SAN SEBASTIÁN. DV. La suya será una auténtica operación de transplante de corazón. El caserío Munto dona su órgano más preciado, el tolare con el que durante años se elaboró su sidra, a Katxola, donde volverá a latir como en sus mejores tiempos. Todo está ya preparado para que parte de la historia de Aiete siga viva en uno de sus edificios más destacados.
No lo es menos el de Munto. Construido en el siglo XVI, el inmueble sufrió infinidad de avatares décadas atrás. Desde varios incendios a visitas de célebres personajes, como Napoleón, que durante sus estancias en España pasaba muchas horas en él. Otro de sus habituales fue el rey Don Juan Carlos. Cuentan los lugareños que cuando, de joven, el monarca estudiaba en San Sebastián, solía ir dando un paseo con sus amigos a degustar su sidra.
Lo mismo hacían los camioneros en el itinerario de la capital guipuzcoana a Madrid y viceversa, e infinidad de donostiarras que culminaban cenas y meriendas con canciones populares o con los versos entonados por José Sorozábal y su hijo Nicolás, los bertsolaris del cercano Bera Bera. La sidrería se convirtió en una de las más conocidas y frecuentadas de la ciudad, además de funcionar como punto de encuentro de los vecinos de las inmediaciones.
Su cierre dejó un vacío y multitud de recuerdos en la memoria de los habitantes de más edad, recuerdos que hablan de decenas de pollos rojos, como los que aún se pueden ver en algunos caseríos, que correteaban por el merendero, de animadas reuniones de familias y hasta de un embelesado Alfonso XIII contemplando a menudo el trabajo en la huerta.
El Plan General de Ordenación Urbana de San Sebastián otorgó hace ya tiempo el grado de protección 2 a Munto, catalogándolo como monumento por razones culturales, históricas y arquitectónicas e impidiendo modificaciones en el exterior del edificio. El interior, en cambio, quedaba libre de cualquier reforma. Por ese motivo, sus antiguos dueños decidieron, poco antes de vender la propiedad a unos arquitectos, ceder el tolare y todo el instrumental de fabricación y conservación de la sidra, así como diferentes piezas etnográficas, a Lantxabe, la Asociación de Vecinos de Aiete.
Sus integrantes encontraron enseguida un nuevo emplazamiento para el lagar y el conjunto de la fábrica: Katxola, el caserío del siglo XVIII recientemente rehabilitado y transformado en equipamiento cultural. Desde Lantxabe aseguran que «Katxola pasa de esta forma a ser, además de una reconstrucción artística atractiva, un caserío vivo, con su propio corazón latiendo, el corazón del viejo Mundo transplantado para fabricar sidra de nuevo».
En muy buen estado
El etnólogo Josu Tellabide y Manu Izagirre, un reconocido arqueólogo y etnógrafo que trabaja para la Diputación de Gipuzkoa, han examinado el material. Su diagnóstico deja patente que el estado de conservación del lagar es «muy bueno y adecuado». Los dos expertos han examinado también su lugar de destino, estimando que en el plazo de un año o poco más, en Katxola se podrá elaborar sidra.
«Por su puesto que no de forma industrial, pero sí apta para el consumo, y convertir el caserío en un atractivo cultural de primer orden en la ciudad, además de escolar y ciudadano», señalan portavoces de Lantxabe, que confían en servir su primera producción en enero de 2008.
Mientras llega el momento de trasladar definitivamente el tolare a su nuevo hogar, sus piezas y el resto de elementos donados se guardan en un almacén cedido por el Ayuntamiento.
| LOS DATOS |
Donación: Ha sido realizada por Joakina y Juani Urrestarazu, antiguas propietarias de Munto, a la Asociación de Vecinos de Aiete Lantxabe.
Piezas: Junto al tolare, se han cedido también diversos aperos artesanales como kupelas, toneles, herramientas o mobiliario, además de piezas etnográficas.
Destino: El conjunto será trasladado a Katxola, donde se llevarán a cabo demostraciones de elaboración de sidra. |
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