Miguel de Unamuno y Antonio Machado (con mucho gusto)

A la dimisión de Primo de Rivera (28-I-1930), Miguel de Unamuno recibe, desde el balcón de su casa de Salamanca, al pueblo que le aclama tras los seis años de extrañamiento en París-Hendaia. Febrero 1930.

«Yo vengo a saludar al hombre más descuidado de cuerpo y más limpio de alma de cuantos conozco: don Antonio Machado»

Miguel de Unamuno Jugo

Machado sienta plaza en el Instituto de Baeza (Jaen). Tenía 37 años, y le escribe a Unamuno: «Esta Baeza, que llaman Salamanca andaluza… apenas sabe leer un 30% dela población. Nohay más que una librería donde se venden tarjetas postales, devocionarios y periódicos clericales y pornográficos. La ciudad poblada de mendigos y señoritos arruinados ala ruleta. Sehabla de política – todo el mundo es conservador-…. Una población rural, encanallada por la Iglesia y completamente huera. Por lo demás, el hombre del campo trabaja y sufre resignado o emigra en condiciones lamentables». Este es un cuadro amargo y realista descrito también en otros poemas como por ejemplo, «El pasado efímero».

Unamuno fue hasta 1914, donde su rectorado terminó bruscamente por no prestarse a maniobras políticas, entonces se limitó a su labor de profesor, de escritor y de agitador. La voz del gran don Miguel resuena más que nunca en el alma de Machado, lee sus obras con avidez: «¡Cuantas veces he leído su soberbio libro «Del sentimiento…», y «Niebla», y «El Cristo de Velázquez» lo he comprado 4 veces a fuerza de prestarlo»

Unamuno volvió a la vida activa universitaria en 1921, y fue nombrado vicerrector. No por eso sus ataques bajaron de fuerza, Miguel Moya, director de «El Liberal», le advertía, cuando le solicitaban su colaboración: «Tengo que hacerle a usted un ruego. Que me envíe usted artículos en los que no se refiera ni de lejos a SM el Rey…. publicarse un artículo de usted hablando del señorito del whisky y la ruleta, y Santiago matamoros… y recoger el periódico las autoridades es una cosa simultánea y fulminante, de graves implicaciones económicas».

En 1924 es desterrado por la dictadura de Primo de Rivera. Le desterraron debido a una carta personal en contra del gobierno, andaban buscando una excusa. Se le desterró y luego se le privó de su cátedra por estar ausente. Huye de Fuerteventura a París y luego a Hendaya para vivir mirando su tierra vasca desde el lado francés. En 1927 Machado es elegido para ocupar un sillón en la Academia de la Lengua, con su sencillez habitual no dio importancia: «Un honor al que no aspiré nunca, casi me atreveré a decir que aspiré a no tenerlo».

En 1930 Unamuno entra en España después de 6 años de destierro. La dictadura de Primo de Rivera había caído por fin. Su nombre empieza a asociarse con el dela futura República. Secrean nuevas escuelas e institutos. La admiración de Machado por Unamuno si no crece, porque ya no podía crecer más, se mantiene tan viva como siempre: «Es don Miguel. Es el único político que no usa máscara. En esto estriba su enorme fuerza… Unamuno es un hombre orgulloso de serlo, que habla a otros hombres en un lenguaje esencialmente humano. Se dirá que esto no es política. Yo creo que es la más honda… Porque ¿puede haber política fecunda sin amor al pueblo? ¿Y amor al pueblo sin amor al hombre?»

A Unamuno se le nombra Alcalde honorario del ayuntamiento de Salamanca, ocupa de nuevo el cargo de rector, presidente del Consejo de Instrucción pública, más tarde va a Madrid como Diputado por Salamanca. Pero hombre de oposición siempre y todo antes que profesional de la política, pronto empieza a sentirse a disgusto. En abril de 1933 declara que el régimen no le satisface, dimite del consejo. Su muerte aconteció con la guerra civil el último día de 1936.

El último encuentro entre Unamuno y Machado fue con motivo del nombramiento de Unamuno como Doctor honoris causa por la Universidad de Oxford. Fue en 1936, en Madrid, en las tertulias de los Machado. Cuentan que Unamuno entró diciendo: «Yo vengo a saludar al hombre más descuidado de cuerpo y más limpio de alma de cuantos conozco: don Antonio Machado». Se le hace sitio en el diván entre Manuel y Antonio, cuenta el suceso de Oxford, hablan de los temas que le preocupan y que pueden reducirse a uno solo: España.

Poco después la voz de Antonio se apagaba también, al otro lado de los Pirineos. Cruzó la frontera en los últimos días de enero de 1939, los últimos días de la República, Barcelona había caído. Era un día lluvioso, Antonio estaba enfermo, decía que parecía que los órganos de su cuerpo se habían puesto de acuerdo para dejar de funcionar. Cruzaron la frontera a pie bajo la lluvia helada la noche del 28. Llegó a Couliure y apenas vivió tres semanas, sus últimos versos los encontraron en su bolsillo: «Estos días azules y este sol de la infancia». Se fue, ligero de equipaje, como quería, casi desnudo, en ese barco que nunca ha de tornar.

EPÍLOGO

Según Bergson, todo filósofo auténtico, todo ser humano, no dice a lo largo de su vida sino una sola cosa, y aun en rigor, solo se esfuerza por decirla sin lograrlo totalmente. Unamuno contesta : «Estoy convencido de que no hay más que un solo afán, uno solo y el mismo para los hombres todos…. es la cuestión de saber que habrá de ser mi conciencia, de la tuya, de la del otro…» «Procuro ejercer la decimoquinta obra de misericordia, esto es: despertar al dormido».

Y así decimos con Unamuno y Machado que la filosofía no es una tienda de soluciones y dogmas, sino una herramienta para despertar la conciencia, despertar al dormido. El empeño de Machado y Unamuno, es que los que les leamos, pensemos y meditemos en las cosas fundamentales. Se trata de despertar a la libertad personal, tratar de no ser arrastrados por los tiempos rápidos, las modas, y saber quien queremos ser, que es lo que queremos vivir, y vivirlo hasta que llegue el día del último viaje.

Unamuno y Machado fueron hombres comprometidos con el mundo, pobres y sin embargo insobornables y constructores, edificadores de las conciencias que desde su rincón, con su sola existencia, con su valor, tendieron puentes para que nosotros pasáramos, y por ellos seremos capaces de ser nosotros mismos puentes en la historia para los que han de venir, para despertar al dormido, decía Machado: 

Tras el vivir y el soñar, está lo que más importa: despertar

 

2 comentarios en “Miguel de Unamuno y Antonio Machado (con mucho gusto)

  1. Lantxabe Autor

    A don Miguel de Unamuno de Antonio Machado

    Este donquijotesco
    don Miguel de Unamuno, fuerte vasco,
    lleva el arnés grotesco
    y el irrisorio casco
    del buen manchego. Don Miguel camina,
    jinete de quimérica montura,
    metiendo espuela de oro a su locura,
    sin miedo de la lengua que malsina.

    A un pueblo de arrieros,
    lechuzos y tahúres y logreros
    dicta lecciones de Caballería.
    Y el alma desalmada de su raza,
    que bajo el golpe de su férrea maza
    aún durme, puede que despierte un día.

    Quiere enseñar el ceño de la duda,
    antes de que cabalgue, el caballero;
    cual nuevo Hamlet, a mirar desnuda
    cerca del corazón la hoja de acero.

    Tiene el aliento de una estirpe fuerte
    que soñó más allá de sus hogares,
    y que el oro buscó tras de los mares.
    Él señala la gloria tras la muerte.
    Quiere ser fundador, y dice: Creo;
    Dios y adelante el ánima española…
    Y es tan bueno y mejor que fue Loyola:
    sabe a Jesús y escupe al fariseo.

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  2. Pingback: Unamuno y Machado – Machado, un poeta en Rocafort

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