Crónica de un viaje de ensueños por el sur de Inglaterra

Los expedicionarios al pie de la Abadía de Battle, construida en las cercanías de la batalla de Hastings

Diez días recorriendo la historia de Inglaterra, sus templos más emblemáticos (catedrales, abadías “descapotables” como la de Batlle -batalla, en la foto o la de Glastonbury)… algunas referencias literarias debatidas en nuestras terulias (“Los cuentos de Canterbury” (1387) de Geoffrey Chaucer (aquí empezó todo), Jane Austen en Bath, Henry James en la Lamb House de Rye), edificios civiles decadentes  o exóticos (las fachadas costeras de Eastbourne  en East-Sussex o  el Royal Pavilion  de Brigton)

Dedicar una mirada al sur de Inglaterra es disfrutar con sus bucólicas campiñas, sus dulces ríos habitados de cisnes, patos, truchas, sus cercados llenos de la vida de sus corderos, vacas, otros animales, pero también llenarse los ojos  y todos los sentidos de su arquitectura “Normanda” y de su arquitectura gótica.

Podemos dar fe de que la magnífica ceremonia inaugural de los juegos olímpicos de Londres no se ha fundamentado en nuestro viaje. Cierto es que hemos hecho el mismo recorrido de literatura, cine, historia, teatro, música, que han presidido nuestras actividades esta primavera-verano y que a su vez  han  iluminado los Juegos británicos. Cierto es que ambas experiencias arancan de la verde y dulce campiña inglesa. Coinciden ambas experiencias con la presencia de la lluvia, que a veces caía y a veces no…pero la inspiración de ambas actividades tiene distinto protagonista: la de los juegos británicos es de  Danny Boyle, la nuestra de Lola Arrieta. (Y no nos consta que se hayan intercambiado información).

La ceremonia de inauguración también recordó los avances de la ciencia y la tecnología, fue un homenaje a todas las personas artífices del bienestar, sean de la condición que sean. Recordaron especialmente  a Isambard Kingdom Brunel, el que diseñó el S.S. Great Britain  (primer gran buque de pasaje hecho de hierro que se expone en Bristol) y sobre todo el impresionante puente colgante de Clifton en Bristol, al que dedicamos una especial atención en nuestro periplo por el sur de Inglaterra.

En el viaje, pudimos disfrutar de la teoría aprendida en las conferencias de Pablo Becerra -guía de la expedición de Lantxabe, por cuarto año consecutivo- celebradas en la Casa de Cultura la pasada primavera. Pudimos vivir y vivir intensamente el “Early Style (1170-1240) (Estilo Gótico Primitivo o Temprano) en la catedral de Salisbury y la cabecera de la catedral de Canterbury; el “Decorated Style”  (1240-1330), equivalente a nuestro Gótico Maduro o Manierista, en la Sala Capitular de Salisbury, gran parte de la catedral de Exeter, la cabecera de la catedral de Bristol, la Sala Capitular y la cabecera de la catedral de Wells, y el  “Perpendicular Style” (1330- 1530), nuestro Gótico Flamígero con sus  las atractivas bóvedas de abanico y los arcos Tudor, el cuerpo occidental de naves de la catedral de Canterbury, la fachada y la nave mayor de la catedral de Winchester, y la Capilla de la Vírgen de la abadía de Westminter. 

De las catedrales del sur de Inglaterra que visitamos, nos impresionaron más sus características Chantry Chapel y Lady Chapel, sus hermosas Chapter House o los bellísimos claustros rodeando un intenso verde prado. En algunas catedrales  nos detuvimos en su extraordinaria Sala Capitular o en los labrados coros con significativas figuras.

Recorrimos la campiña inglesa por bellas carreteras secundarias y un delicioso paisaje desde Canterbury hasta Land’s End (el Finisterre inglés), teniendo como punto intermedio a la noble Bath, atravesando los muy ingleses condados de Kent (estuvimos en Canterbury); East Sussex (estuvimos en Rye, Hastings, Abadía de Battle -en la foto de grupo-, Eastbourne); pasamos la mañana en la bulliciosa Brighton; en el condado de Hampshire visitamos Winchester y su  hermosa catedral; Wistshire (estuvimos en Salisbury y visitamos el recinto arqueológico de Stonehenge; recorrimos y descasamos en Bath; Somerset visitamos la Chedar Gorge, Wells y la Abadía de Glastonbury; Davon (disfrutamos de la catedral de Exeter y de la ciudad hermana de  Plymount);  y finalmente llegamos al Land,s End en la península de Cornualles.

Hicimos el viaje en un autobús de 63 plazas (el más grande del mercado), con un chubasquero siempre alerta. Disfrutamos de la campiña inglesa al aire libre, haciendo paradas en cada destino de interés. 

La ruta nos permitió conocer  las piedras antiguas de Stonehenge. Armados de la audioguía, como en las termas de Bath o en el Royal Pavilion de Brigton, uno puede aislarse en la pradera mientras imagina cómo fueron llevadas hasta allí las piedras azules desde las montañas Preseli o el origen y la utilidad del círculo. Este es, sin duda, un lugar de poder. Concentrados en el paraje, eso es lo que sentimos. 

(Stonehenge es el “cromlech” más importante de Europa, de proporciones ciclópeas inserto en un recinto circular excavado, de unos 110 metros de diámetro con cuatro estructuras pétreas concéntricas (2 círculos y 2 herraduras) construido por britanos entre el  III y el II milenio a. C. coincidiendo con el Neolítico y la Edad de Bronce)

Con Mari Jose Noain estudiamos la huella romana  en Bath, presencia de la que pudimos disfrutar con todos nuestros sentidos embelesadoss, como se suele decir, una maravilla. Un lugar que permanece intacto, como el conjunto de la ciudad que  a lo largo de los años,  no se ha visto afectada por la uniformidad que impone el progreso. Bath ha decidido cuidarse como si cada día saliéramos, como en el siglo XVIII , a recorrer sus calles y jardines en coche de tiro con cochero de sombrero de copa y levita. La arquitectura de Bath, de estilo Georgiano, es peculiar, pensada para organizar una ciudad amable para vivir y pasear. El recurso de los crescents -hileras semicirculares de casas individuales de dos pisos con jardines traseros y un enorme y despejado jardín en la fachada principal- es un bello signo de identidad de esta ciudad. Y el Royal Crescent es la magnificencia. Una experiencia para regalarse y… para las compras y el paseo relajado. Jane Austen eligió esta ciudad para residir y es fácil imaginarsela en Bath mientras  leemos sus novelas Sentido y Sensibilidad -lo hicimos en el ciclo ...- pero especialmente Persuasión.

En la última parte del viaje visitamos St. Michael’s Mount réplica británica del santuario normando de Mont-Saint-Michel. Hicimos un circuito anular de unos 50 kms. de longitud, comenzando y terminando en la pequeña localidad de Penzance (Cornwall), pasando por el Cabo de Land’ End, el extremo más occidental de la Península de Cornualles.

Y nos paramos en la ciudad de Plymouth (City of Plymouth hermanada con nuestra Donostia), de su puerto partieron Sir Francis Drake (pirata para españoles y caballero para los ingleses), el capitán James Cook y el científico Charles Darwin y partimos nosotros hacia nuestra Donostia, haciendo escala en Santander.

2 comentarios en “Crónica de un viaje de ensueños por el sur de Inglaterra

  1. me maravilló

    Reconozco que me maravilló el encendido del pebetero y la ceremonia de inauguración de los Juegos de Londres. Me cautivó la puesta en escena, el repaso a música, literatura, televisión del Reino Unido, con pinceladas de humor british. Sigo pensando que la ceremonia de Barcelona 92 marcó un camino y existe un reflejo de los que vimos en Montjuic hace 20 años. Ayer vimos elementos similares a Barcelona, aunque con una tecnología avanzada, lógicamente. Eso sí, quizás un pelín largo el show londinense (la más larga ceremonia de la historia).

    El simbolismo de crear un pebetero con 204 minipebeteros por cada uno de los países participantes, una pieza del puzzle que un niño por delegación iba depositando en el engranaje a ras de suelo en el centro del estadio, fue extraordinario. También el momento, tras el encendido del pebetero aún en el suelo, de la elevación del original pebetero, fue imagen para la historia del olimpismo y de las ceremonias inaugurales.

    Fue un símbolo igualmente que el encendido fuera realizado por siete adolescentes, como guiño a las nuevas generaciones y a la juventud. Sin embargo yo sigo prefiriendo la elección de una estrella del deporte para llevar adelante ese momento mágico. Creo que el remero Steve Redgrave, cinco oros olímpicos y nueve mundiales, era el nombre perfecto. Él realizó ayer el penúltimo relevo de la antorcha hasta dar el fuego a siete jóvenes elegidos por siete grandes deportistas británicos.

    Pero ya de apostar por un encendido colectivo y por una simbología total, quizás me hubiese inclinado por cinco deportistas de los cinco continentes de cinco deportes distintos. Mis cinco candidatos, mejor seis candidatos (posibilitar así igualdad número mujeres y hombres), hubiesen sido Steve Redgrave -remo- por Europa; una mujer también de Gran Bretaña (una regatista por ejemplo); de África lo tengo claro el etíope Haile Gebreselassie -atletismo- que ayer desfiló con la bandera olímpica; de América un jugador de baloncesto (Jordan o Magic, del dream team 92); de Oceanía una nadadora (Shane Gould, quizás, aunque eso se lo dejo a los especialistas de este deporte); y de Asia una judoka.

    Hubiese sido simbólico y original: unión de continentes, razas, igualdad de géneros, modalidades, épocas del deporte…

    De todas formas, nota muy alta para la ceremonia, gran inicio de los Juegos.
    AB

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  2. Como los choros del oro

    Comes algo, te limpias las manos con una servilleta y… ¿dónde la tiras? En cualquier ciudad (o eso pensaba yo) avanzas unos metros y encuentras un contenedor. En las capitales del sur de Inglaterra donde hemos estado no. ¿Os habéis fijado en que no había contenedores de basura?.
    Encontrar uno era prácticamente una misión imposible
    Desconozco si será un aspecto cultural, pero las calles estaban muy limpias. Era muy difícil encontrar basura por el suelo: No se necesitaba el PaP.
    (Apostilla: En el proceso de purificación del oro, hay una fase que consiste en fundir el metal en un crisol. Al terminar esta fase, se procede al vertido del líquido obtenido desde el crisol a la lingotera. Al parecer, no hay nada que produzca una sensación de tanta limpieza y brillantez como ver caer ese chorro de oro fundido desde la vasija al molde).
    Marisa

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