De la isla de Egina a Munich, de Donostia a la isla de Egina

Los frontones del templo de la isla de Egina, en la Gliptoteca de Munich.
Fue una mañana muy agradable aquella del 4 de julio 2015.
El día anterior habíamos tomado tierra en Munich y por la tarde visitamos la Marienplatz, centro y alma de Múnich, famosa también por que en ella se celebran los populosos mercados de Navidad. Allí está el espectacular ayuntamiento. Reconocimos las Residenz, Residencia de Múnich, anterior palacio real de los reyes de Baviera, mansión urbana más grande de Alemania y uno de los mejores museos decorativos en Europa. Hacía calor, mucho calor.
Como refresco, una jarra de cerveza a la gigantesca Hofbrauhaus, en la zona vieja de la ciudad. Sus orígenes de remontan a 1589. El público general fue admitido en 1828 por decreto del rey Luis I de Baviera. El hall principal alberga 1500 personas y en el subsuelo se halla uno más pequeño para 1000. Siendo centro de la vida política y popular muniquesa en 1919, se proclamó en sus salones la República Soviética de Baviera. Lenin era de hecho uno de sus visitantes asiduos.
La mañana del 4 todavía guardaba algo del frescor de la noche. La dedicamos a visitar alguno de los muesos de Munich, entre otros ‘Las pinacotecas’.
La ‘pinacoteca de arte contemporáneo’ que aúna colecciones de arte moderno, diseño industrial, trabajos sobre papel y arquitectura. Su exposición permanente es fantástica, pero también las temporales. La planta sótano está dedicada al diseño, con interesantísimas piezas de mobiliario o tecnología partiendo del siglo XIX.
En la pinacoteca antigua ‘Lenbachhaus’, nos quedamos pegados, sobre todo, en el contenedor diseñado por el estudio de Norman Foster para la colección de obras del Jinete Azul, y los fantásticos cuadros de Kandisnky, Marc, Klee y compañía. Además de la colección de pintores flamencos, italianos y, muy especialmente, germanos de la Edad Media. Entre ellos, Durero o Altdorfer. No faltan los artistas españoles del Siglo de Oro, con una sala propia.
Hoy merece la pena volver el recuerdo hacia la Gliptoteca
La Gliptoteca, en un edificio neoclásico, presenta una colección de esculturas griegas, como el fauno de kurun, la medusa, o elementos de templos griegos. En este museo, entre los más singulares y agradables de visitar en la ciudad, llama la atención en especial el frontón del templo de la isla griega de Egina. Se ha criticado a la Gliptoteca que sus piezas expuestas no disponen de muy buena información. Si entonces no la conseguimos, ahora, con la preparación del viaje, hemos conseguido profundizar en el mundo de la Grecia Antigua y en concreto sabemos algo más sobre el templo de Egina y su frontón.
El domingo 20 de mayo la expedición de Lantxabe ‘visitará el templo de Afaya, de orden dórico, ubicado en la isla de Egina. Fue durante mucho tiempo considerado como el templo de Zeus Panhelénico, para después pensar que pudo estar dedicado a Atenea (aún a veces se le llama «Atenea Afaya»). Data del final del siglo VI a. C. o del principio del siglo V a. C. Se considera que se halla entre el período arcaico y el clásico del arte griego’.(Texto tomado de los preciosos apuntes que Mari Jose Noain ha preparado y que servirán de guía para este periplo)
Pues bien hace tres años que bastantes de los viajeros a Grecia, tuvieron la oportunidad de ver los célebres frontones del templo de Afaya (isla de Egina) en la Gliptoteca de Munich.
Otra cosa es que quizás es en la isla dónde deberían estar.
Cierto, los ciclos de literatura y cine de Aiete, son una intensa escuela de formación en humanidades (cultura, cine, literatura, novela, geografía, historia) a pie de calle, tocando la vida, el arte con los dedos.
A continuación un breve apunte histórico
A comienzos del siglo XIX, en 1811, se dio a conocer en Munich la serie de esculturas recuperadas en las excavaciones de la isla de Egina. Eran originales de mármol que el rey Luis I de Baviera adquirió para la Gliptoteca de Munich, si bien previamente las envió a Roma al taller de Thorwaldsen, que se encargó de repararlas y restaurarlas. Aunque el trabajo de Thorwaldsen fue digno del realizado por el maestro egineta, las esculturas perdieron su aura original y así han estado hasta hace unos años, cuando se optó por liberarlas de los añadidos y recomposiciones llevados a cabo por el escultor danés. La ocasión fue aprovechada para montar las esculturas conforme a la antigua composición frontonal, con lo que, en cierto modo, recuperaban su antigua función y sentido. Con buen criterio, los responsables de la Gliptoteca dejaron expuestas al público en las salas dedicadas a las esculturas de Egina, las piezas esculpidas por Thorwaldsen, ya que habían sido parte de su historia. El estudio de conjunto de las esculturas del templo de Aphaia fue publicado en 1906 por un gran arqueólogo, A. Furtwängler, que aportó, además, la experiencia de sus excavaciones en Egina, de ahí que la obra se convirtiera en un clásico para los estudiosos de la escultura griega. La temática de los frontones se refiere a las hazañas de los héroes eginetas en las Guerras de Troya; la primera, aún más mítica y legendaria, se narra en el frontón oriental, y la segunda, inmortalizada por Homero, en el frontón occidental. Ambos frontones responden al mismo esquema compositivo, pero difieren en el estilo. La composición es estrictamente simétrica, presidida por Atenea en el centro, a cuyos lados se sitúan los grupos de combatientes. El problema del estilo merece ser tratado despacio. En las excavaciones de Egina fueron hallados restos de tres frontones; dos de ellos correspondían al período de construcción del templo en la década 500-490, mientras el tercero era posterior, hacia 480. Esta situación, anómala en principio, tiene su explicación, que es la siguiente. Mientras se construía el templo se empezaron a labrar las esculturas para decorar los frontones y cuando al cabo de los años estuvieron acabados, se comprobó que se habían quedado anticuados a causa de la rápida e intensa evolución estilística de este momento. Para paliar la situación se decidió renovar el frontón de la fachada oriental, que era la principal, renovación que consistió en esculpir el frontón de nuevo; para el frontón de la fachada occidental, la trasera, se utilizaron las esculturas que estaban preparadas desde el principio. He aquí la causa de que tengamos un frontón oriental viejo y un frontón occidental de hacia 490 y un segundo frontón oriental de hacia 480. Las esculturas del primer frontón oriental fueron consagradas a la diosa y quedaron como reliquias en el santuario. La comparación de las figuras del frontón occidental con las del segundo frontón oriental demuestra claramente el estilo más evolucionado de éste, en el que se advierten los cambios incipientes del estilo severo, mientras en aquél queda la herencia tardoarcaica. Así se ve en la figura de Atenea del frontón occidental, que viene a ser una kore armada, y en las figuras de guerreros que la acompañan, como el del casco frigio, identificado con Paris, que se agacha para disparar el arco, sin que en su cuerpo se adviertan la tensión ni el esfuerzo; o bien en el guerrero caído, que intenta extraerse una flecha del pecho, mientras se dibuja en su rostro la sonrisa arcaica. Son figuras planas que ejecutan movimientos convencionales y cuyas actitudes no sintonizan con los movimientos ejecutados. Lo mismo se puede decir del tratamiento de los paños, excelente trabajo de cincel, evocador del bruñido del broncista, especialidad de los maestros eginetas, pero sometido a convencionalismos de rigidez, zigzags y falta de naturalidad. De la Atenea del segundo frontón oriental sólo se conserva la cabeza, pero basta ver la estructura y el óvalo del rostro para advertir la evolución. Idéntica conclusión se saca al observar la figura sensacional de Herakles, arquero arrodillado como Paris pero «convertido todo él en un arco tenso» (Blanco), de modo que la forma cerrada expresa la intensidad y la cohesión del movimiento. Por su parte, el guerrero caído y moribundo es de un atrevimiento asombroso, pues apoyado en el borde del escudo gira sobre sí mismo a punto de derrumbarse. La impresión que se tiene ante él es que de un momento a otro va a rodar del frontón, efecto que seguramente acrecentaba la altura. Hay otras, pero éstas son las diferencias estilísticas sustanciales que explican la distancia cronológica entre los dos frontones.

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