7 comentarios en “Posteconomía

  1. MA

    La hilarante trifulca desatada en la boda transversal celebrada en Donostia y en la que una canción de Benito Lertxundi sirvió de catalizador de una bronca latente de forma previa me ha traído a la memoria una vieja anécdota que podría servir para ilustrar que lo acontecido en el Hotel Londres fue la versión farsa de lo que previamente suele ser la tragedia.

    Ocurrió en octubre de 1991. Una noche, poco después de las doce, recibimos en la sección de Cierre del DV, en la que por aquel entonces ejercía de becario, un aviso de que se habia producido un tiroteo en un bar de Egia. Tenía todas las pintas de ser un atentado, algo bastante frecuente por aquella época. Me tocó ir al lugar de los hechos. Se trataba del bar El Puente, situado en la calle Río Deba. Dos guardias civiles que acababan de cenar habían sido ametrallados desde el exterior por dos encapuchados, mientras permanecían sentados de espaldas a la puerta y a la ventana del establecimiento. En aquella época aún no había Escenario Del Crimen, ni nada parecido. Según ibas llegando al lugar del atentado, campabas por tus respetos. Así, mientras fuera del bar seguían llegando Nissan Patrol de la Benemérita, con las sirenas luminosas encendidas, focos de luz que barrían la calle y agentes en los estribos del vehículo que apuntaban a todo bicho viviente con sus fusiles automáticos -o lo que sea que usaran en aquellos tiempos-, un par de periodistas mirábamos los cadáveres de Eduardo Sobrino, de 33 años y natural de Galicia, y Juan Carlos Trujillo, de 25 y nacido en Ciudad Real. Recuerdo que en el suelo del bar había un descomunal charco de sangre que obligaba a dar un salto para entrar si no querías pisarlo y que uno de los cadáveres, tumbado sobre la mesa, tenía en la mano izquierda un cigarrillo rubio consumido por entero pero con la ceniza intacta. Y como han pasado veintinún años, no recuerdo gran cosa más.

    Al día siguiente, a media tarde, se celebraron los funerales en la parroquia de la Sagrada Familia de Amara, junto al instituto Peñaflorida, antes del traslado de los cuerpos a sus respectivas tierras natales. Como es mi costumbre y defecto, llegué con bastante antelación. Mejor no lo hubiera hecho. En la puerta del templo había un guardia civil de paisano, gritando a los desiertos balcones de la calle José María Salaverría: “¿Dónde está el pueblo vasco? ¡Vaya mierda de pueblo de los cojones!” “Cobardes!”, “¡Hijos de puta!”, etc. Uno de sus compañeros intentaba calmarle, pero continuaron resonando los gritos e improperios,de los que pasé de inmediato a ser objeto, en cuanto me localizó con la mirada en medio de la calle vacía.

    Poco a poco, fueron llegando más personas acompañando y portando los dos féretros, procedentes del vecino edificio del Gobierno Civil, hoy Subdelegación del Gobierno. En una esquina, nos juntamos los periodistas. Cuando llegó la hora del funeral, unos y otros entramos en la Iglesia. En estos casos, la costumbre era que la prensa se colocara en un lugar discreto y tras la homilia saliera de la iglesia para esperar en el exterior el final de la ceremonia. Y así lo hicimos. Mal hecho. A los pocos minutos se escucharon algunos gritos procedentes del interior y acto seguido, un grupo de personas indignadas abandonaron el templo haciendo aspavientos. Eran los familiares de los fallecidos y buena parte de los asistentes. Preguntamos qué había pasado, pero en medio del tumulto sólo sacamos en claro que el sacerdote se había puesto a hablar en euskera. No supieron precisar más. Los periodistas recogimos las confusas expresiones de cabreo de los presentes y nos fuimos a nuestras respectivas redacciones.

    Al llegar a la mía, los responsables de la sección de Política escucharon mi relato y al terminar me hicieron la pregunta obvia: “Pero, ¿qué ha dicho el cura?”. Respuesta: “Ha rezado o cantado en euskera”, repetí. “¿Rezado o cantado?”. “No lo sé, pero ahora me entero”, respondí sudando tinta. Busqué el número de la parroquia, llamé por teléfono, cogió alguien, me identifiqué y pregunté por el sacerdote, la voz me dijo que aguardara un minuto. Finalmente, el párroco se puso al teléfono. Le pregunté que había pasado exactamente y me contestó: “He empezado a cantar el ‘Gure Aita’, el padrenuestro, la oración que nos une a todos los hombres”. Algunos familiares se sintieron molestos, insultados, provocados… “En absoluto ha sido mi intención, todo lo contrario”, me explicó el hombre que, todo hay que decirlo, estaba algo más que desolado.

    Y aquí acaba la historia. Al día siguiente se publicaron en el DV las declaraciones del cura. Y al siguiente, ‘Deia’ recriminaba al resto de los periodistas que no se hubieran enterado de cuál había sido el motivo que desencadenó el incidente. “O los periodistas no van habitualmente a misa o no saben euskera. El de El Diario Vasco fue la excepción”, concluía. Por supuesto, me sentí un impostor, así que mostré la reseña a uno de los compañeros que me había empujado a enterme de los hechos con exactitud para hacerle partícipe del elogioso comentario. Estaba liado y no me hizo excesivo caso, que se diga. “Hala, muy bien, majo” o algo así. Por mi parte, me guardé de recuerdo el recorte, aunque hoy es el día en el que no sé dónde.

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  2. Sobre la boda de MA

    El periodista donostiarra David Miner fue uno de los invitados a la boda que el pasado sábado acabó con una multitudinaria pelea en el centro de San Sebastián. Amigo de la cuadrilla del novio, con quien compartió estudios en el colegio, fue testigo durante la noche de dos incidentes previos a la trifulca, en el momento de los postres, cuando el ambiente cordial con el que había transcurrido toda la celebración se enrareció, aunque sin que nadie esperase el desenlace de la noche.

    Cuenta Miner, que trabaja en la emisora esRadio de Madrid como imitador de conocidos personajes, que a la hora del postre se subió al escenario para hacer reír a los novios con sus juegos de voces. «Me lo piden en todas las bodas de mis amigos. Yo tenía preparado un ‘speach’ humorístico sobre los novios imitando a Guardiola, Mouriño, Florentino Pérez, Rajoy, Zapatero y alguno más. Me lo habían solicitado mis compañeros para poner humor antes de empezar el baile». Salió al escenario del salón y cuando llevaba unos cuatro minutos se oyeron voces de «¡fuera, fuera! ¡música, música!». «Me callé, lo dejé para que pusieran música. Me lo tomé con buen humor. Tenía preparado imitar a Basagoiti pero no lo hice, ¡bendita la hora!»», señaló el martes a la emisora en la que trabaja en Madrid.

    El hecho no pasó a mayores, pero la queja volvió a surgir minutos después, de nuevo por un momento que debiera haber pasado como anecdótico. Todos los amigos de colegio del novio le regalaron como sorpresa «un banderín semejante al que nos daban en el colegio cuando destacábamos». Querían hacerle saber que «era un compañero ideal para todos sus amigos que estábamos en su boda». Pero alguien entre los invitados de la parte de la novia –«un encanto de chica, muy amiga de todos los amigos del novio»–, gritó «‘mejor que le den una ikurriña’ y hubo un ligero murmullo», añade a este periódico, que publicó en primicia la noticia del suceso que acabó con dos detenidos, otros dos imputados y una quinta persona identificada por la pelea originada al final de la boda. «Alguno entendió el banderín como un símbolo nacional», lejos de la realidad porque el emblema no tiene ningún rasgo ni color que pueda parecerse a la bandera española, precisa Miner. El periodista puntualiza que si bien la familia del novio es oriunda de Valladolid, «solamente vinieron unos tíos suyos, de bastante edad, que a la hora de la pelea estaban ya descansando en sus habitaciones».

    Relata que tras la ceremonia en la catedral del Buen Pastor a las 18.30 horas, la cena transcurrió con absoluta normalidad. Lo quiere dejar bien claro para que conste que ni en la catedral, ni antes de la cena ni en el transcurso de ella hubo el más mínimo roce que provocara algún tipo de tensión. Estaban en mesas redondas de ocho personas, los amigos y familiares del novio ocupando sus sillas y los de la novia las suyas, en el clásico ambiente de todas las bodas en las que los novios son jóvenes.

    Tras los postres y pasado el primer momento del baile, Miner decidió retirarse, pero la versión que tiene de los incidentes posteriores «es de primerísima mano». Cuenta que «al final del baile, hacia las tres menos veinte de la madrugada –estaba contratado el salón hasta las 3– alguien pidió una balada de Benito Lertxundi como para bailar lento», pero el novio le dijo al DJ que la quitase «para poner música más animada, más de fin de fiesta». Esta decisión pudo ser malinterpretada por familiares y amigos de la novia que se lo tomaron como una desconsideración hacia lo vasco. Fue entonces cuando empezó a enredarse el ambiente entre los que querían bailar con sus parejas y quienes deseaban seguir bailando a lo suelto al ritmo de los discos más animados. La discusión subió de tono y empezaron los golpes. «Los empleados del hotel intentaron disuadir a los que se estaban pegando y amenazando». Al lugar también acudió la Ertzaintza, «unos diez agentes de paisano, no de uniforme» y con el resultado final de cinco heridos, dos de los cuales eran ertzainas. «Acabaron en el hospital por los golpes recibidos: la nariz rota, la cabeza abierta, golpes en la cara…», cuenta el invitado que, según sostiene, «nadie gritó ni gora ETA ni viva España», testimonio que, sin embargo, es desmentido por otras personas presentes.

    Los novios, en China

    El donostiarra pudo hablar a través de mensajes con el novio al día siguiente de los hechos. «Se encuentra muy apesadumbrado de todo lo que pasó». La pareja, de viaje de novios en China, no puede quitarse el disgusto de encima y sólo quiere que se olvide este incidente y todo vuelva a la más absoluta normalidad. Miner ompartió un detalle de los nervios propios del día de la boda, mucho antes de que sucediera la pelea. «La ceremonia en el Buen Pastor era a las seis y media de la tarde y él ya estaba vestido y preparado para las cinco y media. No hacía más que pasear por el hotel para tranquilizarse. Incluso saludó a un conocido periodista de televisión como es Carlos Pumares confundiéndole con Federico Jiménez Losantos de lo nervioso que estaba».

    El Juzgado de Instrucción número 2, que se encontraba de guardia el domingo de madrugada, tomará declaración a los implicados en la pelea en las próximas semanas

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  3. La estafa de la deuda pública

    por Vicenç Navarro de Público.es
    Según el pensamiento dominante en los establishments financieros, políticos y mediáticos que configuran la sabiduría convencional en el conocimiento económico, la deuda del Estado español (aproximad amente un 90% del PIB) se debe al excesivo gasto público realizado en el país durante los años de bonanza en los que se despilfarró el dinero público. Y para confirmar tal aseveración se citan casos como el del AVE, que en muchas partes de España apenas tiene pasajeros, o las carreteras que no llevan a ninguna parte y muchos otros ejemplos de derroche de dinero público que –según la sabiduría convencional- nos han llevado a la crisis actual. Un indicador de tal crisis es la elevada prima de riesgo que el Estado español tiene que pagar para poder conseguir dinero de la banca, pues ésta (conocida como los mercados financieros) está dejando de tener la confianza en la capacidad del Estado en poder pagar los intereses de su deuda pública. De ahí la necesidad de recortar gasto público a fin de disminuir el déficit y la deuda pública y recuperar así la famosa “confianza de los mercados”, la frase más utilizada en la narrativa oficial de los gobiernos español y catalán para justificar sus recortes presupuestarios.

    La gran estafa
    El crecimiento de la deuda pública, sin embargo, tiene muy poco que ver con la supuesta exuberancia del gasto público. En realidad, el gasto y empleo público español, incluyendo el catalán, son los más bajos de la UE-15. Sólo un adulto de ca da diez trabaja en el sector público en España (en Catalunya no se llega ni a este ratio). En Suecia, es uno de cada cuatro. La hipertrofia del sector público, que según el dogma neoliberal dominante está ahogando la economía española, es una de las falsedades más notorias que se transmite con mayor frecuencia en los mayores medios de información. Los datos, fácilmente accesibles, muestran precisamente lo contrario. El Estado en España (y en Catalunya) es uno de los más pobres de la Unión Europea de los Quince, UE-15. Ahora bien, los economistas de FEDEA, los gurús mediáticos –como Xavier Sala i Martín y otros- continuarán, contra toda la evidencia existente, subrayando que la raíz del problema que tiene España, incluyendo Catalunya, es su excesivo gasto público, que –según ellos- ha generado el gran crecimiento de su deuda pública.

    La causa real del crecimiento de la deuda
    La causa más importante (y más silenciada por los medios) de la elevada deuda pública en España ha sido el dominio de la banca –y muy en especial de la banca alemana- y de las fuerzas neoliberales que ésta promueve en el diseño del euro y su sistema de gobierno. Veamos los datos. Tales fuerzas establecieron un Banco Central que no era un Banco Central, sino que era un enorme lobby de la banca. Lo que hace un Banco Central en un país es imprimir dinero y con este dinero compra deuda pública a su Estado, de manera que si los intereses de sus bonos se disparan porque el Estado tiene dificultad para venderlos, el Banco Central entra y compra muchos bonos, con lo cual los intereses bajan. El Banco Central está ahí para defender a su Estado frente a la especulación de los mercados financieros. En contra de lo que se dice y de lo que se escribe, los intereses de la deuda los decide un Banco Central, no los mercados financieros.

    Ahora bien, cuando se estableció el euro, el Estado español perdió tal capacidad de imprimir dinero y comprar deuda pública. Se delegó tal autoridad al Banco Central Europeo, que sigue imprimiendo dinero pero no para prestarlo al Estado español (la compra de deuda pública, en la práctica, es un préstamo al Estado), sino para prestarlo a la banca privada a unos intereses bajísimos (menos de un 1%). Y es esta banca privada la que compra deuda pública a unos intereses elevadísimos (un 6% o un 7% en el caso español o italiano). Es un negocio redondo para la banca. El chanchullo del año. La banca, incluyendo la banca alemana, se ha forrado de dinero durante todos estos años. Nunca les había ido tan bien. Chupaban la sangre (los altos intereses de la deuda pública) al Estado, y cuando éste parecía que iba a desmayarse o morir, entonces (y sólo entonces), el Banco Central Europeo le prestaba dinero al Estado, es decir, le compraba deuda pública para que continuara viviendo, a fin de que la banca privada, como sanguijuela, pudiera continuar chupándole la sangre (es decir, su dinero).

    Este entramado, en el que el BCE da dinero a la banca privada a unos intereses bajísimos, se justifica con el argumento de que así se garantiza el crédito necesario para las familias y para las empresas medianas y pequeñas (que crean la mayoría de puestos de trabajo). Pero el crédito ni está ni se le espera. En realidad, a pesar de que el BCE ha dado desde diciembre de 2011 más de un billón de euros (sí, un billón de euros) a la banca privada (la mitad de este billón fue a la banca privada española e italiana), el crédito continúa escaso, pues la banca tenía otras inversiones (como comprar deuda pública) mucho más rentables que la de ofrecer crédito.

    Cualquier persona normal y corriente se preguntará, ¿por qué el BCE no prestó este dinero a los Estados de la Eurozona en lugar de prestarlo a la banca para poder financiarse sin necesidad de pagar unos intereses tan elevados a la banca privada? Por extraño que parezca, nadie en la estructura de poder que gobierna la Eurozona se planteó, hasta hace muy poco, esta pregunta. Y ello, como resultado de estar imbuidos en el dogma neoliberal, que es la ideología promovida por el capital financiero, es decir, por la banca (además de las compañías de seguro, fondos de alto riesgo y un largo etcétera).

    Si el BCE hubiera prestado el dinero al Estado español, en lugar de éste tener que pedirlo a la banca privada, el Estado hubiera ahorrado muchísimo dinero. El Estado, en lugar de pagar unos intereses al 6%, hubiera pagado al 1% (como pagan los bancos para obtener dinero del BCE), ahorrándose muchísimo, pero muchísimo dinero, sin que hubiera aparecido el problema de la deuda pública, y sin que se hubiera necesitado hacer ningún recorte de gasto público. Hoy, uno de cada cuatro euros que el Estado se gasta va para pagar su deuda pública, predominantemente a los bancos. Si hubiera recibido dinero directamente del BCE no habría habido ninguna necesidad de hacer recortes.

    El economista Eduardo Garzón ha calculado (en su artículo “Situación de las arcas públicas si el estado español no pagara intereses de deuda pública”) lo que el Estado español tendría como deuda pública (desde 1989 a 2011) si hubiera tenido un Banco Central que le hubiera prestado dinero al 1% de interés, sin tener que recurrir a la banca privada pagando los elevadísimos intereses que ha pagado. Pues bien, la deuda pública sería hoy un 14% del PIB (sí, ha leído bien, un 14%) en lugar de un 90%. Este es el enorme coste al Estado español de haber tenido el sistema de gobernanza del euro tal como ahora existe, sistema de gobernanza que se diseñó para optimizar los intereses de la banca a costa de los intereses de la población y de su Estado. Hoy España, incluyendo Catalunya, no tendría los problemas que tiene si hubiera tenido un Banco Central propio digno de su nombre, o hubiera tenido un Banco Central Europeo que hubiera sido un Banco Central.

    Las injusticias del sistema actual

    El sistema de gobierno del euro es, además de sumamente ineficiente, profundamente injusto, pues está originando un proceso redistributivo enormemente regresivo en el que la gran mayoría de la población está pagando con impuestos el pago de los intereses de la deuda pública del Estado, y con ello está transfiriendo a los súper ricos (que compran los bonos a través de los bancos) dinero para pagarles lo que el Estado les debe al haber comprado deuda pública. Esta transferencia de dinero se realiza también a nivel de la Eurozona, de manera que los países que tienen que pagar intereses de la deuda más altos (los países del Sur) los pagan a los bancos del Norte (que han invertido cantidades muy significativas de su capital en comprar deuda pública de tales países que generan unos intereses exuberantes, alcanzando unos beneficios estratosféricos). Alemania tiene 200.000 millones de euros en tal tipo de inversiones en España. En realidad, los famosos 100.000 millones de euros que la Unión Europea puso al alcance de España para “salvar sus bancos” era, en realidad, dinero (aprobado por el Parlamento Alemán) para salvar a los bancos alemanes (tal como han reconocido varios economistas asesores del gobierno alemán) que estaban con el agua al cuello debido a la deuda pública y privada española, ya que tenían pánico a que no les pudieran pagar. Será el pueblo español el que pagará los 40.000 millones que el Estado ha pedido para pagar tal deuda, situación que es profundamente injusta. Si después de leer este artículo usted, lector, no está indignado, es señal de que, o bien es usted parte del problema o es que no me he explicado bien. En este caso, le aconsejo lea el libro de Juan Torres y yo, Los Amos del Mundo. Las armas del terrorismo financiero donde expandimos lo que brevemente presento en este artículo. Pero créame que hay causas para estar más que indignado. Hoy se está desmantelando el escasamente financiado Estado del bienestar en España, incluyendo en Catalunya, para que los bancos puedan comprar su deuda pública, la cual consiguieron diseñando un sistema en que sus beneficios, que afectan a un sector superminoritario (lo que los indignados estadounidenses Occupy Wall Street movement llaman el 1%) se realice a costa de la miseria de todos los demás. Así de claro. Léase el libro y lo verá.

    Fuente: http://blogs.publico.es/vicenc-navarro/2012/10/30/la-estafa-de-la-deuda-publica/

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  4. "Alemania está poniendo en peligro el futuro de España" (y de Euskadi)

    por Stiglitz

    «Estamos peor ahora que hace cinco años», alerta el Nobel de Economía, para quien las políticas de austeridad son las responsables de la actual situación.

    Las actuales políticas de austeridad aplicadas en España y en el conjunto de Europa no ofrecen una respuesta a la actual crisis. A pesar de una mayor estabilidad a nivel global, las cosas están peor ahora que hace cinco años. Ese es el diagnóstico de Joseph Stiglitz, Premio Nobel de Economía de 2001, quien en una entrevista en la revista Capital advierte de que si no hay cambios «no habrá luz al final del túnel» .

    «Todos los túneles tienen un final. Espero que Europa cambie. Pero cualquiera que analice las cosas correctamente diría que hoy estamos peor que hace cinco años. No hay base para decir que estamos más cerca del fin de la crisis», afirma el reconocido economista, alertando una vez más de los males que acarrea la austeridad a ultranza.

    «Si las actuales políticas siguen siendo las mismas, y no solo en España sino en Europa en general, creo que no hay luz al final del túnel», añade el Nobel de Economía de 2001 y uno de los principales críticos de los planes de austeridad recetados a las economías europeas en dificultdes.

    De hecho, Stiglitz advierte de que, a pesar de que reformas como la armonización fiscal, la mutualización de deudas y la unión bancaria pueden salvaguardar el futuro del euro, se aprecia «escasa voluntad política» , ya que los políticos europeos «no entienden el rol de los bancos y no saben lo que hacen».

    Así, el economista estadounidense advierte de que cuanto más tarde Europa en solventar sus problemas, más débil será el sistema financiero español y más necesaria será la ayuda para España, donde considera que «el futuro es muy preocupante», particularmente por el desempleo juvenil. «Estamos destruyendo capital humano. Si lo analizamos el capital humano como inversión en el futuro, entonces en España se está haciendo justo lo contrario», apunta.

    A este respecto, Stiglitz reitera la dificultad de reducir el desempleo con las actuales políticas , aunque apunta que si la economía vuelve a crecer, se recuperará parte del empleo perdido.

    «Por eso me preocupa que Europa y Alemania estén poniendo en peligro el futuro de España «, afirma el Nobel de Economía, quien señala que «incluso el éxito de España a partir del año 2000, era un reflejo del fracaso del euro».

    Según cuenta en su blog el autor de la entrevista, Stiglitz califica de «locura» pensar que por el mero hecho de tener un mismo tipo de cambio en la región los riesgos eran iguales en Alemania, en Grecia o España. «El euro estaba basado en la hipótesis de que los mercados son eficientes y estables. Todas las evidencias de los últimos 200 años de capitalismo apuntan en la dirección contraria», concluye Stiglitz.

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  5. Bauman

    Todas las medidas emprendidas en nombre del «rescate de la economía» se convierten, como tocadas por una varita mágica, en medidas que sirven para enriquecer a los ricos y empobrecer a los pobres

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  6. Maria

    Quién les iba a decir a aquellos ya lejanos en el tiempo, inventores de la luz electrica (unos más reconocidos que otros) Thomas Alva Edison (quien se llevo la fama) y Nikola Tesla, el ingeniero de origen serbio (de la actual Croacia, que visitamos hace un par de años y tuvimos oportunidad de charlar sobre él) que se quedó a su sombra y sin el reconocimiento debido por tal invención, que es ya algo de vital necesidad, que sus precios iban alcanzar proporciones “estratosféricas” y, nunca mejor dicho, a todas “luces” indecentes, en el Estado español. Que salga un ministro de Energia y nos diga que le precio todavía se puede encarecer más (a día de hoy 100 euros por megavatio consumido) y se quede tan “ancho”, pues no es muy normal. Que ha llovido poco, -pero Rajoy ya sabía que iba a llover- que hay una ola de frío (en el resto de Europa también) y que pagamos la segunda o tercera electricidad más cara del continente. Pero, eso sí, con unos sueldos también más bajos, y cuando ilustres políticos buscan una dorada y cómoda “jubilación” a la “sombra” de las grandes compañías eléctricas. Urge ya y de una vez por todas una solución ante la pobreza energética y ante un total y absoluto atraco eléctrico y que se acabe con las puertas giratorias.

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