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  1. La exhortación de Munilla queda en cuarentena hasta Navidad

    La Iglesia vive alejada de la sociedad, si quiere sobrevivir urge que se ponga al día. Invitar a la sociedad a donar la paga de julio a Cáritas en plena operación salida del mes de agosto pasma por el desconocimiento que denota en torno a los flujos de consumo. A estas horas, lo único que queda de la paga de julio es apenas un vago recuerdo o la promesa de apurarla en breve hasta las heces. Puede que el obispo Munilla haya sentado a muchos pobres a su mesa, pero se ve que no frecuenta las de la clase media. En todo caso, antes de que culmine el proceso de universalización del salario-basura, Munilla se apunta a la recogida puerta a puerta.

    En todo caso, la doctrina católica en materia de pobreza es un tanto confusa, lo mismo te recomienda repartir todas tus posesiones entre los menesterosos que te desaconseja obsequiarles con pescado fresco: en su lugar te insta a matricularles en un cursillo del INEM para que aprendan a los secretos de la pesca con mosca. Por supuesto, la propia Iglesia se encargaría personalmente de comprar los aparejos de pesca, que ya se sabe que a los pobres no se les puede dar directamente el dinero, se lo gastan todo en vino. En cuanto a las reiteradas advertencias en torno a las dificultades que un rico encontrará a la hora de entrar en el reino de los cielos, sólo han servido para constatar la caída en picado del prestigio de este balneario celestial ‘all included’ en favor de otras exclusivas urbanizaciones mucho más terrenales.

    Toda limosna debe ir acompañada del inmortal consejo “y no te lo gastes en vicios”, pero puestos a sufragarlos, mejor cubrir los de los más necesitados que los de los representantes de dios en la tierra. Al fin y al cabo, nada nos garantiza que los clérigos no estén invirtiendo en deuda nacional. La crisis financiera es antes que nada una crisis de confianza. En un mundo perfecto, Cáritas sería ya un servicio de distribución de alimentos obsoleto dado que la pobreza ha dejado de ser un lugar remoto de localización imprecisa para encarnarse en un pariente más o menos próximo, lo cual permite ejercer la caridad de forma directa y sin intermediarios.

    La Iglesia es una madre severa que ama a todos sus hijos por igual, aunque puesta en una encrucijada, siempre preferirá estar cerca de los más necesitados, es decir, aquéllos que no caben por el ojo de una aguja a causa de sobrepeso de equipaje. La exhortación de Munilla queda en cuarentena hasta Navidad. Krugman calcula que para entonces cualquier salario corriente habrá caída ya a la condición de paga extraordinaria
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