Toneles que descansan
uno al lado de otro, una
mesa repleta de herramientas, estanterías
y bancos corridos de madera
que aguardan a los comensales
invitados a una cena que ya nunca
se celebrará. Quienes en el futuro
traspasen el umbral de Katxola
se verán transportados a una sidrería
como aquellas que existían en
la década de los cincuenta. Entre
los muros de piedra de este edificio
del siglo XVIII el transcurrir del
tiempo parece haberse quedado en
suspenso, sobre todo en su zona norte,
destinada a recrear un ambiente
y una época no exentos de atractivos.
El último proyecto impulsado
por la Asociación de Vecinos
Lantxabe, de Aiete, promete habilitar
una suerte de exposición permanente
dedicada al mundo de la
sidra. Sin embargo, sus planes poco
tienen que ver con otros ya existentes,
como el de Igartubeiti. Según
explican sus integrantes, «nuestra
idea sigue siendo hacer de Katxola
un foro de debate, un foco de actividad
cultural autónomo, un faro
de participación ciudadana. Dicho
en negativo, no queremos hacer un
museo del caserío, o al menos no
un museo tradicional, sino un centro
de actividad pegado al terreno».
Para ello, en octubre del pasado
año comenzó el montaje del lagar
de Munto, cedido por sus antiguas
propietarias, las hermanas Joakina
y Juani Urrestarazu, antes de
que el caserío que durante años perteneció
a su familia pasara a otras
manos. El trabajo del artesano Constan
Sagastume, unido al de los etnógrafos
Josu Tellabide yManu Izagirre,
permitió llevar a cabo el transplante
del corazón de un inmueble
a otro con el fin de que volviera a
latir como en épocas pasadas.
La operación, financiada por el
Ayuntamiento de San Sebastián, la
Diputación Foral de Gipuzkoa y el
Gobierno Vasco, concluyó con la
instalación en la primera planta de
la maquinaria que décadas atrás
dotaba de vida a la emblemática sidrería
de Aiete. Ahora ésta se completa
con la colocación en la planta
baja de diversos objetos. Se trata
de una selección de las 160 piezas
donadas igualmente por las hermanas
Urrestarazu que, en su día,
fueron utilizadas en su negocio.
Desde mesas con sus bancos a cajas
de madera para el transporte de
botellas, pasando por vajillas, baúles
dotados de asideros, garrafones
de cristal, fotografías y hasta un
orinal de chapa esmaltada, entre
otros artículos.
A pesar de que no todos esos enseres
han podido ser expuestos en
Katxola «por falta de espacio», como
aseguran desde Lantxabe, los integrantes
de esta asociación vecinal
no descartan que más adelante sean
mostrados al público de forma temporal.
Algunos de los que sí han encontrado
un lugar en su nueva casa
necesitarán ser adaptados. Ése es
el caso de la tina de grandes dimensiones
con capacidad para cientos
de litros, en cuyo interior se pondrá
una de acero inoxidable demenor
tamaño, más acorde con su nuevo
uso.
Algo similar ocurre con las tres
bautizadas con los nombres de
los herederos de Munto. «Están expuestas,
pero no puede guardarse
sidra en ellas porque se iría por las
grietas y no reunirían unas condiciones
de salubridad. Por eso hemos
comprado otras tres más pequeñas
de acero inoxidable recubiertas
de madera en su exterior»,
señalan. La sidrería simulada en
Katxola se inaugurará previsiblemente
el próximo mes de septiembre.
«Coincidiendo con el prensado
de la manzana, haremos sidra,
pero ésta no estará destinada a la
venta ni al consumo generalizado,
sino que se producirá con carácter
experimental, para que la gente
pueda ver el proceso de elaboración
», indican desde la Asociación
de Vecinos Lantxabe
Munto, en la polémica
Munto, el caserío del que proceden
el lagar y las piezas etnográficas
que en la actualidad se
exponen en Katxola, está a punto
de perder su condición de
edificio catalogado. La lista que
recientemente se ha elaborado
ya no lo contempla. Si el Ayuntamiento
la aprueba, Munto
perderá su grado 2 de protección,
el que permitía actuar en
su interior, pero impedíamodificar
su fachada, y en consecuencia,
podrá ser derribado.
Los vecinos temen que el despacho
de arquitectos que lo adquirió
en 2006, cuando aún era
un edificio protegido, planee
echarlo abajo y en su lugar edificar
viviendas. Los responsables
del PGOU han indicado
que, de ser así, la construcción
deberá respetar el volumen actual
del caserío