Primo Levi, el deber ético de mantener la memoria histórica

El pasado jueves 14 se celebraba la tertulia sobre la obra de Primo Levi, en especial, ‘Si esto es un hombre’ en la Casa de Cultura.

Lola Arrieta, glosó la figura de Levi. Las personas asistentes seguían la presentación con mucho interés. El tiempo, dos horas, voló, y la conversación seguía en las salas subsiguientes del Centro Cultural y lugares y sitios de los alrededores.
Al leer la autobigrafía poética, literaria, el duro escrito de Primo, al conocer los detalles de su vida en los campos de exterminio, sin detalles que llegaran a la morbosidad, la gente nos frotamos los ojos.
En estas fechas navideñas la emoción está a flor de pie. Un motivo para recordar el 30 aniversario de la muerte de Primo Levi (1919-1987), escritor y pensador italiano, judío de origen sefardí, considerado el precursor de la literatura y la memoria histórica del Holocausto
El relato de Lola Arrieta recorrió, como en otras tertulias, la vida de Levi; un joven químico turinés integrado durante la II Guerra Mundial en el grupo partisano “Justicia y Libertad”. Capturado por la Milicia Fascista mussoliniana en diciembre de 1943, fue entregado al ejército de ocupación alemán para ser posteriormente deportado desde el campo de Fossoli, a la estación de Carpi y a Auschwitz, el más siniestro de los campos de exterminio hitlerianos, donde permaneció hasta la liberación del mismo por el Ejército soviético en enero de 1945. De los 650 judíos italianos que fueron deportados en el mismo convoy que Levi, sólo sobrevivieron cuatro personas.
“Carpi no es destino turístico, pero el corazón de los visitantes late más deprisa en la medida en que nos acercamos al Museo de la Memoria de los Deportados porque sabemos que vamos a encontrarnos con el autor de ‘Si esto es un hombre’, con Primo Levi” escribe Lola Arrieta en esta web. Sobre este museo/monumento dedicado a las víctimas del holocausto ubicado en la pequeña ciudad italiana Carpi, cerca de Módena, Lola proyectó en pantalla, durante la tertulia, fotografías que los viajeros de Lantxabe hicieron en su visita al museo el pasado 8 de julio.

Este Museo-monumento que recuerda al Deportado político y racial en los campos de exterminio nazi sabe transmitir la fuerza acusadora de las escrituras espontáneas en los grafitis parietales grabados sobre fondo color sangre, en las quince estelas fijadas en el patio con los nombres de los campos de exterminio que plasman el importante significado de la retórica epigráfica, y en la alucinante sala de los nombres, donde se siente la fuerza permanente de la escritura como recuerdo; también la lápida en honor a los deportados, austera en la parte tipográfica y con gran energía en la parte del grafiti con dibujo de Cerrado Cagli, ilegible en las fotos expuestas.
El tremendo drama vivido y sufrido por Levi, lo plasmó en su libro ‘Si esto es un hombre ‘(1947), objeto directo de la tertulia.
Los asistentes, lectores de más de cien libros en estas tertulias, comprobaron por qué se dice que la de Primo es una obra fundamental de la literatura contemporánea.
Lola nos informó que ha tenido múltiples ediciones en diversos idiomas, incluido el euskera -traducido por Mikel Iturtia- y ha sido objeto de varias versiones radiofónicas y teatrales.
Primo no entra en detalles atroces que caracterizaban a los campos de exterminio nazis, sino que el objeto de su obra es “proporcionar documentación para el estudio sereno de algunos aspectos del alma humana” en situaciones límite como las que existían en Auschwitz. Lo que Levi denomina “la destrucción del hombre”, y le importa subrayar el trato brutal al cual eran sometidos las prisioneros considerados como “infrahumanos” por los nazis (judíos, gitanos, eslavos), su explotación sistemática y cruel, su muerte programada con una frialdad y metódica precisión. Auschwitz logró la “horrenda primacía” entre todos los campos de exterminio al lograr la enorme cifra de “24.000 muertos en un solo día en agosto de 1944.
En la tertulia se destaca una frase del libro que resume la destrucción física y anímica del ser humano a manos del nazismo: “hemos llegado al fondo. Más bajo no puede llegarse: una condición humana más miserable no existe, y no puede imaginarse”.

Levi distingue dos tipos de prisioneros: los “hundidos”, los que se desmoronan ante aquel inmenso cúmulo de sufrimientos, los que pierden toda capacidad de resistencia y acaban irremisiblemente en la cámara de gas y el crematorio, y los “salvados”, aquellos que con mayor fortaleza física y anímica, luchan a cada instante por sobrevivir. Muchos años después, Levi volvería a este tema en su libro titulado así, precisamente, ‘Los hundidos y los salvados’ (1986).
A lo largo del libro se alude a diversos personajes y grupos de deportados: habla con emoción de los judíos griegos deportados de Salónica (admirables, tenaces y solidarios), muchos de ellos con seculares raíces que se remontaban a los judíos expulsados de Aragón en 1492; recuerda la llegada masiva de deportados húngaros durante la primavera de 1944. Con profunda emoción -compartida por los tertulianos- alude Levi a algunos presos que, en medio de aquel infierno, supieron mantener la dignidad humana, sobreponiéndose a tanta depravada deshumanización. Este fue el caso de “Lorenzo”, que salvó la vida de Levi y que “con su manera tan llana y fácil de ser bueno, que todavía había un mundo justo y fuera del nuestro, algo y alguien todavía puro y entero, no corrompido ni salvaje, ajeno al odio y al miedo”.
Algunas intervenciones del debate se fijaron en el apéndice (1976) que Levi incorporó al libro, en el cual recogía las preguntas y respuestas más habituales que los estudiantes le fueron haciendo durante años en relación a la tragedia de la Shoah.
En dicho apéndice trata temas como
a)Su rechazo a odiar a Alemania y los alemanes por sus crímenes, lo cual no supone que conceda un “perdón indiscriminado” hacia los culpables.
b)Frente a los que maquillan la tragedia en base a teorías negacionistas y revisionistas afines al neofascismo, afirma que el pueblo alemán sabía que se estaba perpetrando un genocidio de inmensas proporciones y, por ello, lo considera “plenamente culpable” ya que, “quien sabía no hablaba, quien no sabía no preguntaba, quien preguntaba no obtenía respuesta”.
c)Alude también a la dificultad de huir y de efectuar rebeliones masivas en los Lager (pese a que las hubo en Treblinka, Sobibor, Birkenau o el “ejemplo de extraordinaria fuerza moral” del levantamiento del guetto de Varsovia)
d)Analiza el odio fanático del nazismo para con los judíos, o el eterno dilema de los supervivientes entre olvidar la tragedia o recordarla para mantener viva su memoria. En este sentido, Levi es claro y contundente ya que nos recuerda que “meditar sobre lo que pasó es deber de todos”.
Tras reconocer que sin la dramática experiencia de Auschwitz el químico Levi es muy probable que nunca se hubiese dedicado a la literatura (que le hizo merecedor de varios premios y ser candidato al Nobel) y a la defensa de la memoria histórica, admite que sobrevivió porque tuvo suerte y voluntad, ya que pudo sustraerse a aquella “total humillación y desmoralización que condujo a muchos al naufragio espiritual” y pudo seguir siendo un hombre, mantuvo su dignidad y valores.
Levi utilizó, destaca la presentadora en la tertulia, “el lenguaje mesurado y sobrio del testigo; no el lamentoso lenguaje de la víctima ni el iracundo lenguaje del vengador. La palabra resulta tanto más creíble cuanto más objetiva y menos apasionada sea; sólo así el testigo en un juicio cumple su función, que es la de preparar el terreno para los jueces: los jueces somo nosotros”.
Esa es la fuerza moral, el impulso ético y la necesidad de mantener siempre viva la memoria histórica.
Por ello, 30 años después de su muerte, Primo Levi sigue vivo en la memoria y la lectura de ‘Si esto es un hombre’ (Lola finalizó la tertulia con la lectura del estremecedor poema que da título al libro).
Aiete protagonizó un buen homenaje para aquel judío italiano de origen sefardí que nos compromete en el permanente deber ético de la defensa de la memoria histórica y la dignidad humana frente al fascismo.

4 comentarios en “Primo Levi, el deber ético de mantener la memoria histórica

  1. Berta Morgano

    30 años después de su muerte, la obra de Primo Levi -número 174.517 para la administración de Auschwitz- mantiene intacta esa combinación de rigor, bondad y lucidez que aún deslumbra frente al intelectual que dogmatiza para equivocarse y rectifica sólo para poder dogmatizar otra vez. El escritor turinés se convirtió en ineludible referente ético del siglo XX a base de combinar ese análisis minucioso y ese sentido común que le llevaron a sacudir por igual a neofascistas, izquierdistas pro Brigadas Rojas y Gobierno israelí. Entre el verdugo implacable y la víctima inocente hay una galería infinita de posibilidades: quien se alía con el primero para sobrevivir, quien lo hace para medrar, quien ejecuta sin pasión y quién lo hace con deleite, quien no ve y quien prefiere no ver. Del blanco al negro, Primo Levi exploró todas las tonalidades de grises y su veredicto fue absolutorio para todo aquel que se encontró en una encrucijada moral que no había elegido y que le llevó a hacer lo que quizás nunca hubiese hecho. Mientras se aproxima la fecha en la que ya no quedará vivo ningún testigo directo de la Shoah, es un buen momento para recordar que su obra se alza por encima de todas las que conforman eso que se ha dado en llamar ‘literatura del Holocausto’ porque es más inteligente, minuciosa, incisiva y conmovedora que todas las demás.
    Gracias Lola

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  2. Marisa

    Hoy se conmemora en el 73º aniversario de la liberación del campo de exterminio nazi de Auschwitz. El 27 de enero de 1945 fue liberado Primo Levi de Auschwitz-Birkenau. Hace unas semanas hemos tenido en nuestras manos su ‘Si esto es un hombre’, recorrimos Auschwitz-Birkenau y retornamos a Carpi
    Este 2018 recordamos también el 75º aniversario de la apertura de cuatro enormes cámaras de gas y crematorios en el campo de Auschwitz II-Birkenau. Por lo tanto, el símbolo visual del aniversario será la obra de David Olère, el ex prisionero de Sonderkommando, quien en sus pinturas y dibujos de posguerra presentó la tragedia de las personas asesinadas en las cámaras de gas.
    Como se nos dijo en la tertulia, hasta la liberación de los campos por los soldados del Ejército Rojo, los alemanes mataron en Auschwitz alrededor de 1,1 millón de personas, principalmente judíos, pero también polacos, gitanos, prisioneros de guerra soviéticos y personas de otras nacionalidades. En 1945 los alemanes escapando del territorio ocupado durante la II Guerra Mundial intentaron tapar las huellas y destruir todas las evidencias de su actuación. Los edificios en el territorio del campo fueron volados y los almacenes y documentos fueron quemados casi por completo. El 27 de enero, las tropas soviéticas llegaron a Auschwitz y liberaron a unas 7 mil personas, víctimas de la sanguinaria, infrahumana crueldad nazi.

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  3. Leonardo Restrepo

    Tenemos que conocer a profundidad este horrendo crimen de lesa humanidad, para no permitir jamás su rebobinamiento, aún a costa de la efímera vida

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  4. Primo Levi nació hace cien años

    Tal vez porque resulta incómodo pensar en las raíces del horror y reconocer la propia pasividad, y la de tantos intelectuales y políticos que tuvieron conocimiento de los episodios de barbarie sucedidos al correr del siglo. Lo experimentó muy pronto Primo Levi, llegado a su Turín natal desde Auschwitz, “con una carga narrativa patológica absoluta”. Su primer libro, Si esto es un hombre, fue rechazado en 1946 por editoriales como Einaudi. Vio la luz gracias a un pequeño editor, Antonicelli, siendo recibido con indiferencia.
    El éxito posterior de su relato sobre Auschwitz tuvo mucho que ver con la combinatoria adoptada por Levi para su elaboración. Como en otras narraciones del género, en Si esto es un hombre el hilo conductor es autobiográfico. El lector se ve introducido en una espiral del horror, que solo resulta soportable por la frecuente detención en retratos de personajes y hechos de la vida cotidiana. La mirada de Levi se convierte en cámara de filmación que va registrando circunstancias y anécdotas, gracias a las cuales va cobrando forma un puzle donde toda la carga de irracionalidad vertida por los verdugos —SS y kapos— sobre los prisioneros adquiere perfiles precisos, tanto en el plano de los comportamientos humanos como de las reglas que proporcionan una férrea cohesión al sistema concentracionario.
    De haberse quedado en este nivel descriptivo, la obra de Levi hubiese sido una más en el valioso elenco de testimonios sobre el Holocausto. Hay rasgos que, sin embargo, la singularizan. El primero es la voluntad de rigor, aplicando las pautas del conocimiento científico a su estudio sobre la vida y el funcionamiento del campo. “Yo tengo dos raíces” —aclara—, “una es el sentimiento del lager y otra es el sentimiento de la química con sus dimensiones”. Levi busca en este sentido un distanciamiento del objeto descrito, que haga posible su análisis y confiera objetividad al testimonio. Solo que una vez llegado a este punto, es necesario volver a sí mismo y al sujeto colectivo de los condenados a la muerte en el campo. Levi no se hace ilusión alguna: “Todo nos dice que no volveremos”, “convertidos en esclavos, muertos para nosotros mismos antes de morir en la vida”. La función del lager no es solo el exterminio físico, sino una deshumanización radical, la conversión de los hombres en bestias que luchan entre sí por una supervivencia imposible: “En el lager, la lucha por la vida es implacable porque cada uno está desesperado y ferozmente solo”.
    Es lo que Primo Levi no está dispuesto a asumir: “Quiero sobrevivir, antes que nada y sobre todo, para dar testimonio de lo que he visto”, explicará años después a un joven investigador. E imponiéndose a su inevitable pesimismo, esto supone rescatar la compasión, la solidaridad que el nazismo ha logrado aniquilar. Desde el fondo del abismo de Auschwitz, Levi alza los valores de la razón y del sentimiento humanos frente a las ideologías totalitarias del odio, que en el siglo XX no se limitaron solo al nazismo alemán.
    En su último libro, Los hundidos y los salvados, de 1986, Primo Levi vuelve sobre un tema del primer libro: la diferencia básica entre los elegidos y los condenados en el lager, ahora entre los supervivientes y las víctimas. La preocupación de Levi consiste, por una parte, en oponerse a la previsible degradación de la memoria, y por otra, en ahondar en los aspectos más complejos de la estructura de los lager, como en primer plano lo que denomina zona gris que abarca las diversas formas de colaboración con el opresor, o la violencia inútil, el recreo de los verdugos en el sufrimiento de las víctimas. Ve en el lager la reproducción del Estado totalitario. Se asombra, como Hannah Arendt, ante el hecho de que los verdugos fueran gente normal, embaucada por un “profeta”. La reflexión desemboca así en el tema de la adhesión de “un pueblo entero civilizado” a un histrión que lo llevó a la catástrofe. Por eso es necesario salvaguardar la memoria: “Ha sucedido, y por consiguiente puede volver a suceder”. Y rechaza “la trivialización de la masacre nazi” , propuesta en Alemania por Nolte y Hillgruber.
    Una vez cerrado el ciclo de Auschwitz con Los hundidos y los salvados, el suicidio de 1987 sigue a la depresión que marcó también a otros salvados. Las vivencias del horror eran imborrables. También al sentimiento de culpa por seguir vivo, apreciable en poemas como El superviviente. Myriam Anissimov refleja muy bien esa “desesperanza” en su biografía de Primo Levi, que me hizo llegar la siempre lúcida Marianne Ponsford. El intelectual italo-judío pensaba que, “a pesar de nuestras ilusiones, los supervivientes solo sobrevivieron en apariencia”. El desenlace era sugerido un año antes en el poema A los amigos, cuando el tiempo apremia y “los compromisos han acabado”.
    Compromisos que no habían concluido en España, refugio de nazis desde 1945. En medio de nuestra pasividad, ya en democracia, correspondió a otra superviviente de Auschwitz, la citada Violeta Friedman, acometer la defensa de la memoria tras denunciar la reivindicación pública del doctor Mengele por el nazi belga Léon Degrelle. Su heroico esfuerzo culminó con la inserción en el Código Penal del delito de negación del genocidio. Tuvo suerte al morir antes de ver anulada en 2007 esa reforma por el Tribunal Constitucional, el cual invocó nada menos que “la libertad científica” de afirmar o negar el Holocausto.
    La advertencia de Primo Levi mantiene su actualidad: privado de la memoria, “el mundo será más vulnerable a un retorno de la barbarie nazi o a cualquier otra barbarie”. El responsable del terror “no puede y no debe blanquear su memoria”.

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