La primavera ha llegado a Katxola

El pasado 27 de marzo se presentó con una mañana fría y soleada. El caserío Katxola y sus espléndidos alrededores estaban iluminados por una trasparente luz de sol.

A las 10 de la mañana, 70 chicos y chicas de 6º de Primaria, de los colegios Inglés San Patricio y la Ikastola Iraurgi de Azpetia, subían por las escaleras de acceso a Katxola. Las gradas están formadas por traviesas recicladas de las vías del tren y protegidas por una red de gallinero, ya muy deteriorada; la malla metálica está pensada para evitar resbalones cuando llueve y esa mañana no era el caso

Se acercaban en grupos de 6, de 10 personas, acompañados por Nora Martínez de Albéniz, promotora de la visita, y de sus dos compañeras del San Patricio, María y Yoanna, que ya conocían el caserío; de la Ikastola Iraurgi venía la andereño Karmele.

La primavera llegaba al caserío

La presencia en Katxola de estos dos centros forma parte de un evento de intercambio entre ambos. Antes de en Katxola habían estado en el Mueso de la Ciencia. (Una vieja propuesta de los primeros tiempos de Lantxabe era unir en lo simbólico y en lo físico, a través de un camino, el museo de la ciencia y el caserío). La chavalería de la Ikastola Iraurgi había pasado una semana en Donostia. Dormían en casa de las familias de los alumnos del San Patricio

Ya en el caserío se dividieron en dos grupos (eran 70 alumnas y alumnas, de 11 años); mientras unos conocían la vida del caserío por dentro, el ambiente y la economía rural en la que creció, desarrolló y languideció la casona agraria, unida su suerte a la de la sidra, y entretanto este grupo veía como funciona el tolare de Katxola o la relación entre triturar la manzana a la vieja usanza con el método de la kirikoketa, romper la manzana a ritmo de mazas sincronizadas…y la txalaparta, etc;

el otro grupo practicaba deportes rurales en el entorno del caserío; en concreto se formaron grupos de competición colectivos como la sokatira o individuales como los bolos, el bote, o la toka; de esta forma el deporte rural es además de entretenimiento, un medio para favorecer el desarrollo personal y contribuye a esta relación social interescolar. Desarrollar esta idea está en el proyecto integrador de Lantxabe en contacto con la comunidad escolar del barrio, que se comenta más adelante.

Para el amaiketako las chavalas y chavales había en hecho hambre y disfrutaron con unas sabrosas manzanas

La música estuvo presente toda la mañana. Era una sugerencia de Nora, habitual en el caserío.

La gente de Katxola, en estos encuentros, explican, modestamente, sabiendo que su fuerte no es la pedagogía, las circunstancias económicas, culturales, sociales, incluso artísticas en las formas de construcción de un caserío barroco, del siglo XVIII, y del traslado y reconstrucción en el caso de Katxola.

La chavalería de esta comunidad escolar sorprendió por su intensa participación y su sabias y agudas preguntas sobre la vida en el caserío, la fabricación de la sidra, la historia de Aiete, los procesos de fermentación …Un chaval preguntó cuándo se le añadía alcohol al mosto para convertirlo en sidra y, una chica, por su parte, la fecha de prensado de la manzana para venir a probar el mosto

Por supuesto, en este terreno, se mostraban sutiles diferencias entre ambos centros escolares, unos más pegados al carácter material de la existencia del caserío, con preguntas de chavalas y chavales que viven la experiencia en su medio; los otros con asuntos más perentorios o quizás más cercanos al mundo urbano.

En la historia de Katxola  que va del 2003 al 2011, el caserío ejerció de centro cultural de Aiete y los restos de la experiencia están esparcidos por las paredes de Katxola, en forma de carteles, que servían para la convocatoria de las tertulias, las películas, las conferencias, las exposiciones. Hubo una charla que impartió Felix Ares, sobre la teoría de la relatividad; en el cartel figuraba el Einstein clásico y su fórmula E=mc2. Un chaval preguntaba si Einstein habita estado en Katxola y el contenido de la teoría

Las preguntas, las manos levantadas para solicitarlas, fueron una constante en esta visita; esta activa participación nos da idea del nivel formativo y del interés de este grupo de chicas y chicos que, como se dice, cursan 6º de primaria y tienen 11 años.

Estas cuestiones fueron la excusa de los ponentes para desplegar algunas nociones de cómo era la utilización de las tecnologías de principios y mediados del siglo pasado. El entorno y ambiente en el interior del caserío sirven a la idea de desarrollar las capacidades afectivas del alumnado de estas dos escuelas, en todos los ámbitos de la personalidad y en sus relaciones con los demás. Ver jugar, aprender, escuchar a estas chicas y chicos es lo más contrario a la violencia, a los prejuicios de cualquier tipo y a los estereotipos sexistas.

La gente de Lantxabe y de Katxola está asistiendo a reuniones con el grupo dirigente de cada escuela de Aiete. Insiste siempre en una constante: el caserío es una aula complementaria a las del centro escolar, quiere colaborar en el Conocimiento del Medio Natural a través de lo que se cuece en el propio caserío y organizando paseos por el Bosque de Miramón, que la gente de Lantxabe y de Katxola ha contribuido a recuperar; la ponencia oral descrita en Katxola propone una visión propia de la vida social en los entornos del caserío de los últimos doscientos años y contribuye a la difusión de la cultural material de Euskal Herria ligada especialmente con la manzana y la sidra, tan decisivas en el devenir de la historia del beterri guipuzcoano.

En el Bosque de Miramón se tiene la oportunidad de conocer y valorar los pájaros y animales más próximos a la ciudad y cómo se adoptan modos de comportamiento que favorezcan su cuidado, como se instalan nidos y refugios para su conservación. Esta saber fue mostrado a las chicas y chicos de Aiete Ikastetxea en este mismo mes

Con la experiencia de la recogida de la manzana, de su posterior triturado, prensado y depósito del mosto en las kupelas y su fermentación, se contribuye a la visión experimental de esta chavalería en los últimos cursos de primaria, que corresponden a la física y a la química que empiezan a conocer en estos niveles; bosque y caserío, por otra parte, proporcionan algunos rudimentos de biología y, como complemento formativo, la gente de Katxola desarrolla una parte de la historia vasca ligada a su cultura material.

En Katxola se practican las dos lenguas vascas: el castellano y especialmente el euskera. En este contacto chicas y chicos amplían su vocabulario.

El aprendizaje lo hacen con los cinco sentidos, el caserío huele, las manzanas se tocan y son dulces o ácidas, el tolare suena…y ¡Cómo suena!, y se oye la txalaparta, y se ve el paisaje que en el entorno de Katxola es espectacular.

El ambiente del caserío propone afectividad entre todos. Esta cercanía física, la relación tactual, a saber, comunicarse a través de medios de expresión verbal, corporal, visual, plástica, musical, que tiene este objeto de estudio tridemensional que es Katxola, facilita la formación integral que colabora con el pleno desarrollo de la personalidad de los alumnos y alumnas, y los preparara para cursar, con mejor aprovechamiento, la educación escolar en el aula.

Katxola es un espacio de convivencia entre alumnos y alumnas y de estos con sus andereños. Es una escuela de pluralismo propio de una sociedad democrática. El caserío invita al estudio de la forma que los arquitectos Muñoz Baroja y Jose Gorritxo, le dieron a Katxola tras su traslado, fomentando el sentido artístico y la creatividad de las chicas y chicos. Estos dos arquitectos demostraron tener una gran sensibilidad estética, creatividad y capacidad para hacer de un caserío barroco una obra de arte.

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