Katxola, con sabor a sidra
Fecha Miércoles, 16 julio a las 07:10:55
Tema De todo / Denetatik


El caserío de Aiete recrea el ambiente de una sidrería de los años 50 y a

partir de septiembre comenzará a elaborarse sidra de forma experimental
Katxola, con sabor a sidra



Toneles que descansan

uno al lado de otro, una

mesa repleta de herramientas, estanterías

y bancos corridos de madera

que aguardan a los comensales

invitados a una cena que ya nunca

se celebrará. Quienes en el futuro

traspasen el umbral de Katxola

se verán transportados a una sidrería

como aquellas que existían en

la década de los cincuenta. Entre

los muros de piedra de este edificio

del siglo XVIII el transcurrir del

tiempo parece haberse quedado en

suspenso, sobre todo en su zona norte,

destinada a recrear un ambiente

y una época no exentos de atractivos.

El último proyecto impulsado

por la Asociación de Vecinos

Lantxabe, de Aiete, promete habilitar

una suerte de exposición permanente

dedicada al mundo de la

sidra. Sin embargo, sus planes poco

tienen que ver con otros ya existentes,

como el de Igartubeiti. Según

explican sus integrantes, «nuestra

idea sigue siendo hacer de Katxola

un foro de debate, un foco de actividad

cultural autónomo, un faro

de participación ciudadana. Dicho

en negativo, no queremos hacer un

museo del caserío, o al menos no

un museo tradicional, sino un centro

de actividad pegado al terreno».

Para ello, en octubre del pasado

año comenzó el montaje del lagar

de Munto, cedido por sus antiguas

propietarias, las hermanas Joakina

y Juani Urrestarazu, antes de

que el caserío que durante años perteneció

a su familia pasara a otras

manos. El trabajo del artesano Constan

Sagastume, unido al de los etnógrafos

Josu Tellabide yManu Izagirre,

permitió llevar a cabo el transplante

del corazón de un inmueble

a otro con el fin de que volviera a

latir como en épocas pasadas.

La operación, financiada por el

Ayuntamiento de San Sebastián, la

Diputación Foral de Gipuzkoa y el

Gobierno Vasco, concluyó con la

instalación en la primera planta de

la maquinaria que décadas atrás

dotaba de vida a la emblemática sidrería

de Aiete. Ahora ésta se completa

con la colocación en la planta

baja de diversos objetos. Se trata

de una selección de las 160 piezas

donadas igualmente por las hermanas

Urrestarazu que, en su día,

fueron utilizadas en su negocio.

Desde mesas con sus bancos a cajas

de madera para el transporte de

botellas, pasando por vajillas, baúles

dotados de asideros, garrafones

de cristal, fotografías y hasta un

orinal de chapa esmaltada, entre

otros artículos.

A pesar de que no todos esos enseres

han podido ser expuestos en

Katxola «por falta de espacio», como

aseguran desde Lantxabe, los integrantes

de esta asociación vecinal

no descartan que más adelante sean

mostrados al público de forma temporal.

Algunos de los que sí han encontrado

un lugar en su nueva casa

necesitarán ser adaptados. Ése es

el caso de la tina de grandes dimensiones

con capacidad para cientos

de litros, en cuyo interior se pondrá

una de acero inoxidable demenor

tamaño, más acorde con su nuevo

uso.

Algo similar ocurre con las tres

kupelas que datan de 1840 y que fueron
bautizadas con los nombres de

los herederos de Munto. «Están expuestas,

pero no puede guardarse

sidra en ellas porque se iría por las

grietas y no reunirían unas condiciones

de salubridad. Por eso hemos

comprado otras tres más pequeñas

de acero inoxidable recubiertas

de madera en su exterior»,

señalan. La sidrería simulada en

Katxola se inaugurará previsiblemente

el próximo mes de septiembre.

«Coincidiendo con el prensado

de la manzana, haremos sidra,

pero ésta no estará destinada a la

venta ni al consumo generalizado,

sino que se producirá con carácter

experimental, para que la gente

pueda ver el proceso de elaboración

», indican desde la Asociación

de Vecinos Lantxabe


Munto, en la polémica
Munto, el caserío del que proceden

el lagar y las piezas etnográficas

que en la actualidad se

exponen en Katxola, está a punto

de perder su condición de

edificio catalogado. La lista que

recientemente se ha elaborado

ya no lo contempla. Si el Ayuntamiento

la aprueba, Munto

perderá su grado 2 de protección,

el que permitía actuar en

su interior, pero impedíamodificar

su fachada, y en consecuencia,

podrá ser derribado.

Los vecinos temen que el despacho

de arquitectos que lo adquirió

en 2006, cuando aún era

un edificio protegido, planee

echarlo abajo y en su lugar edificar

viviendas. Los responsables

del PGOU han indicado

que, de ser así, la construcción

deberá respetar el volumen actual

del caserío










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