El pasado de Donostia, marcado por la necesidad de agua, en el caserío Txanpuene

Esta historia que les vamos a relatar, copiada de un artículo de Dani Soriazu publicado en el Diario Vasco de hoy, domingo, 1 abril 2018, con un gran despliegue fotográfico, hace tiempo que venimos relatando en las páginas de esta web.
De hecho proponemos que el caserío Txanpuene no se derribe y que se dedique a ‘Museo del Agua’ precisamente porque como escribe Soriazu ‘El pasado de Donostia está marcado por la necesidad de agua y sus esfuerzos por conseguirla. Solo algunas fuentes que hoy sobreviven fueron testigos de una época en la que su función era mucho más que servir como mero ornamento’
San Sebastián debe a Morlans, a la colina de Aiete, este recuerdo en forma de museo. Morlans y Aiete fueron el lugar de embolsamiento masivo de agua que se suministraba a la ciudad. (Los pozos de agua se conservan allí aunque Donostia ya no la necesite y la ciudad se abastezca de la que procede de la presa del Añarbe).
Hoy las fuentes de Donostia son elementos ornamentales, pero hace unos siglos los manantiales eran el único lugar donde recoger agua para su consumo. De esta naturaleza es la ‘Fuente de la Virgen’ en Miramon, recuperada y agraciada con el símbolo del Bosque de Miramon; hace menos de un siglo era punto estratégico para el abastecimiento de agua potable a los habitantes de su entorno y encuentro de las caseras y caseros de la zona
Si nos remontamos al siglo XVII, y dentro de las murallas que protegían la pequeña urbe, había algunos pozos, pero la mayoría de ellos eran medio salinos y su agua no era apta para ser bebida.

La solución fue hacer un acueducto desde Morlans, la primera gran traída de agua a la ciudad. A través del acueducto se llevaba el agua hasta una fuente de seis caños, situada junto a la Puerta de Tierra, en la plaza Vieja.
La construcción de este artefacto, tan antiguo como la era cristiana, a comienzos del XVII en Morlans, fue lo que permitió traer, por primera vez hasta la muralla, una gran cantidad de agua recogida de varios manantiales que se encontraban en la colina de Aiete. De hecho, todavía queda allí algún resto de esta estructura, que Lantxabe insiste en proteger, pocas veces con éxito, dada la proverbial rigidez y obsesión municipal por ‘hacer casas’, construcciones que les dan créditos indirectos a los gobiernos de nuestra ciudad.
Durante los conflictos bélicos que azotaron Donostia entre el siglo XVIII y XIX las canalizaciones sufrían los ataques del enemigo para privar a la ciudad de agua.
A principios del siglo XX, Donostia seguía pasando escasez de agua, y más aún en verano. Los manantiales de Morlans no eran suficientes para abastecerla y se estudiaron nuevas soluciones y se empezó a traer agua desde Artikutza.
Pero del donostiarra más viejo procede el león que actualmente está situado en la plaza Lasala. Ya no funciona como fuente, pero sí que lo hizo durante muchos años; fue instalado junto a la Puerta de Tierra, donde se recogían las aguas del acueducto de Morlans. Otras fuentes estaban en la plaza Esterlines -donde hoy están las terrazas de los bares Danena y Juantxo-. La fuente de la plaza de Esterlines era muy elegante. Elevada sobre escalones y de base octogonal, el agua salía de las bocas de dos cisnes de hierro colado, empinados sobre el pilón de mármol.
Otra se hallaba en la antigua Pescadería situada en el extremo de la calle del mismo nombre y que tenía una escultura de un niño agarrando una oca. Hoy en día la podemos encontrar en la plaza Xabier Zubiri, frente al Hotel Londres. Otra es la fuente de Kañoietan, una de las más antiguas de la ciudad
Una fuente de la que se ha perdido completamente la pista es la que existía en el patio central del primitivo mercado de La Bretxa de 1870 que representaba la efigie de una mujer llevando un cántaro en la cabeza; una reproducción se ha dispuesto en la 31 de agosto. Hablando de pérdidas, una disquisición, lo mismo ha sucedido con la placa que recordaba la celebración del pacto de San Sebastián, año 1930, colocada en la calle Garibay 6, como homenaje a la reunión celebrada en sus locales y que fue preludio de la república de 1931. Lantxabe reivindica que se localice la placa y se vuelva a colocar en ese mismo lugar del que la arrancaron los franquistas.

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