A Cristina Cifuentes le molesta S. A.

SAHa sido nombrar el dedo divino de Rajoy a las candidatas del PP en Madrid y girarse estas hacia Euskadi. Esperanza Aguirre acusando de exhibir odio a los españoles a los hinchas de Barça y Athletic que pitan el himno. Y sugiriendo imitar a Francia, donde si se silba la Marsellesa el partido se suspende y se juega luego a puerta cerrada.

A Cristina Cifuentes lo que le molesta es la música de S A (Soziedad Alkoholika). Entre la delegada y el Ayuntamiento madrileño ayer compitieron para ver quién prohibía antes el concierto de Soziedad Alkoholika del sábado. Se adelantó el Consistorio, por peligro de alteración del orden público, pero la Fiscalía investiga todavía a petición de Cifuentes si supone enaltecer el terrorismo.

Poco importa que la Audiencia Nacional y el Supremo resolvieran que las canciones del grupo «por repulsa social que merezcan» no humillan a las víctimas. A Soziedad Alkoholika le han prohibido todos los conciertos programados en Madrid en los últimos 5 años. A eso, en mi casa se le llama censura y es un ataque a la libertad de expresiòn, la misma en la Cifuentes se amparó para vincular a Ada Colau con ETA.

Eva Domaika

1 comentario en “A Cristina Cifuentes le molesta S. A.

  1. ALBERTO M

    «El banquero sigue engordando / El trabajador sigue adelgazando / Todo ya ha ocurrido antes / Y ocurrirá de nuevo / Ocurrirá de nuevo (…) Así que usa lo que tengas / Y aprende a manejarlo / Coge lo viejo / Y hazlo nuevo /#Si tuviera un revólver / Buscaría a los bastardos y dispararía sin dudar». Las estrofas anteriores fueron cantadas y coreadas el 2 de junio de 2012 en un concierto al que asistieron desde el palco las máximas autoridades de este país, cuyo eje programático de gobierno fue la llamada ‘normalización’. Obviamente, a nadie se le ocurrió que estuviéramos ante una incitación a la violencia, ni que nuestros gobernantes estuvieran amparando, impávidos cuando no celebrantes, un llamamiento al crimen.

    Tres años después nos encontramos con que el Ayuntamiento de Madrid ha prohibido un concierto del grupo Soziedad Alkoholika bajo el argumento policial que advierte del «peligro de alteración del orden público». En roman paladino: caso de censura de manual. Y más allá de la tendencia de las autoridades a investirse de sacerdotes inquisidores que velan por nuestra integridad física y moral, queda para la reflexión el mutismo con el que el mundo de la cultura se somete a los caprichosos dictados del poder, vayan por delante todas las honradas y contadas excepciones. Aún bajo la tiritona, no han entendido los creadores que la naturaleza de su trabajo es, ayer y hoy, aquì y alli, inherente al enfrentamiento con el poder político. Todos sus esfuerzos, hasta los más patéticos, por evitar el choque son inútiles. Al igual que en otras ocasiones –y aquí podríamos remitirnos a la negativa de tantos exhibidores a considerar si quiera la posibilidad de proyectar de ‘Asier ETA biok’ en sus salas–, el autodenominado ‘nosotros, el mundo de la cultura’ calla ante la tropelía. Una pérdida de tiempo: si lo que buscan es limar asperezas y reconciliarse con el poder, han de saber que sólo obtendrán su desprecio. Si se guarda silencio cuando se atropella la libertad de expresión, resulta grotesco alzar la voz para reclamar bajadas de impuestos. Por el camino, habrán perdido el respeto, el propio y el ajeno.

    Rocking all over the world y volviendo al principio, Bruce Springsteen cantó la citada ‘Jack of All Trades’ durante aquel año a lo largo y ancho del planeta, sin que haya a día de hoy noticia de que el público se dedicara a ejecutar banqueros. Ni siquiera en Madrid, en donde también actuó para alborozo de las autoridades de entonces, que por supuesto eran las mismas que las de ahora.

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