Democracia Real Ya de San Sebastián; sábado 15 de octubre

El Movimiento Democracia Real Ya de San Sebastián ha convocado una manifestación para el sábado 15 de octubre, sumándose así a las movilizaciones convocadas para esta jornada en todo el mundo en defensa de “un cambio global”. 

En la capital guipuzcoana, la manifestación comenzará a las 18.00 horas el Boulevard. Además, se instalarán mesas informativas en el citado punto de la capital guipuzcoana para informar sobre los contenidos de estas movilizaciones y repartir pegatinas y carteles.

En “http://democraciarealyagipuzkoa.blogspot.com/” se informa que

El 15 de octubre personas de todo el mundo tomarán las calles y las plazas. Desde América a Asia, desde África a Europa, la gente se está levantando para reclamar sus derechos y pedir una auténtica democracia. Ahora ha llegado el momento de unirnos todxs en una protesta no violenta a escala global.

Los poderes establecidos actúan en beneficio de unos pocos, desoyendo la voluntad de la gran mayoría, sin importarles los costes humanos o ecológicos que tengamos que pagar. Hay que poner fin a esta intolerable situación.

Unidos en una sola voz, haremos saber a los políticos, y a las élites financieras a las que sirven, que ahora somos nosotros, la gente, quienes decidiremos nuestro futuro. No somos mercancía en manos de políticos y banqueros que no nos representan.

El 15 de octubre nos encontraremos en las calles para poner en marcha el cambio global que queremos. Nos manifestaremos pacíficamente, debatiremos y nos organizaremos hasta lograrlo.

Es hora de que nos unamos. Es hora de que nos escuchen.

¡Tomemos las calles del mundo el 15 de octubre!

 

 

5 comentarios en “Democracia Real Ya de San Sebastián; sábado 15 de octubre

  1. Salvar países y/o salvar bancos

    Se multiplican las reuniones bilaterales o multilaterales de los principales líderes mundiales y los jefes de los organismos internacionales para tratar de dar contenidos concretos a la próxima cumbre del G-20 en Cannes, en noviembre, y que no resulte un nuevo fiasco, como las tres anteriores. El centro de atención de los mandatarios es móvil, conforme cambia la naturaleza del problema principal de cada momento; ahora, tres años después, lo más urgente que hay que resolver ya no es la previsible suspensión de pagos de Grecia, sino la sanidad del sistema financiero privado -consecuencia en parte de la primera- con otra tanda de recapitalizaciones (una forma de decir, en un lenguaje políticamente correcto, de nacionalizaciones y socialización de pérdidas).

    Salvar bancos es un problema instrumental, no finalista. Se trata nada menos que de consolidar los ahorros de sus clientes para que no se genere un pánico bancario como el de la quiebra de Lehman Brothers, y que fluya el crédito para que funcione la economía con normalidad. Pero desde que comenzó la Gran Recesión la principal secuela que ha dejado en el mundo es el aumento del paro, el subempleo y el desaliento de mucha gente que se está quedando atrás en la distribución de la renta, la riqueza y el bienestar. Los movimientos de los indignados, todavía incipientes, indican que se está pasando de una fase de ansiedad y miedo a otra de cólera entre quienes están, a la vez, «superpreparados y superdesempleados», como declaraba uno de los participantes en Ocupa Wall Street. Los mandatarios del G-20 han de estar atentos a su pérdida de legitimidad entre muchos ciudadanos que se sienten frustrados por un sistema político que no les acoge y al que crecientemente califican de fallido, corrupto, indiferente e irresponsable. Obama decía que «la protesta genera frustración». Ello significa hablar de democracia y no solo de economía.

    En la reunión que hace unos días tuvieron los ministros de Trabajo del G-20 se presentó un informe conjunto de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), hoy ambas dirigidas por dos latinoamericanos. En él se hacía un recorrido por el mapa del paro en el mundo y se manifestaban algunas tendencias preocupantes: 200 millones de desempleados, de los cuales 30 se han generado en estos años de crisis; 1.200 millones (el 40% de la fuerza laboral en el mundo) de trabajadores vulnerables por las condiciones en que laboran o por los escasos emolumentos que cobran; incremento del paro de larga duración y expulsión de los que lo padecen del sistema de protección del seguro de desempleo en los países en que existe. Y lo más significativo: el paro de los menores de 24 años dobla el porcentaje general: 80 millones de jóvenes no tienen puesto de trabajo y 150 millones (el 28% del total) trabajan, pero permanecen en la pobreza, dado lo ridículo de sus emolumentos. La OIT y la OCDE daban la alarma sobre una «generación perdida».

    Si los jóvenes no trabajan se descapitalizan las sociedades a las que pertenecen: se pierde la inversión en educación que se ha hecho a lo largo de décadas, los Estados no perciben los aportes necesarios para mantener un sistema de Seguridad Social basado en el esquema de la solidaridad intergeneracional y, a sensu contrario, tienen que aumentar el gasto público en servicios de apoyo a los perjudicados por no trabajar.

    El objetivo político consiste en generar esos 30 millones de puestos de trabajo perdidos en la crisis, más los 170 millones anteriores a la misma, más los imprescindibles para dar un lugar en el sistema de producción y en la sociedad inclusiva a los millones de jóvenes que todos los años se incorporan al mercado de trabajo. Ello, si se quiere evitar una mayor deslegitimación política y que la crisis económica devenga en una crisis social, de imprevisibles consecuencias. La prioridad debe ser incorporar el empleo y su calidad a los objetivos centrales de las cumbres del G-20 y a los estatutos de los bancos centrales. Ello dará la medida de la voluntad política para atajar el problema central de las democracias y evitar esa década perdida que comienza a parecer irremediable.
    JOAQUÍN ESTEFANÍA

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  2. Me enfermo sólo de pensarlo

    No sé ustedes, pero yo me estoy poniendo malo con las noticias que llegan de la sanidad catalana. Se me dispara la hipocondría cuando pienso en hospitales a medio gas, con quirófanos y plantas enteras cerradas, médicos sometidos a presión laboral y con los sueldos recortados, listas de espera disparadas y tijeretazos presupuestarios a discreción. Ya digo, me enfermo sólo de pensarlo.

    Hace unos días los médicos pusieron números a la ofensiva de la Generalitat contra la sanidad pública. Un representante del hospital de Vall d’Hebron, por ejemplo, decía que este año el centro operará a 5.000 personas menos de lo habitual, que no es que hayan sanado de repente, sino que quedan en lista de espera. Lo mismo con los 1.200 pacientes que aguardan pruebas diagnósticas, en un hospital que ha cerrado 120 camas, y no por falta de uso.

    Deberíamos ponernos todos malos con lo que está pasando, no sólo los catalanes. Porque lo que el gobierno de Mas está haciendo es un anticipo de lo que puede pasar en el resto de comunidades tras el 20-N. A diferencia de CiU, que no teme tanto el desgaste electoral (pues saque lo que saque no será muy decisiva en la próxima legislatura, con un PP con mayoría absoluta), en otras comunidades aguardan a que pasen las elecciones antes de meter mano a la sanidad, pero ya verán.

    Porque además, lo de Cataluña puede ser visto por otros gobernantes como un ensayo general. Si hasta ahora creíamos que había líneas rojas que ni la crisis podía traspasar, en Cataluña se pisotean sin miramientos. Sí, con resistencia de trabajadores y ciudadanos, pero no tanta como para dar marcha atrás.

    De paso que se deteriora la sanidad pública, nos machacan el mensaje de que el sistema es insostenible, que no puede financiarse, lo que abre la puerta a que luego nos cuelen el copago, una mayor participación privada y lo que haga falta, una vez todos convencidos de que esto no hay quien lo pague.

    Sí, seguramente la sanidad tiene problemas de financiación. Pero es que la sanidad no es un negocio, no tiene que dar beneficios económicos ni vivir de sus propios recursos, sino dar beneficios sociales, sanitarios, que por supuesto cuestan dinero. ¿No rescatamos corriendo a bancos y grandes empresas cuando no se sostienen solos? Pues ya estamos tardando en rescatar a la sanidad pública. Y aquí lo dejo, que me sube la fiebre.
    Rodriguez

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  3. ¿Bajar salarios públicos o subir impuestos?

    El Gobierno catalán parece ahora empeñado en mantener que el único ajuste posible para las cuentas públicas es bajar los salarios de sus empleados.

    Hay una alternativa más efectiva, equitativa y legítima: subir los tipos marginales del impuesto de la renta para los ingresos medios y especialmente para los ingresos altos. Más efectiva porque si los aumentos fuesen significativos podría suponer ingresos adicionales elevados de forma sustancial y permanente. Más equitativa porque no solo se verían afectados, por ejemplo, maestros o personal sanitario del sector público, sino también médicos del sector privado, futbolistas, ejecutivos o empresarios; la equidad exigiría -esto sí- una decidida lucha contra el fraude fiscal. Más legítima porque en vez de recortar derechos de los trabajadores (como puede ser el número de pagas anuales) usaría lo que es una competencia del Gobierno: decidir los tipos impositivos sobre la renta.

    Se dirá que el aumento fiscal puede deprimir la economía, pero no se dejen engañar por la ideología: bajar salarios normalmente deprime más la demanda que subir los impuestos, especialmente si el aumento afecta más a los más ricos.
    JORDI ROCA JUSMET

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  4. Lo más importante del mundo es nuestro movimiento

    Tuve el honor deque me invitaran a hablar en Ocupad Wall Street el jueves por la noche. Ya que la megafonía está (lamentablemente) prohibida y todo lo que dije tuvieron que repetirlo cientos de personas para que otros lo pudieran oír (es decir “un micrófono humano”), lo que realmente dije en la Plaza de la Libertad tuvo que ser muy breve. Por ello, lo que sigue, es una versión más larga, completa, del discurso.

    Os amo.

    Y no lo dije solo para que cientos de vosotros griten “te amamos” de vuelta, aunque obviamente es una posibilidad adicional del micrófono humano. Decid a los demás lo que quieres que te digan a ti, solo que más fuerte.

    Ayer, uno de los oradores en el mitin de los trabajadores dijo: “Nos encontramos los unos a los otros”. Ese sentimiento captura la belleza de lo que se está creando aquí. Un espacio totalmente abierto (así como una idea tan grande que no se puede contener en ningún espacio) para toda la gente que quiere un mundo mejor para encontrarse los unos con los otros. Estamos tan agradecidos.

    Si hay una cosa que yo sé es que el 1% adora las crisis. Cuando la gente se deja llevar por el pánico, está desesperada y nadie parece saber qué hacer, es el momento ideal para que las corporaciones impongan su lista de deseos de políticas favorables: privatizar la educación y la seguridad social, recortar los servicios públicos, librarse de las últimas restricciones al poder corporativo. En medio de la crisis económica, es lo que está pasando en todo el mundo.

    Y sólo hay una cosa que puede bloquear esta táctica, y por suerte, es algo muy grande: El 99%. Y ese 99% está saliendo a las calles, de Madison a Madrid, para decir “No. No pagaremos vuestra crisis”.

    La consigna comenzó en Italia en 2008. Repercutió en Grecia, Francia e Irlanda y finalmente ha llegado al kilómetro cuadrado en el que comenzó la crisis.

    “¿Por qué están protestando?” preguntan los eruditos perplejos en la televisión. Mientras tanto el resto del mundo pregunta: “¿Qué hizo que tardaran tanto?” “Nos hemos estado preguntando cuándo ibais a mostrar la cara”. Y sobre todo: “Bienvenidos”.

    Mucha gente ha hecho paralelos entre ¡Ocupad Wall Street! y las llamadas protestas contra la globalización que atrajeron la atención del mundo en Seattle en 1999. Fue la última vez que un movimiento descentralizado, global, encabezado por la juventud, apuntó directamente al poder corporativo. Y estoy orgullosa de haber formado parte de lo que llamamos “el movimiento de movimientos”.

    Pero también hay diferencias importantes. Por ejemplo, escogimos cumbres como nuestros objetivos: la Organización Mundial de Comercio, el Fondo Monetario Internacional, el G8. Las cumbres son pasajeras por naturaleza, solo duran una semana. Eso también nos hizo ser pasajeros. Aparecíamos, llegábamos a los titulares del mundo y luego desaparecíamos. Y en el frenesí de hiperpatriotismo y militarismo que vinieron después de los ataques del 11-S, fue fácil hacernos desaparecer completamente, por lo menos en Estados Unidos.

    ¡Ocupad Wall Street!, por otra parte, ha elegido un objetivo fijo. Y no habéis fijado una fecha final a vuestra presencia aquí. Es sabio. Solo si os quedáis podéis echar raíces. Es crucial. Es un hecho de la edad de la información que demasiados movimientos aparecen como hermosas flores pero mueren rápidamente. Es porque no tienen raíces. Y no tienen planes a largo plazo de cómo se van a mantener. Por lo tanto, cuando llegan las tormentas, son arrastrados por la corriente.

    Ser horizontal y profundamente democrático es maravilloso. Pero esos principios son compatibles con la dura tarea de construir estructuras e instituciones suficientemente robustas para resistir las tormentas del futuro. Tengo mucha fe en que esto ocurra.

    Otra cosa que este movimiento hace bien: Os habéis comprometido con la no violencia. Os habéis negado a regalar a los medios las imágenes de ventanas rotas y luchas callejeras que ansían con tanta desesperación. Y esa tremenda disciplina ha significado que, una y otra vez, la historia ha sido la escandalosa y no provocada brutalidad policial. De la que vimos aún más anoche. Mientras tanto, el apoyo a este movimiento crece cada vez más. Más sabiduría.

    Pero la mayor diferencia con hace una década es que en 1999 enfrentábamos al capitalismo en el clímax de un frenético auge económico. El desempleo era bajo, los portafolios de acciones se inflaban. Los medios estaban ebrios de dinero fácil. En aquel entonces todo tenía que ver con puestas en marcha, no con cierres.

    Señalamos que la desregulación detrás del frenesí tenía un precio. Era dañina para los estándares laborales. Era dañina para los estándares medioambientales. Las corporaciones se convertían en más poderosas que los gobiernos y eso es dañino para nuestras democracias. Pero, para ser honesta, durante la buena racha era difícil enfrentarse a un sistema económico basado en la codicia, por lo menos en los países ricos.

    Diez años después, parece que ya no hay países ricos. Solo un montón de gente rica. Gente que se enriqueció saqueando la riqueza pública y agotando los recursos naturales de todo el mundo.
    Naomi Klein

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  5. Hoy sábado 15 de Octubre, los que vayamos a las 18.00h

    Hoy sábado 15 de Octubre, los que vayamos a las 18.00h. al Boulevard donostiarra a sumar nuestras voces a la protesta que va a llevarse a cabo en más de 850 ciudades de todo el mundo, tenemos que ser muy conscientes de que es nuestra dignidad de seres humanos y la lucha por la recuperación de valores como la solidaridad y la honestidad lo que está en juego.

    Pocas personas tendrán en su agenda este “plan” para el día de hoy; máxime cuando en nuestra pequeña ciudad a los que luchamos por un mundo mejor se nos llama “perroflautas”, ingenuos, utópicos y, algunas veces, estúpidos a secas. Pues qué bien.

    Salir en grupo a corear consignas es una actividad, “un plan” que, los mayores de cincuenta, hemos tenido la oportunidad de llevar a cabo en no pocas ocasiones: sobre todo durante los años finales de la dictadura franquista en que no disponíamos de más libertades de las que nos dejaba “el de la calle es mía” y sus secuaces. Te morías de miedo si ibas a una manifestación a favor de la libertad y en contra de la opresión porque “las fuerzas del orden” de aquella época repartían leña con saña y sentido del deber ¿? Pero las marchas de protesta que van a llevarse a cabo esta tarde en decenas de ciudades españolas no infringen ninguna ley ni precisarán de la intervención policial (cruzando los dedos para que en otros países donde la democracia es más teórica todavía que aquí no se ponga alguien nervioso).

    De las reivindicaciones del 15-M pasando por las del 19-J y llegando a las rebajas del 15-O hay una línea de fácil lectura: ¿No querías caldo? Pues toma dos tazas. Es decir, se nos han reído a la cara de todos los españoles los mismos a los que les protestábamos. Tirios y troyanos están consiguiendo, en su lucha por el poder del 20-N, pisotear las legítimas reclamaciones de todo un pueblo de 47 millones de personas.

    Pero, espera, no… De esos 47 millones hay que descontar a los que no protestan porque están bien agustito. ¿Y cuántos serán? Entre los del partido en el poder y los del partido de la oposición -que estarán con cara de poker mirando hacia otro lado- y los ciudadanos tibios, que no son ni fríos ni calientes y que protestan en la sobremesa familiar pero no mueven un dedo por que se escuche su voz que también está indignada, y añadiéndole a esto “la vergüenza” de que te vean por la calle gritando contra nuestros opresores, pues… cuarto y mitad y poco más. Y ojalá me equivoque.

    Lo que se ha conseguido de positivo en estos cinco meses transcurridos desde el primer “quinceeme” es que el movimiento ciudadano se ha globalizado, extendiéndose la protesta de hoy a Japòn, Argentina, Chile, EEUU, Australia, Francia, Italia, Finlandia, Noruega, Bélgica -en Bruselas participarán los españoles que hace más de dos meses partieron de Madrid y que ya se encuentran en la capital belga.

    Va a ser la primera manifestación global contra las injusticias del mundo capitalista que padecemos todos. No es de recibo limitarnos a verlo esta noche en el telediario porque a nosotros también nos afecta. Si nuestros hijos están con el puño levantado pidiendo un mundo mejor donde los valores humanos vuelvan a tener cabida y no se trate al individuo como , en vez de criticarles, vamos con ellos hoy a la calle, que vean que jugamos en su mismo equipo, que no nos reprochen más el desastre de mundo que les hemos legado, el desastre de país en el que les ha tocado vivir. Porque las cadenas no las siente el que no se mueve…

    En fin.

    LaAlquimista

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