SAN SEBASTIÁN. DV. La sala de conferencias del Palacio de Aiete fue escenario ayer por la tarde de un interesante debate sobre el proyecto de convertir este edificio y sus jardines traseros en una casa de cultura para el barrio y sede de un instituto de Derechos Humanos. Los redactores del proyecto dieron explicaciones puntuales de su planteamiento, la mayor parte de los vecinos de Aiete acudió para defender este objetivo «porque los edificios necesitan protección y cuidados, pero los ciudadanos también», y hubo quienes calificaron de «aberración» la idea de ubicar el grueso del centro cultura soterrado bajo los jardines de la cara norte. Varios concejales y el propio alcalde intervinieron al final del debate.
Los arquitectos autores del proyecto, Carlos Arribas y Aitzpea Lazkano, sostuvieron dos ideas fundamentales: El edificio se restaurará con el criterio de conservar prácticamente en su integridad la planta baja y la primera planta, manteniendo incluso la distribución de habitaciones y la decoración. En segundo lugar, los jardines que diseñó Ducasse son los que están al sur del edificio -y esos no se tocan-, los de la zona norte han sufrido multitud de intervenciones a lo largo de la historia, y el soterramiento en un modulo de la casa de cultura se rige por el principio de mantener la relación visual entre el palacio y la ciudad sin impactos. «Es necesario usar un edificio para su conservación», citó Arribas. «Estamos totalmente convencidos de que la intervención pondrá en valor el edificio y los jardines», dijo Lazkano.
Detractores
La incógnita de si había detractores entre el público se disipó a las primeras de cambio. «No entiendo que se quiera hacer una casa de cultura soterrada, cuando se podría hacer en otros sitios sin soterrar», dijo una persona. «Cuando compramos la casa aquí buscábamos la paz de este lugar, poder venir a leer al parque y ahora...», se lamentó una mujer. La tercera intervención destapó la caja de los truenos. Uno de los críticos del proyecto denunció que se «desnaturalizarán» unos jardines históricos «poniendo un búnker» y consideró el planteamiento como «una aberración». Recibió aplausos, pero pocos en relación a los vecinos del barrio que comenzaron a pedir la palabra.
«Si se realiza una intervención de calidad, es el mejor sitio para ubicar la casa de cultura, por su centralidad», dijo un miembro de la asociación de vecinos. «Llevamos años sin una escuela pública, sin un ambulatorio, sin una casa de cultura... ¿además del patrimonio, no merecemos protección los habitantes de este barrio?», preguntó una vecina que suscitó una ovación. Otra hizo una pregunta que nadie respondió: «¿Y las madres que vengan con niños dónde aparcarán sus coches?».
Odón Elorza tuvo una agria discusión con el principal defensor del valor histórico del parque. Un asistente le preguntó: ¿Y si la Diputación se opone, qué hará el gobierno municipal». «Pelear», dijo el alcalde. «Hazte del PNV, así te darán todo», le recomendaron desde el fondo.