Memoria del viaje a la Antigua Grecia, origen del mundo que hoy conocemos

Medio año hace que la expedición de Lantxabe regresaba de la capital de Grecia.

El sábado pasado Zaporeak recogía hasta diez trailer con ropa para los refugiados en esa mágica ciudad.

Pero Zaporeak, los refugiados, la solidaridad, merecen un capítulo aparte

Quizás porque la ciudad de Atenas es el emblema universal del mundo clásico, mucha gente del viaje organizado por Lantxabe ha quedado atrapada en la innegable fascinación que sigue ejerciendo la época clásica en el ser humano.

La historia de Atenas se extiende cinco mil años atrás, lo que la convierte en una de las ciudades habitadas más antiguas del orbe. En ella vivieron muchos de los grandes artistas, pensadores y científicos de la Antigüedad dejando a la humanidad un legado cultural imperecedero, pues ha inspirado de manera continua a las posteriores etapas de la historia. Cuna de la democracia y de la filosofía, Atenas fue el origen del actual mundo occidental que hoy conocemos. Por todo ello, Lantxabe eligió la Antigua Grecia y su capital de Grecia como destino de un viaje imprescindible para descubrir las raíces del pensamiento y forma de vida europeos.

El nombre de Atenas procede de la diosa Atenea, protectora de la ciudad. La forma plural es debido a que en un principio el asentamiento de su población era una serie de pequeños pueblos que acabaron fundiéndose en uno. Situada en el sur de Grecia, su clima es mediterráneo: seco, con inviernos poco fríos y veranos muy calurosos.

Por estas razones se organizó la marcha en el mes de mayo

Atenas posee uno de los puertos más importantes del Mediterráneo, el Pireo, que por su enclave geográfico ha sido, es y será un punto estratégico para el desarrollo del comercio griego.

El corazón de la ciudad

La parte central más antigua de Atenas alberga los barrios de Plaka y Monastiraki, de pintorescas de callejuelas estrechas e irregulares, que fueron las primeras en ser visitadas. Desde allí, desde Plaka y Monastiraki, vimos por primera vez la Acrópolis, imponente a pesar del tiempo. La Acrópolis ejercía la doble función de defensa y sede de lugar de culto. Está ubicada sobre una gran elevación rocosa, “la ciudad alta” protegía en su interior el templo de Atenea Niké, el Partenón y el Erecteión, entre otras construcciones. Sus imágenes son símbolos e iconos de la ciudad de Atenas.

Para despedirnos de Atenas y de Grecia, la organización invitó a una cena en el monte Licabeto. Desde allí se toma conciencia de las dimensiones de la capital griega, así como de la localización de sus monumentos más emblemáticos, la subida al monte Licabeto, en el barrio de Kolonaki, ofrece en su punto más alto una extraordinaria panorámica de la urbe de 360 grados, a la que asistimos pasmados por la belleza de aquel atardecer. Desde la cima se divisa, a lo lejos, las azules aguas del mar Egeo, que enmarcan por un extremo una ciudad repleta de tonalidades ocres de vestigios de templos. Los colores que destacan desde Licabeto son el azul del cielo, el verde de parques y jardines, el rojizo de tejas y el arenoso de las “piedras” de hace milenios. Se aprecia, desde esa perspectiva, como la Acrópolis domina con su posición calles y barrios, así como la grandiosidad de las columnas que quedan en pie del templo de Zeus, destacando el gran espacio abierto del Ágora Antigua donde los discursos de Sócrates dieron comienzo al razonamiento y ética del comportamiento humano. Toda la imagen se graba en la retina adhiriéndose a la memoria. A ello contribuye el viento que azota en la cima; los comensales fueron zarandeados por fuertes corrientes de aire, lo que no impidió que sintieran que en su viaje a la Antigua Grecia conocieron mucho más que monumentos. Allá arriba se percibía que Atenas está viva y que su alma es la historia de nuestros ancestros.

Los peregrinos de Lantxabe aman los lugares que despiertan sus sentimientos.

Ayudados por Maica Rivera.

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