UVAS DE LA IRA
Fecha Sábado, 19 mayo a las 23:46:23
Tema Casa Cultura - Kultur Etxea




Donde halla una persona que sufra, allí estaré

Las uvas de la ira puede ser concebida al modo de una vieja balada; así parece proponérnoslo de manera expresa desde la aparición del título, acompañado por una canción evocadora del folklore del viejo Oeste, Red river valley, música recurrente y a partir de la que se construirá una historia de gran belleza plástica, acompañada de una fotografía que redundará en su eficacia narrativa y en su carácter documental.
La escena inicial nos presenta un polvoriento paisaje en el que se recorta la alargada figura de Tom Joad (Henrry Fonda) que regresa al hogar tras cuatro años de ausencia. En los aledaños de sus tierras se encuentra con Casy (John Carradine) un antiguo predicador que ha perdido la fe y jugará un papel central en la toma de conciencia de Joad. El regreso de Tom Joad es el regreso de un fracasado que ha cumplido cuatro años de cárcel por la muerte de un hombre en una pelea y se va a enfrentar a un nuevo fracaso: su familia es obligada a abandonar las tierras que arrendaban. Son expulsados, sin compasión, por la compañía propietaria que ha decidido mecanizar el campo.
Sin embargo, hay esperanza: California aparece como la tierra prometida que ofrece nuevas oportunidades. En una hoja se anuncia que se requieren trabajadores para recoger fruta. Toda la familia, con sus enseres, a bordo de una desvencijada camioneta, inicia el viaje, no sin antes rendir tributo a su propio pasado: la madre tira al fuego los objetos inservibles; entre ellos, una vieja postal de la Estatua de la Libertad, símbolo de un paraíso que se ha tornado infierno e indicación de un tiempo anterior de búsqueda.
Las etapas del traslado de Oklahoma hasta California son un auténtico vía crucis, jornadas de un viaje agotador que serán jalonadas de sufrimientos y desprecios. Contemplamos, a lo largo de los días y las noches de traslado, el infortunio que se ceba en la familia Joad. El abuelo, enfermo y rendido fallece; lo entierran al lado de la carretera, depositando en la tumba una nota, a modo de epitafio, donde se da cuenta de la mísera condición que impide la realización del funeral. Casy hace un responso fúnebre a favor de los vivos, pues el de los muertos es mejor reino.
La alegría al contemplar la tierra prometida "que mana leche y miel" pronto se torna desesperación cuando comprueban que no hay trabajo, la recogida de la fruta terminó hace tiempo, y son obligados a acampar en las afueras de la ciudad donde otros cientos de inmigrantes se mueren de hambre ante la indiferencia o el rechazo de la población local que interpreta su suerte como el resultado de la poca cabeza de los miserables: "Los de Oklahoma ni sienten ni padecen, no son hombres".



Beti egongo naiz sufritzen dutenen ondoan

El final del viaje es justo el principio de la toma de conciencia de Tom Joad. A las condiciones miserables de vida y a la explotación despiadada a que son sometidos por los empresarios agrícolas responden los jornaleros con el único arma que poseen los trabajadores en tales circunstancias: la huelga. Una huelga en la que participa Casey que muere en una pelea con los matones del amo en la cual Tom Joad mata a un guardia y es herido en la cara.
A partir de ese momento no tendrá descanso. La cicatriz de su rostro le delata y toda la familia se ve obligada a la huida. Para garantizar su seguridad, Tom Joad decide abandonarles. El diálogo de despedida de la madre es un auténtico manifiesto que simboliza a todo un grupo generacional que hizo de la lucha contra la injusticia y la explotación una manera de vivir. "Yo estaré en todas partes, en todas partes donde quiera que mires. Donde halla una posibilidad de que los hombres coman, allí estaré. Donde halla un hombre que sufra, allí estaré. Estaré en los gritos de los hombres a los que vuelven locos. Y estaré en las risas de los niños cuando sientan hambre y la cena esté preparada. Y cuando los hombres coman de la tierra que trabajen y vivan en las casas que levanten, allí estaré también". Tom Joad se convierte así en el rebelde social al que recientemente ha homenajeado Bruce Springteen.
Jane Darwell  es una madre amantísima, con un enorme espíritu de lucha y tenacidad para salir adelante en las peores condiciones. La escena final, en la que la familia se encamina a un nuevo lugar en busca de trabajo, supone otro alegato de la energía vital que acompaña a la heroína con una convicción profunda en el futuro y en la justeza de su causa: "Nosotros estamos vivos. No podrán acabar con nosotros, ni explotarnos. Saldremos adelante porque somos el pueblo".

Las uvas de la ira presenta un fondo humano de perdedores sometidos a los caprichos de un empresariado desalmado y una policía corrupta. Supone una radical defensa de valores humanos elementales: la familia, el trabajo, la honradez y la solidaridad, dibujando personajes de una sola pieza. Una obra magnífica con más de una conexión con el presente.
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