‘Una sola Humanidad en un mismo planeta’, por Jesús Garmendia

Aiete Kultur Etxea. – 4 de mayo
A continuación un amplio resumen de la presentar del documental titulado ‘El Mediterráneo, el mar de todos nosotros’
El origen de la civilización mediterránea es muy anterior al de la palabra «Mediterráneo». Según parece, esta se remonta al siglo IV d. C., cuando a Cayo Julio Solino se le ocurrió calificar como «mares mediterráneos» —es decir, «mares entre las tierras»— a la cadena de mares interiores entre Europa, África y Asia que los romanos habían llamado «mare internum», o «mare nostrum». Sin embargo, las ocurrencias de Solino tenían poco crédito, por culpa de su tendencia al disparate. Por ejemplo, defendía que en los confines del mundo existían hombres de una sola pierna con un pie tan grande que les servía de sombrilla. El uso generalizado del término no se impuso hasta dos siglos más tarde, cuando Isidoro de Sevilla dio con el calificativo de Solino y lo transformó en un nombre propio. Gracias a su autoridad indiscutible, la voz «Mediterráneo», en singular y con mayúsculas, quedó ya asociada para siempre a aquellos mares, sin que a nadie le importara en esa ocasión el hecho de que los mapas eclesiásticos fantasearan a tiro de dogma tanto como la cabeza de Solino acostumbraba a desbarrar por pura inclinación natural.
Su sola mención dibujará, para unos, una línea azul que separa los continentes europeo y africano de modo irremisible. Levantará un mar nuboso de vientos traidores, portadores de malaria, con marismas pestíferas y golfos acantilados, amenazado por cumbres volcánicas. Abrirá una fosa inmensa, en cuyo fondo reposan las osamentas humanas junto a los restos de barcos y pateras naufragados, de buques hundidos en cruentas batallas de nombres resonantes. Los peces de ese mar nadarán entre petroleros, mercantes y cruceros, tragando toda clase de desechos plásticos y metálicos.
Por el contrario, para las personas de naturaleza menos trágica, la palabra «Mediterráneo» sugerirá una confluencia de mares de la que nace un solo mar de aguas cálidas, propiciadas por el encuentro de los vientos del Atlántico y del Sahara. Un mar de riberas de olivares, viñedos y trigales, donde florecen también los cipreses orientales, las plantas americanas, los eucaliptos australianos. En sus oídos «Mediterráneo» remitirá al crisol donde se fundieron las grandes civilizaciones antiguas para cristalizar en eso que llamamos «la civilización mediterránea», de cuya existencia no dudamos por más escurridiza que se nos haga su definición.
Mi primer recuerdo del Mediterráneo no es el de una playa alicantina con suecas en bikini, sino el de un álbum de cromos de Nestlé titulado “Los viajes de Ulises”. En uno de la isla de Capri se veía una ladera de pinos de copa ancha inclinada sobre un mar azul añil, bajo un cielo luminoso. Aquel cromo fue «mi Mediterráneo» durante unos años.
Cada uno de nosotros tiene «su Mediterráneo» propio, conforme a sus vivencias, su temperamento e incluso su estado de ánimo; pero todos ellos proceden de una misma geografía e historia compartidas, de un curso común de la ciencia, el arte y la cultura. Todos hemos visto Calabuch, Bienvenido Mr. Marshall, El verdugo, Belle Époque, Amarcord, Stromboli, La escapada, Viaje a Italia, Muerte en Venecia…
Hoy veremos juntos otra película más: El Mediterráneo, el mar de todos nosotros, que trata de cuanto he dicho. Se trata de un documental estrenado en 2014, realizado por Michaël Pitiot con Yann Arthus-Bertrand como director de imagen, dos personas comprometidas con la protección del medio ambiente y la lucha contra el cambio climático, con una larga trayectoria profesional a sus espaldas.
Yann Arthus-Bertrand es presidente de la Fundación GoodPlanet y miembro de la Academia de Bellas Artes francesa. En 2010 fue condecorado con la Legión de Honor, el máximo galardón que se otorga en la república francesa. Nació en 1946. A los treinta años se fue a la reserva Masái Mara de Kenia y permaneció allí tres años, con su mujer, estudiando el comportamiento de los leones. Allí se hizo piloto de globos aerostáticos, para ganarse la vida; y descubrió así su vocación de fotógrafo aéreo, presente luego en todas sus películas. No hay más que ver los títulos de algunas: La tierra, vista desde el cielo (2004), París, vista desde el cielo (2010), Metz y su país, vista desde el cielo (2013) y Marruecos desde el cielo (2017). La belleza de la tierra contemplada desde el aire ha sido siempre un ingrediente fundamental en toda su obra. La otra constante de sus películas y series televisivas ha sido la concienciación acerca de los problemas ecológicos. Home (2009), Planeta Océano (2012), Human y Argelia, (ambas en 2015), Terra y 7 mil millones de otros (ambas en 2016) constituyen un auténtico apostolado ecologista.
Michaël Pitiot nació en 1970. En 1991 empezó en Zaire una carrera diplomática que continuó en Vietnam, de 1993 a 1998. Ese año decidió abandonar la diplomacia y regresar a Francia, partiendo de China, a bordo del junco Sao Mai, construido expresamente para ello. Aquel viaje de regreso en compañía de treinta voluntarios duró tres años y fue narrado en la película L’Odysée de Sao Mai, que le lanzó a la fama en el año 2001. De aquella epopeya nacieron también varios libros. Le cogió gusto al asunto y entre 2001 y 2003 se embarcó en una expedición de circunnavegación de la costa africana, que dio lugar también a más documentales y libros. En 2003 se fue a Afganistán y de ahí a Bután, al año siguiente. En 2006 rodó un documental sobre los perros huskies de Alaska. En 2009, otro sobre una historia de la piratería. En fin, la suya es toda una vida dedicada a su pasión por el mar y la ecología, plasmada en documentales y libros surgidos de sus andanzas aventureras.
La colaboración entre Arthus-Bertrand y Pitiot ha sido estrecha. Comenzó en 2012 con Planeta Océano y desde entonces han rodado juntos casi todos los años: en 2014, la película que vamos a ver a continuación, Argelia en 2015, Terra en 2016 y Marruecos desde el cielo en 2017. Todas ellas parten de la misma idea: somos una sola Humanidad en un mismo planeta. El Mediterráneo, el mar de todos nosotros aplica ese mensaje a la cuenca mediterránea. Para su rodaje se tomaron imágenes en quince países, a lo largo de todo un año. El montaje que vamos a ver hoy es la decantación de 175 horas de filmación. Igual de depurada ha sido la dirección musical, a cargo de Armand Amar. La riqueza visual y musical de este documental añadirá, sin duda, algunos recuerdos más a nuestra memoria del Mediterráneo.

Un pensamiento en “‘Una sola Humanidad en un mismo planeta’, por Jesús Garmendia

  1. JOSE ANTONIO CABRERA MENDEZ

    Jesús, es el precio a pagar cuando se sabe transmitir y se preparan bien los temas.
    Pasado un tiempo, me ha gustado más tu charla que el documental que tiene agujeros negros de peso…para tratar en otro momento.
    Un abrazo.

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