parque de Aiete es un claro
ejemplo de cómo han ido erosionándose
las normas cívicas.
Hace años, en el parque,
no se podía pisar la hierba, ni
podían entrar los perros, ni las
bicicletas. Pues bien, ahora,
familias enteras juegan al balón,
pasean los cochecitos de
niños y circulan las bicicletas
¡por los jardines! Los perros,
que están prohibidos con una
señal muy clara a la entrada
del parque, pasean y corren,
incluso sin correa. Así que de
ser un parque tranquilo donde
poder pasear, admiración
de propios y extraños, se ha
convertido en un lugar incómodo.¡
Eso sí! las normas de
prohibición siguen estando en
la puerta, para que alguien las
haga respetar. Antes, había un
guarda que vigilaba su cumplimiento.
Como ciudadana
pregunto ¿por qué el Ayuntamiento
no se preocupa de hacerlas
cumplir?».