían trasladado desde la la isla de Quíos a la capital griega. El miércoles 21 de marzo, Jesús Garmendia disertó sobre la crisis financiera griega y las consecuencias sociales y políticas para el país heleno.Y el director de ‘Katsikas’, Rodrigo Vázquez, nos contó cosas como las que escribe Nacho Carretero , en la web de ‘El Pais’, que se puede ver más abajo
Las fotos son de Angel López Soto. Esta última pertenece a la presencia de refugiados -alrededor de unos 700 ocupas- en un hotel abandonado a consecuencia de la crisis post juegos olímpicos
https://elpais.com/internacional/2018/05/03/actualidad/1525361401_657463.html

‘Una sola Humanidad en un mismo planeta’, por Jesús Garmendia

Aiete Kultur Etxea. – 4 de mayo
A continuación un amplio resumen de la presentar del documental titulado ‘El Mediterráneo, el mar de todos nosotros’
El origen de la civilización mediterránea es muy anterior al de la palabra «Mediterráneo». Según parece, esta se remonta al siglo IV d. C., cuando a Cayo Julio Solino se le ocurrió calificar como «mares mediterráneos» —es decir, «mares entre las tierras»— a la cadena de mares interiores entre Europa, África y Asia que los romanos habían llamado «mare internum», o «mare nostrum». Sin embargo, las ocurrencias de Solino tenían poco crédito, por culpa de su tendencia al disparate. Por ejemplo, defendía que en los confines del mundo existían hombres de una sola pierna con un pie tan grande que les servía de sombrilla. El uso generalizado del término no se impuso hasta dos siglos más tarde, cuando Isidoro de Sevilla dio con el calificativo de Solino y lo transformó en un nombre propio. Gracias a su autoridad indiscutible, la voz «Mediterráneo», en singular y con mayúsculas, quedó ya asociada para siempre a aquellos mares, sin que a nadie le importara en esa ocasión el hecho de que los mapas eclesiásticos fantasearan a tiro de dogma tanto como la cabeza de Solino acostumbraba a desbarrar por pura inclinación natural.
Su sola mención dibujará, para unos, una línea azul que separa los continentes europeo y africano de modo irremisible. Levantará un mar nuboso de vientos traidores, portadores de malaria, con marismas pestíferas y golfos acantilados, amenazado por cumbres volcánicas. Abrirá una fosa inmensa, en cuyo fondo reposan las osamentas humanas junto a los restos de barcos y pateras naufragados, de buques hundidos en cruentas batallas de nombres resonantes. Los peces de ese mar nadarán entre petroleros, mercantes y cruceros, tragando toda clase de desechos plásticos y metálicos.
Por el contrario, para las personas de naturaleza menos trágica, la palabra «Mediterráneo» sugerirá una confluencia de mares de la que nace un solo mar de aguas cálidas, propiciadas por el encuentro de los vientos del Atlántico y del Sahara. Un mar de riberas de olivares, viñedos y trigales, donde florecen también los cipreses orientales, las plantas americanas, los eucaliptos australianos. En sus oídos «Mediterráneo» remitirá al crisol donde se fundieron las grandes civilizaciones antiguas para cristalizar en eso que llamamos «la civilización mediterránea», de cuya existencia no dudamos por más escurridiza que se nos haga su definición.
Mi primer recuerdo del Mediterráneo no es el de una playa alicantina con suecas en bikini, sino el de un álbum de cromos de Nestlé titulado “Los viajes de Ulises”. En uno de la isla de Capri se veía una ladera de pinos de copa ancha inclinada sobre un mar azul añil, bajo un cielo luminoso. Aquel cromo fue «mi Mediterráneo» durante unos años.
Cada uno de nosotros tiene «su Mediterráneo» propio, conforme a sus vivencias, su temperamento e incluso su estado de ánimo; pero todos ellos proceden de una misma geografía e historia compartidas, de un curso común de la ciencia, el arte y la cultura. Todos hemos visto Calabuch, Bienvenido Mr. Marshall, El verdugo, Belle Époque, Amarcord, Stromboli, La escapada, Viaje a Italia, Muerte en Venecia…
Hoy veremos juntos otra película más: El Mediterráneo, el mar de todos nosotros, que trata de cuanto he dicho. Se trata de un documental estrenado en 2014, realizado por Michaël Pitiot con Yann Arthus-Bertrand como director de imagen, dos personas comprometidas con la protección del medio ambiente y la lucha contra el cambio climático, con una larga trayectoria profesional a sus espaldas.
Yann Arthus-Bertrand es presidente de la Fundación GoodPlanet y miembro de la Academia de Bellas Artes francesa. En 2010 fue condecorado con la Legión de Honor, el máximo galardón que se otorga en la república francesa. Nació en 1946. A los treinta años se fue a la reserva Masái Mara de Kenia y permaneció allí tres años, con su mujer, estudiando el comportamiento de los leones. Allí se hizo piloto de globos aerostáticos, para ganarse la vida; y descubrió así su vocación de fotógrafo aéreo, presente luego en todas sus películas. No hay más que ver los títulos de algunas: La tierra, vista desde el cielo (2004), París, vista desde el cielo (2010), Metz y su país, vista desde el cielo (2013) y Marruecos desde el cielo (2017). La belleza de la tierra contemplada desde el aire ha sido siempre un ingrediente fundamental en toda su obra. La otra constante de sus películas y series televisivas ha sido la concienciación acerca de los problemas ecológicos. Home (2009), Planeta Océano (2012), Human y Argelia, (ambas en 2015), Terra y 7 mil millones de otros (ambas en 2016) constituyen un auténtico apostolado ecologista.
Michaël Pitiot nació en 1970. En 1991 empezó en Zaire una carrera diplomática que continuó en Vietnam, de 1993 a 1998. Ese año decidió abandonar la diplomacia y regresar a Francia, partiendo de China, a bordo del junco Sao Mai, construido expresamente para ello. Aquel viaje de regreso en compañía de treinta voluntarios duró tres años y fue narrado en la película L’Odysée de Sao Mai, que le lanzó a la fama en el año 2001. De aquella epopeya nacieron también varios libros. Le cogió gusto al asunto y entre 2001 y 2003 se embarcó en una expedición de circunnavegación de la costa africana, que dio lugar también a más documentales y libros. En 2003 se fue a Afganistán y de ahí a Bután, al año siguiente. En 2006 rodó un documental sobre los perros huskies de Alaska. En 2009, otro sobre una historia de la piratería. En fin, la suya es toda una vida dedicada a su pasión por el mar y la ecología, plasmada en documentales y libros surgidos de sus andanzas aventureras.
La colaboración entre Arthus-Bertrand y Pitiot ha sido estrecha. Comenzó en 2012 con Planeta Océano y desde entonces han rodado juntos casi todos los años: en 2014, la película que vamos a ver a continuación, Argelia en 2015, Terra en 2016 y Marruecos desde el cielo en 2017. Todas ellas parten de la misma idea: somos una sola Humanidad en un mismo planeta. El Mediterráneo, el mar de todos nosotros aplica ese mensaje a la cuenca mediterránea. Para su rodaje se tomaron imágenes en quince países, a lo largo de todo un año. El montaje que vamos a ver hoy es la decantación de 175 horas de filmación. Igual de depurada ha sido la dirección musical, a cargo de Armand Amar. La riqueza visual y musical de este documental añadirá, sin duda, algunos recuerdos más a nuestra memoria del Mediterráneo.

De la isla de Egina a Munich, de Donostia a la isla de Egina

Los frontones del templo de la isla de Egina, en la Gliptoteca de Munich.
Fue una mañana muy agradable aquella del 4 de julio 2015.
El día anterior habíamos tomado tierra en Munich y por la tarde visitamos la Marienplatz, centro y alma de Múnich, famosa también por que en ella se celebran los populosos mercados de Navidad. Allí está el espectacular ayuntamiento. Reconocimos las Residenz, Residencia de Múnich, anterior palacio real de los reyes de Baviera, mansión urbana más grande de Alemania y uno de los mejores museos decorativos en Europa. Hacía calor, mucho calor.
Como refresco, una jarra de cerveza a la gigantesca Hofbrauhaus, en la zona vieja de la ciudad. Sus orígenes de remontan a 1589. El público general fue admitido en 1828 por decreto del rey Luis I de Baviera. El hall principal alberga 1500 personas y en el subsuelo se halla uno más pequeño para 1000. Siendo centro de la vida política y popular muniquesa en 1919, se proclamó en sus salones la República Soviética de Baviera. Lenin era de hecho uno de sus visitantes asiduos.
La mañana del 4 todavía guardaba algo del frescor de la noche. La dedicamos a visitar alguno de los muesos de Munich, entre otros ‘Las pinacotecas’.
La ‘pinacoteca de arte contemporáneo’ que aúna colecciones de arte moderno, diseño industrial, trabajos sobre papel y arquitectura. Su exposición permanente es fantástica, pero también las temporales. La planta sótano está dedicada al diseño, con interesantísimas piezas de mobiliario o tecnología partiendo del siglo XIX.
En la pinacoteca antigua ‘Lenbachhaus’, nos quedamos pegados, sobre todo, en el contenedor diseñado por el estudio de Norman Foster para la colección de obras del Jinete Azul, y los fantásticos cuadros de Kandisnky, Marc, Klee y compañía. Además de la colección de pintores flamencos, italianos y, muy especialmente, germanos de la Edad Media. Entre ellos, Durero o Altdorfer. No faltan los artistas españoles del Siglo de Oro, con una sala propia.
Hoy merece la pena volver el recuerdo hacia la Gliptoteca
La Gliptoteca, en un edificio neoclásico, presenta una colección de esculturas griegas, como el fauno de kurun, la medusa, o elementos de templos griegos. En este museo, entre los más singulares y agradables de visitar en la ciudad, llama la atención en especial el frontón del templo de la isla griega de Egina. Se ha criticado a la Gliptoteca que sus piezas expuestas no disponen de muy buena información. Si entonces no la conseguimos, ahora, con la preparación del viaje, hemos conseguido profundizar en el mundo de la Grecia Antigua y en concreto sabemos algo más sobre el templo de Egina y su frontón.
El domingo 20 de mayo la expedición de Lantxabe ‘visitará el templo de Afaya, de orden dórico, ubicado en la isla de Egina. Fue durante mucho tiempo considerado como el templo de Zeus Panhelénico, para después pensar que pudo estar dedicado a Atenea (aún a veces se le llama «Atenea Afaya»). Data del final del siglo VI a. C. o del principio del siglo V a. C. Se considera que se halla entre el período arcaico y el clásico del arte griego’.(Texto tomado de los preciosos apuntes que Mari Jose Noain ha preparado y que servirán de guía para este periplo)
Pues bien hace tres años que bastantes de los viajeros a Grecia, tuvieron la oportunidad de ver los célebres frontones del templo de Afaya (isla de Egina) en la Gliptoteca de Munich.
Otra cosa es que quizás es en la isla dónde deberían estar.
Cierto, los ciclos de literatura y cine de Aiete, son una intensa escuela de formación en humanidades (cultura, cine, literatura, novela, geografía, historia) a pie de calle, tocando la vida, el arte con los dedos.
A continuación un breve apunte histórico
A comienzos del siglo XIX, en 1811, se dio a conocer en Munich la serie de esculturas recuperadas en las excavaciones de la isla de Egina. Eran originales de mármol que el rey Luis I de Baviera adquirió para la Gliptoteca de Munich, si bien previamente las envió a Roma al taller de Thorwaldsen, que se encargó de repararlas y restaurarlas. Aunque el trabajo de Thorwaldsen fue digno del realizado por el maestro egineta, las esculturas perdieron su aura original y así han estado hasta hace unos años, cuando se optó por liberarlas de los añadidos y recomposiciones llevados a cabo por el escultor danés. La ocasión fue aprovechada para montar las esculturas conforme a la antigua composición frontonal, con lo que, en cierto modo, recuperaban su antigua función y sentido. Con buen criterio, los responsables de la Gliptoteca dejaron expuestas al público en las salas dedicadas a las esculturas de Egina, las piezas esculpidas por Thorwaldsen, ya que habían sido parte de su historia. El estudio de conjunto de las esculturas del templo de Aphaia fue publicado en 1906 por un gran arqueólogo, A. Furtwängler, que aportó, además, la experiencia de sus excavaciones en Egina, de ahí que la obra se convirtiera en un clásico para los estudiosos de la escultura griega. La temática de los frontones se refiere a las hazañas de los héroes eginetas en las Guerras de Troya; la primera, aún más mítica y legendaria, se narra en el frontón oriental, y la segunda, inmortalizada por Homero, en el frontón occidental. Ambos frontones responden al mismo esquema compositivo, pero difieren en el estilo. La composición es estrictamente simétrica, presidida por Atenea en el centro, a cuyos lados se sitúan los grupos de combatientes. El problema del estilo merece ser tratado despacio. En las excavaciones de Egina fueron hallados restos de tres frontones; dos de ellos correspondían al período de construcción del templo en la década 500-490, mientras el tercero era posterior, hacia 480. Esta situación, anómala en principio, tiene su explicación, que es la siguiente. Mientras se construía el templo se empezaron a labrar las esculturas para decorar los frontones y cuando al cabo de los años estuvieron acabados, se comprobó que se habían quedado anticuados a causa de la rápida e intensa evolución estilística de este momento. Para paliar la situación se decidió renovar el frontón de la fachada oriental, que era la principal, renovación que consistió en esculpir el frontón de nuevo; para el frontón de la fachada occidental, la trasera, se utilizaron las esculturas que estaban preparadas desde el principio. He aquí la causa de que tengamos un frontón oriental viejo y un frontón occidental de hacia 490 y un segundo frontón oriental de hacia 480. Las esculturas del primer frontón oriental fueron consagradas a la diosa y quedaron como reliquias en el santuario. La comparación de las figuras del frontón occidental con las del segundo frontón oriental demuestra claramente el estilo más evolucionado de éste, en el que se advierten los cambios incipientes del estilo severo, mientras en aquél queda la herencia tardoarcaica. Así se ve en la figura de Atenea del frontón occidental, que viene a ser una kore armada, y en las figuras de guerreros que la acompañan, como el del casco frigio, identificado con Paris, que se agacha para disparar el arco, sin que en su cuerpo se adviertan la tensión ni el esfuerzo; o bien en el guerrero caído, que intenta extraerse una flecha del pecho, mientras se dibuja en su rostro la sonrisa arcaica. Son figuras planas que ejecutan movimientos convencionales y cuyas actitudes no sintonizan con los movimientos ejecutados. Lo mismo se puede decir del tratamiento de los paños, excelente trabajo de cincel, evocador del bruñido del broncista, especialidad de los maestros eginetas, pero sometido a convencionalismos de rigidez, zigzags y falta de naturalidad. De la Atenea del segundo frontón oriental sólo se conserva la cabeza, pero basta ver la estructura y el óvalo del rostro para advertir la evolución. Idéntica conclusión se saca al observar la figura sensacional de Herakles, arquero arrodillado como Paris pero “convertido todo él en un arco tenso” (Blanco), de modo que la forma cerrada expresa la intensidad y la cohesión del movimiento. Por su parte, el guerrero caído y moribundo es de un atrevimiento asombroso, pues apoyado en el borde del escudo gira sobre sí mismo a punto de derrumbarse. La impresión que se tiene ante él es que de un momento a otro va a rodar del frontón, efecto que seguramente acrecentaba la altura. Hay otras, pero éstas son las diferencias estilísticas sustanciales que explican la distancia cronológica entre los dos frontones.