Una tarde con Mizoguchi y Josemi Beltrán

Cuentos de la luna pálida’ en la Casa de Cultura de Aiete

Josemi, en su papel de ponente del cine-club de la Casa de Cultura de Aiete, hizo una sugerente presentación de la película ‘Cuentos de la luna pálida’, de Kenji Mizoguchi, y en el coloquio completó sus inquietudes y reflexiones sobre el film. Entre las dos intervenciones el responsable de la unidad de cine de Donostia Kultura, deconstruyó el film e implantó una ejemplar lección de cine [a las más de setenta personas asistentes, que respetaban la normativa sanitaria, con el pasaporte Covid en el teléfono móvil, tarjeta o papel]

La imagen de las dos parejas, en una magistral muestra del uso de la profundidad de campo

Destacó Josemi el perfecto uso que hace Mizoguchi de la profundidad de campo en el film: en el único y sencillo plano inicial, el director marca la estructura que va a contener la película, la historia paralela de las dos parejas en el transcurso del conflicto bélico que va a irrumpir en sus vidas; partiendo de la adaptación libre –pero fiel al espíritu- de dos cuentos fantásticos de Akinari Ueda y de un cuento de Guy de Maupassant; el director japonés puso en imágenes una reflexión moralizante sobre la ambición, la avaricia y la búsqueda de la felicidad en el Japón feudal repleto de guerras del siglo XVI.

La película es del año 1953, se presentó en el Festival de Venecia el 25 de agosto y ganó el León de Oro

Al uso de la profundidad de campo visual, Mizoguchi añade el ejemplar recurso de la profundidad de campo sonora: mientras Genjuro y Miyagi alistan la carreta, escuchan a lo lejos el sonido de los disparos provocados por los combates del conflicto bélico. Unos combates que percibimos en un segundo plano sonoro, y que se acercan amenazantes al poblado. Mizoguchi no va a mostrar en ningún momento imágenes explícitas de la guerra que asola la región, sino que se va a centrar en los aspectos más crueles de la misma: los robos, saqueos y violaciones por parte de los soldados a su llegada a cada nuevo poblado.

Significativamente, Mizoguchi atribuye a los personajes masculinos toda la responsabilidad sobre las terribles consecuencias de la guerra, tanto en su representación general (los soldados) como en la más particular (Genjuro y Tobei), mientras que los personajes femeninos (Miyagi y Ohama) serán las principales víctimas de estas consecuencias (no en vano, el papel de sometimiento de la mujer en la cultura nipona ha sido uno de los temas clave en la filmografía del director japonés).

El presentador del coloquio nos advertía que estamos también ante una película de género fantástico, un género en el que Mizoguchi nos introduce de lleno a partir de la travesía en canoa de los protagonistas, y que nos recordaba algunas escenas de la película Amanecer (de Murnau, 1927),

Fotograma de la película Amanecer
Casa de Cultura, 16 de abril de 2021

que vimos el pasado 16 de abril de la mano de Jesús Garmendia, ambas imágenes son de lo más hermoso y sugerente del cine fantástico (y entre ellas podemos destacar el fenómeno de la intertextualidad).

Mizoguchi alterna de forma magistral los dos registros de la película; las sobrecogedoras imágenes de Miyagi y el pequeño Genichi observando desde la orilla la canoa en la que Genjuro, Tobei y Ohama prosiguen su camino hacia Nagahama, o a la terrible escena de la violación de Ohama (abandonada por Tobei en su obsesión por convertirse en samurái) en manos de los soldados (una secuencia de una dureza casi insoportable)

El conductor del forum nos puso alerta sobre alguna sorpresa, relacionada con el cine fantástico, que aguardaba en el film. En efecto, hacia el final de la película, Genjuro será seducido por una mujer espectral, la princesa Wakasa que le arrastrará hasta las más profundas tinieblas, tras la hermosísima secuencia del trayecto de Genjuro hasta la mansión de la joven fantasmal Wakasa:

la sugerente panorámica de los personajes caminando tras unos juncos el plano de una vieja puerta meciéndose con el viento, y la imagen de las sombras de los personajes caminando por el jardín, que nos adentran de nuevo de manera magistral en el terreno de lo fantástico. Justo antes de esta secuencia, otro momento memorable: Genjuro, embelesado ante las hermosas telas que cuelgan en un pequeño comercio del mercado, imagina a su mujer Miyagi probándose los estampados.

Mizoguchi filma la estancia de Genjuro en la mansión de la joven “alma en pena” mediante luminosos planos de serena y equilibrada composición que contrastan con las angustiosas imágenes de Miyagi, huyendo junto al pequeño Genichi del acoso de los soldados.

Este final de ‘Cuentos de la luna pálida’, nos recordaba Josemi, culmina con una secuencia absolutamente magistral que pone de manifiesto, una vez más, la genialidad de la puesta en escena de Mizoguchi: de regreso su poblado, Genjuro entra en su abandonada vivienda con la vana esperanza de reencontrarse con Miyagi; la cámara recoge al personaje entrando en la casa y le sigue en panorámica a través de la estancia vacía hasta que sale de nuevo al exterior, da la vuelta por fuera y vuelve a entrar para descubrir, en donde antes nadie había, a Miyagi cocinando en la estancia. La secuencia entre Genjuro y el espíritu de Miyagi, bellísima escena de reconciliación y absolución del marido derrotado por parte de la esposa fallecida, seguido del plano final del pequeño Genichi depositando un cuenco de comida sobre la tumba de Miyagi, es el sobrecogedor y bellísimo final de esta obra maestra, una de las más hermosas películas sobre el amor y la muerte de la historia del séptimo arte.

Cuentos de la luna pálida’ nos decía Josemi, es cine fantástico (basado en dos cuentos japoneses y otro de Guy de Maupassant, escritor y poeta naturalista francés de mediados del XIX,

Jueves 15 de abril de 2010, en el Topaleku

que tuvimos en tertulia el jueves 15 de abril de 2010, en el Topaleku con la obra ‘Les Chemins du Plaisir’; el viernes 16 se proyectó ‘Le plaisir’ de Max Ophuls), ‘Cuentos…’ es melodrama, relato feudal, retrato social, cine de samuráis… que gira alrededor de la avaricia y la codicia. Así, ‘Cuentos de la luna pálida’ actúa como una especie de compilación de lo mejor del cine japonés.

El responsable de la sección de cine de DK estaba impresionado por el aparato formal de la película. Desde la milimétrica composición de los encuadres en los que tanto personajes como espacios y atrezzos están maravillosamente hilvanados, hasta la impresionante fotografía que dota a la película de un aureola fantasmagórica y tétrica excepcional, jugando con los claroscuros como pocas veces se ha visto en el cine. Los actores, como es común en Mizoguchi, están espléndidos y la música logra ese efecto unificador y mágico que tanto es de agradecer y tan pocas veces se «ve».

En definitiva, no por repetido menos cierto, en la velada del viernes, en el salón de actos de la Casa de Cultura, con ayuda de Josemi Beltrán, disfrutamos de una obra de arte.

https://www.rtve.es/play/videos/dias-de-cine/dias-cine-60-anos-cuentos-luna-palida-kenji-mizoguchi/1748703/

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