Recordando el sosiego de Nauplia

El pasado 16 de mayo la peregrinación de Lantxabe, en su viaje por la Grecia Antigua, después de visitar Argos y Micenas, fueron a descansar a Nauplia, la ciudad más relajada del mundo. Tuvieron necesidad de dos hoteles, dada la fuerte demanda habitacional de esta bella ciudad costera. Es un lugar al que muchos griegos acuden durante el fin de semana, pues reúne las cualidades de ser una ciudad con acceso a bonitas playas y un cuidado casco urbano.

A la mañana siguiente salieron hacia Tirinto y Epidauro (Epidauro es más conocido por su imponente teatro; el de Miramón, salvando las distancias, es de ese estilo), pero volvieron a la bella Nauplia, lugar ideal para pasear, para disfrutar, para una cena ligera y dónde se arrebuja el rincón más protegido de la costa argólida, en el Peloponeso heleno.

Nauplia está resguardada por tres fortalezas. La más impresionante es el castillo de Palamedes (supuesto inventor del ajedrez y el juego de dados). Corona la montaña que cierra la villa -foto de arriba- y quienes deseen llegar hasta ella a pie deben salvar más de 900 escalones tallados en la roca -algunos viajeros intrépidos lo hicieron de buena mañana, recomendaron la subida, pero les siguieron muy pocos-. La recompensa era una maravillosa panorámica pero a costa de unas dolorosas agujetas.

El segundo castillo, Bourtzi, ocupa un islote frente al puerto.

La visita a este torreón era obligada. Lantxabe tomó un pequeño barco y se encontró con el mismísimo ‘Zorba el Griego’ como patrón, o eso les pareció a algunas viajeras (contraste con la foto).

Lo cierto es que la expedición, emocionada en medio de esta hermosura, emprendió a cantar y no podía ser de otra forma cuando se trataba de marineras y marineros vascos y ¿qué canción elegieron? La de ‘Antero’ y ‘Singer’ pescando txipirones

La tercera fortaleza se halla justo encima del núcleo antiguo. Se le conoce como Acronauplia. En su base se arremolinan los barrios diseñados por los venecianos. Paseando por ellos, con las calles pavimentadas en mármol y las características viviendas con sus persianas de láminas, se distinguen claramente los rasgos arquitectónicos que la República Serenísima dejó tras su paso medieval.

Allí hicieron su documentada visita durante algo mas de una hora

Casi un año después la gente de Lantxabe se sigue preguntando por el aspecto absolutamente sosegado de Nauplia, por la belleza de esta pequeña ciudad que invita a olvidar las preocupaciones y seguir dando un salto al pasado que caracterizó a aquel fantástico viaje al origen de la cultura occidental

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La canción que se canta en el barco es Antero txamarrotia, de autor desconocido, es una canción popular de Lequeitio.

Recoge una anécdota sucedida a personajes reales según cuenta el cronista de la villa de Lequeitio Rufo Achurra (1911-2002): el primero, Luis Antero Salinas (nacido en 1874), era un pescador de chipirones. El segundo, Eulogio García “el Singer”, era un joven no muy dotado intelectualmente, que el primer día que entró a trabajar en un taller mecánico, supo arreglar una máquina de coser Singer, lo cual fue comentado en todo el pueblo.

Letra:

Anteron txamarrotia,

Sinkerren bibotia,

haretxek ei dauka, ei dauka

preso tximinoia.

Hau dek, hau dek,

hau dek umoria,

kontsolatzeko, kontsolatzeko,

euskaldun jendia.

Kalian gora, kalian behera

kalian gora zezena, ai, ai, ai,

Kalian gora, kalian behera

kalian gora, kalian behera

Kalian gora, kalian behera

Kalian gora zezena..

Traducción (sólo la primera estrofa; la tradución del resto habilidad libre)

Antero el de la chamarra, y “Singer”, el bigotes

han apresado un chipirón.

2 pensamientos en “Recordando el sosiego de Nauplia

  1. Marisa

    Estuve en la charla de Alberto Rodriguez y mencionó la nacionalidad de los pocos, no llegó a dos doscenas, supervivientes de la expedición. Estuve también en Nauplia y saber que uno de ellos era de allí, añade encanto a la conferencia. ¡Qué amena charla! ¡Qué pueblo más hemoso!

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